Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


El pueblo que estaba en tinieblas, vio gran luz. (1)

“Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,

Camino del mar, al otro lado del Jordán,

Galilea de los gentiles;

El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;

Y a los asentados en región de sombra de muerte,

Luz les resplandeció.”

Mateo 4:15-16

¿Qué es el Bien?

La estancia en la cabaña, ha abierto mis ojos a un sinfín de verdades que pocos llegan a conocer. Muchas de ellas, tienen que ver con ver el Bien en la tierra de los vivientes, el Bien aquí.

Llevar una vida alejada de todo lo normal y aceptable permite abrir los ojos a lo real, cosas como que el hecho de que algo sea normal y aceptable para los seres humanos, no significa que eso mismo sea normal y aceptable para Dios. Uno de los puntos importantes con respecto a esto es que, con otros dioses, uno puede hacer lo que se le pegue la gana, mientras haga sus respectivos sacrificios y doble continuamente sus rodillas a ese dios. Lo usual es tener varios dioses, eso es normal para el ser humano, lo que siempre ha sido. La diferencia entre los hebreos del tiempo antiguo y el resto de los pueblos a su alrededor, era que ellos habían sido escogidos por un Dios, que a diferencia de los demás de esas tierras, se había dado a conocer de manera íntima y personal, y había probado ser el Dios vivo; hablaba cosas imposibles y eran hechas. Normalmente el hombre elige a sus dioses, y les ruega de rodillas y con todo lo que tenga para sacrificar, que hagan lo que necesita, y de apaciguar sus iras nunca son librados. Ni uno de esos rescataba, vino este Único Dios a comprobarle a su pueblo, pero Él sí. Y quería rescatarlos hasta el final. Quiere, si tienen oídos para oír y ojos para ver. Como único Dios, como el Dios vivo que habla y es hecho, que a lo que hace nadie se le puede oponer, se acercó al hombre y no pidió apaciguar su ira (cosa que no podríamos ni intentar cuando viene), ni permanece enojado o burlón de nuestras circunstancias, no las ocasiona Él, sino las tinieblas, sino que mandó a su mensajero del cielo, Él mismo hecho carne:

El Hijo de Dios.

El Hijo de Dios que borra el pecado del mundo.

El hombre que tanto ha buscado llegar a Dios, lo vio venir… y como el resto de su pueblo, no nos damos cuenta a tiempo. De venir a nosotros, dejó trazado el camino a Dios Padre, aquél que no podemos ver, a quien el Hijo revela todos los días; por eso se dice que el que ha visto al Hijo, ha visto al Padre. Es ese camino trazado lo único que tenemos que seguir, y sorprendentemente, es un camino de misericordia, ya no de sacrificio. ¿Cómo? En el hecho de que puedes dar todo lo que tienes a los pobres y sentirte lleno del placer de servir a los que no tienen, ser una gran persona porque haces todo lo que hay que hacer, y que tu sacrificio no valga nada porque no hiciste una sola cosa, que era la necesaria para vivir:

Creer en Cristo para vivir como él y andar en el verdadero camino de vida, porque el ser humano no tiene ni la menor idea de cómo ser bueno, no importa lo que se diga cada noche y cada mañana. Para hacer bien a otros hay que llegar a tener un corazón transformado de la idolatría al yo, por ejemplo, para movernos en el verdadero Amor. Ahí, entendiendo el Amor que es fruto que solamente los de su Espíritu Santo tienen, habría valido de algo el darte a los pobres. ¿Por qué? Porque habría un corazón verdadero detrás, entendido en las cosas que son más altas. Solamente Uno puede aprobarnos o no, lo aceptemos o no y Él sabe si lo que hacemos es bien para otros o lo opuesto.

Partiendo de ahí, duramente y al mismo tiempo de la manera más amorosa que he conocido, me tocó empezar a entender de un año para acá, que mucho de lo que yo consideraba bien, no lo era. Que mucho de lo que veía a otros hacer, yo quedándome con anhelo y a veces hasta necesidad de lo mismo, no podía yo llamarlo bien cabalmente, porque no era hecho por Su mano, la mano del Dador de Vida.

La única manera de saber si estamos viendo al Bien a los ojos, es si de lo acontecido, nosotros seremos llevados a vida y no a muerte. En otro post ya mencioné que eso puede tomar años. Años difíciles en los que uno tiene que persistir en el camino que ha elegido, hasta empezar a entender… o hasta perderlo todo.

¿Recuerdas cuando comenté acerca de mis dudas con respecto a haberle dicho que sí a Dios múltiples veces? ¿Cuando jugaba con la idea de que mejor tenía que haberle dicho no? Eso es porque ese camino trazado al Padre que Cristo dejó, requiere una sola cosa, morir nosotros mismos. Dejar todo, todo lo que somos, creemos ser, deseamos ser y buscamos ser.

Dejarlo todo, para que Él tome la vasija y la vuelva a armar agradable para Él, para que toda la vida que le vierta al final, no se pierda en la nada de una mala vasija como éramos antes. Ese es el Bien, ser transformados de muerte a vida, transportados de tinieblas a luz. Solamente así vamos a poder verdaderamente vivir, vivir días buenos y días horribles, y pasar en medio de ellos inquebrantables, con el Dios Vivo sosteniéndonos de la mano. Y al final del camino, el mejor Bien de todos:

Llegar a ver Su rostro. Llegar a ver al Rey en su hermosura y comprobar una cosa entre mil… qué rostro más hermoso.

Todo lo demás, eventualmente pierde el sentido si de verdad lo amamos… hasta la propia vida.

¿A qué me refiero?

Vamos al pasado, a una historia que me sirve de ejemplo… porque puedo trazar sus consecuencias y esperanzas hasta hoy. Muy al principio de este blog comenté haberme enamorado, y después desenamorado. En palabras ese resumen es sencillo, en la realidad… fue todo lo contrario.

Todo empezó con el joven más interesante que podía haber conocido allá en el año… 2016.

*continuará*

-SFTS


Discover more from Sheltered from the storm

Subscribe to get the latest posts sent to your email.



One response to “El pueblo que estaba en tinieblas, vio gran luz. (1)”

  1. […] Si no, te invito a volver a los capítulos donde hablo de él, que son “10”, o los de “El pueblo que estaba en tinieblas, vio gran luz.” Partes 1, 2 y […]

    Like

Leave a reply to Está… o no está. – Sheltered from the storm Cancel reply