Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


El joven que vio los árboles, parte 1.

¡Nina! ¡Nina!

¿Ya estás sana?

¡Nina, Nina!

¿Ya sanaste?

Nina… Cristo te ama.

Te ama con toda Su vida.

murmullo del 5 de enero del 2024.

23 Jesús tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los ojos con saliva, puso las manos sobre él y le preguntó si podía ver algo. 24 El ciego comenzó a ver, y dijo:

—Veo a los hombres. Me parecen como árboles que andan.

25 Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con atención y quedó sano. Ya todo lo veía claramente.

Marcos 8:23-25

Este es, hasta aquí, el primer récord de Jesús haciendo un milagro que de alguna manera no es completado a la primera. No tengo otro en mi acervo mental. Éste sábado que pasó me tocó leerlo en la lectura con mi familia, y me enojé. Mucho. No lo entendí.

“¿Por qué no puedo sanar?”

“¿Por qué no sanaste al joven que vio los árboles?” A la primera, porque sé que lo sanaste… pero yo llevo años pidiendo algo que no… algo que a veces pienso que no quieres dar.

“Si Tú eres la vid y nosotros los pámpanos… si nada podemos hacer fuera de ti, si no me muevo hasta que seas Tú… ¿por qué no puedo sanar?”

“¿Por qué siempre sigo haciendo algo mal?”

Siempre es culpa del enfermo, ¿no? Y como hijos tuyos nunca aceptamos los diagnósticos. Pero los diagnósticos no se están yendo… veo tu luz hermosa… ¡pero esos no se van!

Siempre es la poca fe, ¿no?

“Abba, por favor, no quiero estar enferma… pero no te veo.”

No quiero que todo me duela, no quiero que todo me haga daño… no quiero que mi cuerpo se ataque a sí mismo, ¡pero no puedo detenerlo!

No quiero estar cansada, pero creo que me haces una promesa, y yo tengo la fe para la que me ha alcanzado; he orado aun como aquél hombre que pidió que aumentaras su fe, el que te pedía que liberaras a su hijo, ¿recuerdas? Y al siguiente día mi cuerpo decide que no, no.

Jehová dio, y Jehová quitó. Bendito sea el nombre de Jehová para siempre.

Tal vez no puedo huir de esto. Tal vez… abrazando todo lo que es honesto…

“Señor, tengo una enfermedad autoinmune, por favor, ¿me puedes sanar? Has estado a mi lado siempre, de otro modo todo sería peor… pero quiero ser sana; para eso me da la fe, para no darte tregua con esto; por favor, por favor, Yeshua, ¿me sanas? Porque sé que puedes, y no hay nadie más a quien quiera ir ni quien tenga el poder para arreglarme, ni darme vida.” así avanzó la oración que había comenzado unas 24 horas antes, una semana después del 5 de enero. 14 de enero de este año, para ser exactos.

Te amo con todo lo que soy y tengo, Tú lo sabes todo… y te necesito.

Bendito sea Tu nombre para siempre, con y sin dolor.

Amén.

¿Sabías que antes de morir, Cristo sudó gotas de sangre? De lo aterrado que estaba.

También lloró cuando murió uno de sus amigos, y cuando llegó a Jerusalén por última vez, antes de la cruz; porque sufría el que su pueblo no hubiera reconocido el tiempo de su visitación y ahora el tiempo estaba por cambiar. Aún ahí sufrió por los que no lo querían ver y lo que eso significaría en un poco más.

No es broma cuando algunos decimos que a la verdad Él no está lejos de cada uno y que entiende todo por lo que pasamos. Todo. Él sufre con y por nosotros.

¿Sabías que yo soy de esas que crecieron en hogar cristiano? Me tocó pagar el precio por ello delante del mundo… toda mi vida. Hoy lo hago todavía.

¿Sabías que en el mundo cristiano yo fui dejada de lado? Nunca fui lo suficiente. Y luego papá se fue, lo que lo empeoró todo. Y lo hizo tan pronto en mi vida, que yo, habiendo nacido en “cuna cristiana” no conocí lo que era criarse en una congregación. Y lo poco que sí, significó profundo dolor. Conocí mucho del mundo, eso sí. Como el principito con sus visitas, yo tuve las mías… y tal vez conocí más que muchos. Y también significó dolor. Para mí, una fiesta de universitarios nocturna o la congregación de aquel domingo son lo mismo.

Pronto en la carrera Cristo lo vio, y no me dejó asentarme en ni una de las dos.

¿Sabías que no me dejó ir aún así? Al contrario, todo lo que el mundo no pudo llenar Él hoy lo llena gracias a que, todo donde su “pueblo” no me quiso abrazar, Él lo hizo exponencialmente. Me ha enseñado tanto… y en mi casa nos ha llevado por tantos caminos, todos de Su mano… que cada día me conmuevo más. Y qué seriedad me ha arrancado, de un par de años para acá. Tanta que de pronto veo mucho juego en todos lados. Mucho juego que me asusta.

¿Sabías que crecí enferma? Pero como buena cristiana siempre me he llamado sana, a lo “diga el débil fuerte soy.”

Eso no me hizo sanar de todos modos. Pronto en la carrera entiendo hoy que mi cuerpo comenzó a soportar los embates de la oscuridad, y en mi caso esos se tradujeron en enfermedad.

¿Por qué te cuento esto?

Porque sí sé que es difícil creer en Cristo, y más lo es si estamos solitos. Creer en grupo es fácil; salvarse en grupo es imposible, sin embargo.

Y Cristo está tan cercano y te ama tanto… con toda Su vida. Y entonces tengo que anunciarlo como puedo.

Esta semana tuve que aceptar una cosa:

No, no puedo seguir como buena creyente diciendo que no acepto los diagnósticos y que soy fuerte cuando mi cuerpo clama a gritos por ayuda. Si no estoy enferma, no hay nada que sanar… porque no se puede estar en las dos carreteras al mismo tiempo. Esta semana, terminé por entender que todos los síntomas que me aquejan, tienen la misma raíz arriba comentada… y no puedo seguir tratándolos como aislados, porque si trato lo que la enfermedad implica con la misma fe que el Señor me ha dado, me acepto finalmente en la plataforma de mi realidad, aquella de la que Dios me ha prometido sacarme. Porque me ha llamado sana, sí, porque me voy a ver completamente sana un día pero eso empieza por aceptar lo que hoy es, así, y solamente así, es como voy a ver que un día habrá dejado de ser. Todo el fin de semana estuve pidiéndole entonces si no podía quitarlo todo de jalón como hizo en los evangelios… y al siguiente día nos tocó la lectura del joven que vio los árboles. Ahí mi respuesta, supongo.

No sé por qué no sanó a ese joven como al resto. No entiendo por qué a la segunda prueba lo hizo y conmigo han sido años de llanto y terror al mismo tiempo, pero entiendo que algo tiene conmigo y sus procesos… tal vez esa es la misma respuesta. Misma que a veces cansa… que de todos, ese sea el camino que me toca. Luego me llegó un video, una animación preciosa del corazón de piedra en Ezequiel, que el Señor promete cambiar en corazón de carne. Y otro versículo sobre no darle tregua al Señor con lo que estamos pidiendo. Finalmente eso también es humillarse delante de Él, pedirle, pedirle, y volverle a pedir.

Y si vemos árboles caminando en lugar de hombres, volverle a pedir.

De acuerdo, pero entonces así se revisita lo real de todo.

¿Qué es una enfermedad autoinmune?

Entendido muy sencillamente, es el cuerpo atacándose a sí mismo. En mi caso, generando anticuerpos que pelean contra una hormona… contra mí misma de cierta manera. Cuando escuchas eso con conocimientos del Señor… suena terrible. Pero aquí lo que no quería aceptar del diagnóstico… lo que implica… lo que mi espíritu entiende en medio de todo, que llevo ocho meses entendiendo pero intentando ignorar al mismo tiempo, porque no debía aceptar el diagnóstico como buena cristiana:

Que la condición está activa, y ha hecho daño. Que no se ha detenido simplemente por no aceptar el diagnóstico, y que sigo peleando contra mí misma. Eso.

Si me conocieran, sabrían que es la condición perfecta en la que las tinieblas pudieron traducirse. Una que acabara conmigo, porque desde tiempos inmemorables eso mismo quería… porque no veía otra salida. A donde volteara, no encontraba respuesta o remedio para nada. Y criada en medio de muchos que fueron descuidados conmigo y con mi mamá y hermanas… peor. El espíritu de uno toma del de los demás, ¿sabían? Y el alma entiende, y el cuerpo escucha. “¿Sabían que el cuerpo sí que escucha las cosas que le hablamos? Yo he venido a descubrirlo de una manera muy dura… pero cuánto lo agradezco. He intentado dejar de hablar durante años. Lo he intentado como si de alguna manera eso pudiera resarcir mi daño, o arreglarlo. ¿Cómo vuelves a la vida cuando lo único que has aprendido como a la palma de tu mano es acerca de la tristeza que lleva a la muerte?” No creo que lo recuerden, pero esto lo escribí en uno de mis primeros posts. Me refería a esto de lo que hablo hoy. Entiendo perfectamente el orden que ha tomado todo en mi vida, y la condición autoinmune es buen fruto de todo lo acontecido. No porque sea buena en sí, sino que me refiero a que es buen ejemplo tangible de cómo lo espiritual se materializa a lo físico, en el orden de que entre el huevo y la gallina, la gallina fue primero y Adán la nombró, y luego puso huevos. O algo así.

Lo espiritual es primero, y lo físico sigue al pie lo desde ahí dictado.

Bien, partamos de ahí. Eso, fue lo que mi cuerpo escuchó; la muerte y tristeza que mi alma tradujo del espíritu. Lo hablado por las tinieblas, cuyos instrumentos me topaba yo por todos lados. Todo aquello que he escrito acá hasta hoy, empezando por el papá que no se quiso quedar y culminando en yo misma, frente al espejo. Fui muy buena traduciéndoles su oscuridad a las tinieblas, y entonces, mi cuerpo empezó a escuchar. Si no podía morir como es usual, lo siguiente mejor: empezar a atacarse. Una parte queriendo vivir, otra queriendo matarla. Morir.

Recientemente mi mamá me dijo que soy la única persona que conoce que habla de la muerte así. Tal vez, o tal vez la única que lo externa. No lo sé. Lo que sí sé, es que eso fue lo que mi cuerpo escuchó, y entonces buscó hacer su parte para no estar. De lo espiritual yo me quedé unas ligaduras bárbaras, que se tradujeron a lo físico y esta semana entendí que me es mejor aceptarlo, que intentar hacerme más justa de lo que realmente soy. No puedo. Él, Dios, Yeshua, es el que nos santifica y para hacerlo tiene que acabar con la oscuridad que tenemos. Aceptar que la tenemos es nuestro único trabajo, bueno, y el de entregárselo después.

Entonces… genero anticuerpos contra mí misma. El asunto es que no me los generé solamente hablándome… sino pensando, creyendo, maldiciéndome yo también desde lo profundo de mi ser, ese que ya no habla sino que solamente expele y todo esto al son de todos los demás y de mi alrededor, pero solamente porque las tinieblas tienen esa facultad de hacer más ruido y llamar nuestra atención con mayor facilidad.

Aquí es donde entra la obra del Señor, en que siendo esa mi realidad, Él no ha estado lejano. Y entonces, Luz.

No es que no me quiera sanar, lo ha hecho. Poco a poco. Como con el joven que vio los árboles.

Me enseñó que en un punto de mi vida mi cuerpo quiso dejar hasta de comer a son de su excelentísimo plan para desaparecer, comiendo después eso mismo que le haría más daño porque todo dolía adentro y solamente la comida tenía sentido. Luego me sentía peor y así se armaba el círculo vicioso en la parte más externa… la más notoria. Y entonces me hizo dejar de comer, reducirlo todo, y después, me dijo que Él iba a redimir cada bocado y desde hace poco empecé a escuchar un susurro cada que me siento a comer, adjunto a una promesa que siento gravitando de que un día podré comer mucho más:

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores.

Ese, es Él redimiendo cada bocado y seguramente lleva más tiempo hablándomelo, la que apenas empieza a escucharlo soy yo. La Luz hablando.

Supongo que mi respuesta es seguir mirándolo atenta, oyéndolo atenta, todo lo que habla, hasta que eso pese más que lo que las tinieblas hablaron porque luego, empezó a pasar el tiempo y Él me ha llevado a ir soltándolo todo, todo lo que me angustiaba, aterraba, lastimaba, avergonzaba, enojaba, todo. Luz. Luz pura. Y después, me empezó a dejar ver que sí me ha ido sanando, pero en lugar de ver hombres como si fueran árboles que caminan, he ido viendo todas las cadenas que me ataban. Y conforme he ido soltando cada una, he ido sanando más y entonces he ido avanzando a otros puertos; he ahí mi corazón de piedra siendo cambiado por uno de carne, cosa que me dijo muy poco después de que le pregunté por qué no me sanaba en un abrir y cerrar de ojos, mi respuesta. No te sano de un jalón porque te estoy transformando, y eres tan bendita, que quiero que sanes.

“No moriré, sino que viviré y contaré las obras del Señor.”

Bien, eso sí que lo entiendo, entonces puedo seguir caminando… siempre de Su mano. ¿Y qué tal? Tal vez un día vea claramente como ese joven.

Tengo semanas construyendo este post, porque es parte de mi testimonio para ti hoy, no para que veas las grandes maravillas, sino el hecho de que no he estado sola como muchos hoy están, que buscamos en miles de lados sin encontrar la respuesta. Que aunque como seres humanos tenemos una bolsita de pesares que cargar, podemos sufrirlos al lado del Autor de la vida. O sufrirlos solos… porque todo mundo los sufre. El mundo tampoco sana, pero en Él tenemos Vida. En Él estamos seguros, por eso bendigo Su nombre. Y me tiene aquí escribiendo esto porque seguramente quiere que sepas que a ti también te ve, y te busca, y si lo dejas, puede entrar a cambiarlo todo; empezando por ti pero no quedándose ahí, de verdad es el mejor amigo que podríamos tener. De verdad esa tiniebla que te rodea puedes girar y buscarla un día y no encontrarla más.

Más que todas las dádivas de bien a Su diestra, tal vez eso es lo que te quiero transmitir; que es el mejor amigo que podría existir. Pagó con Su vida por la tuya, por ejemplo. A Su lado no te sientes solo, que es como muchos nos sentimos… y cuando peor se pone el proceso seguimos teniendo Su nombre para clamar y Él presta su oído todas las veces. Por eso puedo orar como oro, porque eso lo honra, el simplemente correr a Él por encima de los demás para encontrar respuesta lo honra, ¿cómo no se va a dar a los que lo honran? También es un buen Padre, el mejor que podría existir; en Sus brazos todo recupera el sentido eventualmente… son estables y seguros. Dejando de lado todo lo demás que hace simplemente porque es Él… el simple estar en Su presencia puede cambiar la vida, porque Él sí es.

Muchos lo han buscado por lo que puede hacer, otros para tomarle lo que ven que tiene y otros para sentirse muy justos y como que alcanzan el cielo… yo muchas veces me he encontrado tan en el suelo que temo nunca más levantarme, pero eso se desvanece cuando recuerdo que Él me mira, y me extiende su mano… si no me desconecto, puedo encontrar lo que es ser amada y si dejo a su viento apacible entrar, eventualmente se hará oír y todo será agradable otra vez. Ya me dirá acerca de lo demás a Su tiempo y mientras, yo lo espero.

No hiere buscarlo por quien Él es, porque con Él en tu vida, hay remedio y puedes volver a respirar. Todo es tan pesado, todo tan efímero y vacío cuando realmente nos fijamos… pero Él no. Y puede no haber nada, nada de aquello que creemos deseable, pero es en serio cuando te digo que si Él está, lo tenemos todo.

De verdad, todo lo demás se opaca.

Tal vez tome años el llegar a verlo completamente, pero honrarle como suficiente para no irse, para no soltarlo… es un buen destino. Y cuando miramos atrás podemos constatar que sí lo arregla todo, muy poco a poco tal vez, a ojos humanos, pero solamente Él puede. Y nunca nos deja y siempre podemos clamar porque entiende cómo nos sentimos, si somos honestos podemos ir llegando a esos lugares de libertad y sanidad donde nos espera.

Ese, es el Bien que tengo a mis manos y no puedo callármelo cuando tiene semanas armándolo todo en mi cabeza para que lo diga.

Acércate a Él si quieres probar el verdadero Bien, y Él se acercará a ti. Si estás enfermo, si estás con un corazón roto, si estás abandonado o solo, si lo tienes todo y de todas maneras no encuentras lo que te falta.

Es toda una vida de hoy en adelante lo que te promete, lo que ofrece… si la quieres, con altas y bajas, de sentirlo cerca y después tener que andar solo por fe, de tener que luchar para oírlo, pero donde siempre se hace oír si lo estamos buscando. Una vida a Su lado, de Su mano, nosotros los árboles, y Él la Corriente de Agua Viva que nos enseña a hacer eso, Vivir. Eso se lo dije a un amigo hoy, pero la que entendió mil cosas fui yo, una vez más.

Yeshua, el Dador de Vida, te está buscando y no me ha dejado guardar silencio. Espero alcances a escucharlo, que Él lo hace contigo. Te lo prometo.

Con amor,

-SFTS

Actualización al 21 de agosto del 2024, lee “El joven que vio los árboles, parte 2″ aquí.


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2 responses to “El joven que vio los árboles, parte 1.”

  1. […] de “El joven que vio los árboles, parte 1.”, del 19 de enero del año en […]

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  2. […] para alguien como yo. Las formulaciones de mi negocio de cosméticos, son cosa muy muy alta. Que las noches de enfermedad y pánico se acabaran, es indescriptible. Ya no tomar un solo medicamento y seguir viva, contrario a las palabras de […]

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