En algún momento todo tiene que integrarse en ti, ¿no?
Lo que fue, lo que es, y lo que será.
Voy a ser honesta, no sé la razón —y tampoco importa— pero el caos que uno puede llegar a ser después de una vida extraña, como la que he vivido, puede resultar muy difícil de deshacer.
Hace poco alguien me dijo que el Señor no es alguien de quien yo me tenga que sostener, como intentando flotar para no soltarme de Él, sino alguien que está presente, bajo el agua o en la superficie. Esto último lo explico así, porque no recuerdo bien las palabras, solamente lo entendido.
Hace poco, arreglándome, me sentí muy feliz porque esa mañana había podido entender algo de mí que abría mis ojos a una manera diferente de sobrellevar ciertas situaciones en casa; el por qué me estaban costando tanto trabajo. La felicidad duró poco, porque a veces es difícil entender luego luego lo que el Espiritu Santo puede querer estar mostrando.
El gozo no ha vuelto igual desde ese día, pero al menos puedo ponerlo en palabras:
Una herramienta, para avanzar.
He visto, en los últimos años, que el Señor me ha llevado por todos los lugares de mi existencia en donde me he quedado atrapada, paralizada, con todo y que mi cuerpo avanzó. Lugares, personas, palabras, recuerdos.
No han sido momentos agradables, muchos. Muchos otros, los he deshilado aquí, hasta entenderlos y soltarlos. Es un hecho que el Señor tiene que integrarnos como hijos suyos, aún para habitar con Él, Él tiene que deshacer todo lo que somos, y y fuimos — no solamente movernos de lugares y hacernos tomar decisiones heroicas por su nombre. Eso es lo que es enseñarnos, no solamente morir por Él. Es en el perseguir una vida donde more lo enseñado por Él, donde partes nuestras pueden morir, y a veces muere todo. Lo ideal, es en realidad que muera todo, para que podamos hacer paz con Él. Para así ser transformados.
No me gusta la aspereza, por ejemplo, pero la he aprendido como la palma de mi mano. Sé utilizarla con dominio, ya no solo con… ¿cómo se decía? competencia.
En los círculos más internos de mi existencia, ha pasado así. Recientemente me dijeron que puedo no siempre empezar los conflictos, pero bien que los acabo. Mucho de lo que he escrito aquí ha sido tal vez hasta movido por esa parte de mí, no lo sé. Intentando entender, intentando no soltarme. Intentando no perderme, es horrible sentirse perdido y solo.
Hay una frase que terminó en uno de mis libros, pero que no fue creada en sus tiempos, sino mucho antes. “Es tan importante la conexión con alguien más… tan importante como un cable conectándote a la vida.”
Una persona sola, sola de esos tipos donde no hay nadie con quien conectar… eventualmente podría llegar a sentirse así. Fue la yo de hace como trece años la que escribió eso un día en su carpeta escolar. Así me sentía. Y muriendo por ende, porque no tenía conexión alguna con nadie. O al menos eso percibía.
Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; 11 fortalecidos con todo poder según la potencia de su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo 12 dando gracias al Padre que nos ha capacitado para compartir la herencia de los santos en luz.
13 Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, 14 en quien tenemos redención: el perdón de los pecados. 15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
Colosenses 1: 9-15
De ahí en adelante, Pablo empieza a escribirles tocante a engaños, comportamientos y riesgos que podrían perseguir a los Colosenses, debido al lugar en el que viven. Como si por medio de sus enseñanzas, Pablo intentara que ellos vieran que, viviendo en Colosas, reuniéndose en Laodicea… ellos ya habitaban en Cristo, si permanecían en la fe, bien cimentados y constantes.
A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con[y] toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo.
Colosenses 1: 28
Ser llenos de conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría y comprensión espiritual, como tengo subrayado el primer párrafo allá arriba, tiene cuatro propósitos directos, una consecuencia o dos, y una razón de ser previa, un por qué.
El haber sido transportados del reino de tinieblas, al reino de luz, “Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado, en quien tenemos redención: el perdón de los pecados.” es el elemento que nos abre la puerta a todo lo demás que Pablo pide en Colosenses.
Porque pasó esto -> ahora vive en esto otro.
Algo así viví yo esa mañana reciente de la que les hablaba. Si les dijera que estaba realmente feliz mientras me alistaba sería poco, porque una parte de mí sentía que había sido devuelta, una relacionada a los círculos más cercanos a mi existencia.
Es una pena formarte en la lucha en contra de la soledad. Supongo que todo mundo le teme a algo, y yo hoy puedo aceptar que ese ha sido mi mayor temor creciendo, y de ahí, el noventa por ciento de mis acciones.
Jajaja, he sido muy tonta, porque mi cerebro ha dicho, en resumen, todas las veces, “Ah, pues si nos van a dejar solos ya nos vamos. Adiós.”
Y nos quedamos solos. Es como un muy burdo sentido de, si me vas a matar me mato yo primero que en este punto me ocasiona algo de gracia. No toda la gente es así, y al menos doy gracias porque el Señor me ha permitido no haber sido de otra manera, teniendo listas y listas de víctimas.
El problema es que la víctima de mis propias acciones siempre he sido yo. Por lo menos la más constante. Sí, las consecuencias han alcanzado a mi familia, por oleajes ya lejanos.
Me arrepiento mucho por esto, pero me había costado tanto, en las últimas semanas tomar un equilibrio hasta que el Señor me recordó un evento que no voy a contar, pero que abrió mis ojos a esto.
Paralelo al evento, me mostró cómo aún con eso… Él sí ha estado. No como aseveración religiosa, ni por decreto de fe — sino constante, y tangiblemente.
Sabes que no estás sola y por eso te ha sido fácil irte de lugares, me dijo recientemente. Y tuvo la razón. Cuando lo revisé en mi propia historia, la de mi lado, mi punto de vista, ha sido cierto. Me iba, y aún si ponía Netflix, o música… o dudaba de todo y todos y los mares de pensamientos me querían sumergir — en algún momento terminaba orando, llamándolo como pudiera. No llamas a alguien que no está, te lo digo yo que marqué tanto a números que jamás respondieron que hoy no he vuelto a levantar la bocina para buscarlos.
Que hoy ya ni pienso en ellos salvo ahorita, para este específico espacio.
Pero el Señor aquí sigue, mi eterna constante.
Puedes perdonar porque es esa, la niña de ese tiempo, la que está reaccionando.
Una semana antes me había dado un pasaje de Salmos que me gusta mucho, que confesaré que cuando me lo recordó hasta lo leí apresurada porque quería llegar a la línea que me gusta, “Mi alma está apegada a ti.”
Y yo ya no estoy en ese tiempo.
Estoy en este, apegada a Él con todo lo que tengo.
Ese día, oré todo lo que pude y confesé otro tanto… buscando honrar al Señor así, como dice Pablo a Colosenses. A causa de su presencia en nuestras vidas es que nuestros ojos pueden ser abiertos a todo aquello que cambiará nuestro comportamiento; porque Él no es un padre malo que te responde haz así porque yo lo digo. Muchas veces sí, no explica y uno tiene que seguir, no en maldad, sino porque si explicara no entenderíamos. Pero otras, las tocantes a los pecados más internos, más difíciles de pelear porque no atañen necesariamente a que los amemos y llamemos, como la iniquidad, el Señor sí los explica. Sí explica, a veces, si nos está costando trabajo salir… para que hagamos eso:
salir fuera de todo ello.
Hacer paz.
No, el pasado no se puede arreglar, pero mucho de lo que sufrimos es porque muchas veces algo dentro de nosotros, algún fragmento que todavía no ha encontrado hogar… quiere arreglarse, pretendiendo ajustar entonces el presente, para así redimir ese pasado.
¿Cuántas veces podemos caminar el mismo punto? Muchísimas.
En el Señor, tenemos esa promesa, que Él estará hasta el fin, pero, contrario a lo que podríamos imaginar, no siempre que caminas un punto de nuevo, estás parado en el mismo lugar espiritual. Y entonces, puedes vencer. O pelear mejor, como en mi caso… bajando las armas.
Haz paz.
Haz paz.
Haz paz.
No con ellos — con Él.
¿No es Él tu refugio?
Haz paz.
Pero en esa integración de todo… algo salió a luz:
No sé bien quien soy ya fuera de todas esas regiones, soltados los yugos, rotas las ligaduras de impiedad.
No sé bien cómo portarme, ni cómo hacer.
Ese, es un punto complicado cuando creces persiguiendo los motivos equivocados, protegiendo las razones ocultas… y creyendo o esperando los desenlaces errados.
Todo lo que el Señor ha hecho polvo… ¿qué viene después?
¿Qué es, y cómo se ve, hacer paz con Él?
Jesucristo es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.
-SFTS
PD.
Puede tener que ver algo con esto:
Hoy el Señor me recordó que le llaman “The Rock of Ages”. La Biblia en realidad lo dice así, que en Jehová el Señor, está la Fortaleza de los Siglos.
Eso me recordó una canción que escuchaba en 2020, en los meses más áridos de la pandemia. Lloraba en mi jardín escuchándola, frente a mis crops de un centímetro, los que ya he contado que pasaron cinco meses midiendo lo mismo. No muriendo — pero sin crecer. Nunca murieron, ¿sabes? Los arranqué, por ahí del sexto mes, y me los comí. Por ahí de ese tiempo dejé de salir a plantar cosas en mi jardín. Los salteé en un sartén con aceite, y afuera, así, jamás regresé.
No me ha hecho falta nada, de ese tiempo a hoy — pero dejé tanto, por tanto coraje, y tanto miedo… pero hoy tuve una inclinación contundente de escuchar esa canción. La había dejado de escuchar porque un día, por ahí de finales del 2020… una vecina con la que compartí parentesco la tocó en su piano y entonces la odié. La canción. Algo tipo, si gente como esa la escucha, no quiero tener nada que ver.
Hoy ella se ha mudado a músicas más de estas eras del mundo… pero yo sigo aquí, intentando entender.
Hice paz con la canción, porque era mía. ¿Y sabes por qué?
Porque la canción dice que el Señor ha sido porción de uno cuando no había suficiente, entre otras cosas. Y mi porción sí es Él. Y sí, no hubo suficiente… mucho tiempo, pero ahí, ahí, mi porción fue también Él —como lo es hoy.
Lo he dicho hasta en las noches: que no sabré cómo ser, mi lugar en esta vida, qué hacer, no tendré a dónde ir, con quién hablar (humano, creación), medios, ni poder terrenal… pero una cosa sé:
Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa, Él sustenta mi suerte.
Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado,
Bendeciré a Jehová que me aconseja y aún por las noches enseña a mi consciencia,
porque está a mi diestra, porque está delante de mí…
yo no seré conmovido.
Caminemos haciendo esa paz, hasta verla… que del futuro nada me apremia.



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