La segunda parte de nuestro archivo sobre mis libros, carga el nombre que etiqueta toda la saga: Vivos. El segundo libro. Hoy tampoco te vayas antes de tiempo, todavía hay un mensaje para ti allá abajo.
*Si aún no has leído la historia detrás de Desterrados, puedes hacerlo aquí: “Fragmentos de Serie Vivos: Desterrados”*

¿Alguna vez has sentido que todo en tu vida se salió de control sin previo aviso, y de manera catastrófica? ¿Que amigos se vuelven enemigos acérrimos, y familia algo peor que verdugos? Fue por ahí del 2017 cuando yo me empecé a sentir así, pero cuatro años tomó la explosión en hacer volar las piezas y verlas aterrizar. Ahí, fue donde nació la segunda parte de Serie Vivos.

8 Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. 9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte; 11 cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.
2a de Corintios 1:8-11
Muerte. Eso era lo que veía cernirse sobre mi casa, por diversas circunstancias. Fue el año en el que inició la pandemia, cuando no solamente estábamos aterrados en casa escondiéndonos de un contagio porque éramos muchos y cualquier golpe lo vivíamos juntos por necesidad, sino que todo se empezó a sacudir. Pero el virus nuevo que llegó en ese tiempo a la humanidad no era lo que me había despertado al temor, sino perderlo todo. Todo lo que nos quedaba como familia.
A los 24 años ya estaba bien acostumbrada a no ver a mi papá, y realmente poco me importaba el tema. Cualquier herida relacionada a ello ya estaba, si no sana, al menos sí seca y con costra encima. A los 24 años, ya estaba acomodada en mi visión de las circunstancias y en mi entender de todo; no era feliz, no era sana, no tenía nada de valor con todo y que buscaba a Dios… pero eso era todo. No lo veía, no lo oía con claridad… no lo entendía. Sabía que estaba, que existía, que quería estar con Él si algo así podía llegar a ser posible… pero nada de esto conformaba mi espacio mental, sino una suerte de alma quebrada que se había hecho dura en la superficie con tal de sobrevivir. Dura… áspera. Quería sobrevivir, ya no jugaba con la idea de dejar la tierra, sí, pero… ahora me debatía constantemente entre dejar toda esperanza morir o no… amargarme o no; perderlo todo porque no veía manera de que algo de lo que ahora tenía sobreviviera… o no. Ahí fue cuando empecé a ver la oscuridad cernirse.

Los pormenores… si lees el blog los conoces. He hablado de estos más de lo que he hablado de mi papá biológico. Si no, solamente piensa en alguien tan cercano a ti como un hermano, de pronto decidiendo que le estás arruinando la vida y que tiene que vencerte; quebrarte. Ahora adorna la idea con la visión de esa persona, acudiendo a Dios para lograrlo. Para acabarte, porque eres una basura de persona. Porque eres lo peor. Porque eres malvado, malvada.
Ahora, imagínalos lográndolo.
He ahí la terrible oscuridad. Y mi casa, quebrada once años antes, ahora atrapada en un asedio inquebrantable, al menos para nuestras débiles manos. No podíamos bien ni caminar, llevábamos una década intentando sobrevivir, estábamos exhaustos… y ahora estábamos por ahogarnos. Por supuesto que me contaba odiada por Dios, y por eso estaba tan confundida; porque ese que según me invitaba a creer que estaba cerca de mí y que me guardaba en amor y por quien quería cambiar mi vida (aún si no podía), había ayudado a un sinfín de enemigos que habían sido hermanos a dejarnos en el polvo, y para ellos, cuando lo estuvimos y no se veía escape, simplemente… el amor había ganado. También fue aquí donde los peores síntomas de enfermedad me invadieron, y donde mi mente y corazón tocaron fondo; en donde todo se convirtió en dolor, debilidad, oscuridad, temor a dormir, temor a despertar, frío, dudas, preguntas, confusión, enojo y más… todo al son de:
el huerto no dio fruto,
no tenemos dinero,
perdimos el trabajo todos a una,
llegaron las burlas y los cánticos de victoria de ellos, justo al pie de nuestras ventanas,
ya no hay con qué salir adelante,
no nos queda nada,
¿ahora a dónde nos vamos?
Dios, ¿por qué no los detienes?
¿Por qué no respondes?
¿Por qué no permitiste que las plantitas crecieran? Nos podían haber servido,
¿Por qué no nos escuchas?
¿Por qué no nos quisiste librar?
¿Por qué así?
Voy a terminar en urgencias si sigo así, encima de todo…
Más tarde, las dudas y las divisiones en casa.
Por otro lado, los doctores se rindieron conmigo y yo también.
Decir que fueron más de doce meses que debían haberse llamado pesadilla, sería poco.
Luego, como con el huerto… la economía se hizo infructuosa y nos quedamos congelados en el tiempo. ¿Congelados en el tiempo? Sí, porque no puedes disfrutar de la misma vida despreocupada y relajienta de todo el mundo cuando el agua de la cisterna dejó de llegar para mantenerla llena hace tiempo. Si no hay flujo que la llene… tienes que detenerte. ¿Cómo no iba a estar furiosa y aterrada? Había conocido la escasez toda mi vida, de una manera u otra.

¿Cómo no iba a ser así? Ahora que no quería morir, no parecía tener de otra. Me recuerdo un día escuchando una amenaza dentro de mí, que me invitaba a pensar en las posibilidades de mi diagnóstico real, y recuerdo lo enojada que me sentí, “Genial, ellos son los que hicieron el daño,” comencé, regresándome a mi cama débil y asustada, “y soy yo la que sufre antes y después también. Soy yo la que ahora estará enferma…” y es lo más injusto de la vida… que todos ellos vivan y a mí solamente me quede… ya saben. Morir. Y hablo tanto de esto porque te prometo que lo escuchaba a diario; y tenía tanto miedo… y no podía detenerlo.
No quería estar enferma.
No quería estar enojada.
Pero no entendía nada.
Fue tras terminar Vivos, que sentí que había salido a la superficie de un agua cenagosa y espesa; respiré por primera vez en mi vida, aunque fuera dificultosamente. Pero no fue hasta que se los leí a mi mamá, y las dos lloramos y reímos… que empecé a notar un patrón tan claro como una voz de lo alto que en verdad me estaba llamando… que sabía que estaba muriendo, pero que no le temía a la muerte como yo. Que más bien… quería librarme.
Y en esos meses empecé a despertar a la certeza de que sí, como hijos de Dios nos toca morir en muchas ocasiones, pero en todas ellas está presente el primogénito de entre los muertos. El que estuvo muerto y ahora vive, el que tiene las llaves de la muerte: Jesucristo hombre.
Aquí en el blog he platicado acerca de todo lo que me ha enseñado, cómo al haberme despertado a Él, también me ha llevado a su sabiduría, amor y vida… que son opuestas a los de este mundo. Que ellos nos hubieran logrado dañar, que hubiesen deshecho el estanque que desearon sin importarles el que lo había hecho, y que nos hubiesen negado el descanso, no lo movió de su trono.
Ahí, fue cuando empecé a jugar con la idea de vivir; rotos mis sistemas de supervivencia y quebrado me reino corruptible y áspero. Y de un trago que me supo a muerte, recibí el recopilado de hojas que formaron Vivos.
He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen,
Salmo 33:18-19
Sobre los que esperan en su misericordia,
19 Para librar sus almas de la muerte,
Y para darles vida en tiempo de hambre.
¿Te has sentido así alguna vez? ¿Cómo encontraste luz en medio de tu oscuridad? Te leo en los comentarios.
Si quieres conocer el resto de Serie Vivos, ve aquí y sumérgete en mi mundo.
¡Te espero!
-M. Y. Valencia Parroquin
PD.
A continuación, dejaré publicaciones sobre algunos personajes en Serie Vivos, que sirven para adentrarse en mi universo. ¡No te las pierdas! ->
Para leer la última parte de este hilo, entra a continuación:


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