Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Waves

Does pain still linger?

I don’t know…

***

‘Hope is this joyful anticipation of something good coming…’

Hoy mi hermana me contó un sueño en el que vio agua limpia, y olas. No sonaba feo, pero me recordó que hace unos días yo me había levantado frustrada después de unas tres o cuatro ocasiones seguidas de haber empezado a soñar con olas gigantes otra vez.

El agua en esas también es cristalina, azul, bonita.

Pero siempre tengo miedo. En todos tengo miedo.

El cansancio de las olas ha llegado al punto de que, en el ultimo sueño… le dije al Señor que ya me sentía muy vieja para seguir brincando hacia las olas. Lo hacía en aras de asegurarme un futuro, como si saltando a su voluntad yo pudiera sobrevivir. Siempre ha sido una ola que sé, sé, que me va a revolcar, pero si intento huirle sé que me golpearía, entonces me les aventaba, en mis sueños. Lo hice más de una vez.

En el ultimo, le dije al Señor que ya no. Que ya no soportaba más.

No por la ola, sino por el miedo, creo. El miedo que sale al ver el agua retirarse y regresar olas inmensas, dispuestas a cubrirlo todo. El miedo del golpe, supongo, o de la fuerza del caudal que con ellas viene.

Miedo de ahogarse, . Si hay un elemento de la creación que siempre he sido honesta en decir que me aterra es el mar. Los cuerpos de agua en general. No el agua, sino lo que significan: poder. Ímpetu, algo que no puedes controlar y que si lo decide te puede arrastrar. Arrastrar y acabar contigo.

De pronto capto que Dios me parece así, tal vez de ahí el miedo: Él hace lo que quiere y nadie lo detiene. ¿Qué significa eso para un simple mortal? No importa mucho, pero lo que significa para uno que lo busca… ahí habría que considerar. Llevo toda mi vida considerando.

Cuando mi hermana hizo énfasis en la pureza del agua de su sueño, yo recordé que mi mamá siempre nos preguntaba eso antes respecto a los sueños con agua; si estaba limpia o sucia. Todas las olas a las que me he aventado han sido de agua limpia, así como la de los últimos sueños. Cuando era sucia, hasta la atmósfera se apreciaba contaminada, pero eso en estos sueños no. Al notar eso, fue como si me hubieran preguntado ¿por qué temes tanto al agua de esas olas si es más que limpia?

[hora de considerar]

Automáticamente supe que ese cansancio que expresé en el ultimo sueño, se debe a que nunca me aventé por confianza, ni sabiduría, menos por esperanza o amor. Solo porque no tenía de otra. Porque conozco y he visto o sabido de lo que sigue, de las circunstancias de todo… y que no puedo siquiera intentar cambiarlo; el Señor es mi océano al que le temo, y cada intento de sobrevivir sería como intentar esconderse del caudal tras una palma. Y entonces me aviento. Siempre que lo hacía era así; sabía yo que no había de otra. Por eso, entiendo que empecé a lamentar esos sueños. Y eso, fue lo que expresé al Señor en el más reciente.

¿Por qué si es limpia le temes?

No es al agua, es a dejar de respirar cuando me cubra. A perderlo todo, como nunca me lo he podido quedar para estar medianamente confiada en que ya no viene más mal.

[El Señor es limpio]

Y ahí, lo capté. Si esa agua fuera por razón alguna obra del Señor, no tendría que temer ahogarme pero hasta ahora lo he hecho, temerle a la obra que Él quisiera hacer. Me aviento a regañadientes, y me he aventado hasta quedar agotada.

[Llevo días pensando, y días redactando esto]

Si viera las olas otra vez, ¿podría no intentar huir, pero tampoco lamentar que tengo que dejarlas sumergirme?

Una noche muy reciente, escuché al Señor preguntarme como a Ezequiel si creía que los huesos secos podrían vivir. En mi mente vi los mismos que Ezequiel. Los mismos, casi como si los conociera yo también.

A mi manera lo hago.

“Si los huesos pueden vivir, solamente Tú lo sabes, Señor.” Le respondí. Honestamente no recordaba que eso mismo le había respondido Ezequiel hasta que volví a oír ahora la instrucción de leer el pasaje completo.

Sé que lo que temo es al Señor, ¿sabes? Sí, pues sí sé que quita y obra y hace lo que quiere, y eso, siempre lo hace bien; no le falla nada. Y es el más fuerte, casi que la fuerza es fuerza por Él y no al revés. Y con mi casa, con mi vida, lo ha hecho. Por eso temo al agua, porque si es suya, no hay como salvarlo todo y siempre ha sido así, entonces ya no temo lo que fue, sino que lamento lo que será. Y no es que viva en una espiral, o sea repetitiva, honestamente he dudado de la certeza de todo porque cuando Él quita no queda nada, y se espera a que le entreguemos hasta lo que nos queríamos esconder en las manos, tras la espalda.

[Para que no se lleve todo, por si después faltara. Y sufres, sufres, sufres, porque poco le ha importado mas bien quitarlo. ¿No confías en Él?] O solo no lo entiendes todavía. Bueno sí, pero de cualquier manera brinqué a las olas. Y se llevaron todo y he esperado años ver algo nuevo, peleando un poco con el Señor porque simplemente no llega, y no lo hace.

Trayéndome a este punto, el de cansancio al ver las olas.

Pero he firmado mi lealtad a Él hasta en lo imposible solo para verlo, de eso ha tratado mi existencia; mi cada día, sin darme la vuelta, sin volver atrás. Viendo morir hasta lo nuevo que creí que para mí había hecho. Hay una pregunta que me vino muchas veces cuando empecé los nuevos libros que sigo escribiendo para Serie Vivos… y así, en medio del cansancio por las olas… la recordé hoy también:

¿Qué existe después de la tierra de la victoria? Donde no moriste; pero tampoco aprendiste ni viste lo que creías.

Cuando leí el pasaje de Ezequiel no pude hacer nada salvo hablar como el Señor le indica a él ahí, porque supe dentro de mí que algo debe ir muy bien entre nosotros, por todo lo que ha quitado, por todas las olas con las que me ha revolcado, siempre dándome tanto aliento de vida que no morí nunca… puesto que respondí desde lo profundo de mi ser con las mismas palabras que Ezequiel.

Todo el dolor y el miedo, por hacerme como sus hijos. Lo vivido lo viviría una y otra vez.

Ver sus manos moldearme… no lo cambiaría jamás.

Ese día, cuando amaneció, me recordó una vieja instrucción que tengo colgada en mi clóset, “No temas por el futuro, solo ora a mí y pídeme todo lo que quieres para tu vida…”

Al principio, osé recordarle que todo lo que había deseado Él lo había ya quitado, eliminado, que lo que hoy es no lo había deseado, [aunque NO lo cambiaría por nada], y que no sabía entonces qué podría ser lo que deseaba para mi vida hoy en día.

Verlo, y no perderlo.

Y luego, conforme pasó el día le pedí hasta lo más imposible–solamente por no dejar. Por desear, aunque fuera una sola vez en mi vida, mi oración ser oída por loca que fuera… porque creo que Él puede hacerlo todo. Y no solo lo creo, lo sé; Salomon lo dijo, y muchos más también.

Ya no quiero una economía para ver mis circunstancias cambiar, ¿sabes? Porque ese mismo día capté que las cosas no van así y por eso Él me ha detenido, detenido, detenido. Para enseñarme que es cierto que no solo de pan vivirá el hombre sino de toda palabra que salga de la boca de Jehová.

Lo que quiero, solamente Él lo sabe.

Me atreví a orar… como una noche antes me había atrevido a hablar al son del pasaje de los huesos secos en Ezequiel.

Ahora me imagino si una ola viene… ni correr hacia adelante, ni huir hacia atrás; podría quedarme quieta y esperar en Él. ¿Qué tal que me da la mano y ambos sentimos el agua, porque cuando pase por las aguas no me dejará sino que estará conmigo?

¿Qué tal que las aguas se abren y el torrente me rodea sin tocarme como si fuera el mar rojo dividido una vez más?

¿Qué tal que al tocarme la primera gota Él me arrebata a lo alto de una peña y me guarda?

Solamente Él lo sabe, pero yo ya no lo veo todo como lo hacía antes.

May you find a place where the winters are mild,

May you find a place where the summers are cool,

May you find a place where the spring bears enough water for everything to bloom, may your trees bear fruit,

May you find a place where the fall doesn’t dry all of it too soon—all color gone just as you were to bid love goodbye.

Or rather…

Be quick with everything:

Let it all end with the first leave that falls, that the ice cuts through knit, bone and soul,

See the rain arrive late—yes, be hopeless for the blooms—watch the sun scorch and doom.

Just remember:

To not be burning, doesn’t mean you’re cold.

Does pain linger still?

Not anymore.

-SFTS


Discover more from Sheltered from the storm

Subscribe to get the latest posts sent to your email.



Leave a comment