Creo que lo más importante que he aprendido recientemente… es sobre el amor.
“Una vez escuché a mi padre decir algo… que nunca he olvidado.
Que no hay nada que pueda hacerse para forzar el amor; está… o no está.”-Valle Salvaje
En verano vi un programa de unos muchachos que mueren, eran primos. La única sobreviviente los llora bastante y he tenido esa escena en mente los últimos días, muy presente, por alguna razón. Hasta ahora, lo cual me parece extraño pues tiene meses que vi ese final con esa escena desgarradora donde la prima los llora a mares, justo frente al mar. Meses en los que no había reparado en recordar el programa en la más mínimo.
Hoy, mientras aspiraba, medité en el asunto. De broma, consideré, “ella sí amaba a sus primos, por eso los llora tanto,” y automáticamente mi corazón latió de esa manera extraña que todavía tiene capacidad de hacer cuando algo lo sacude. Sé perfectamente cómo se siente mi corazón respecto a todos estos asuntos, lo mismo que con mi papá, a quien lloré toda mi adolescencia y juventud. Por quien lloré, toda mi adolescencia y juventud; aún si él jura que estoy llena de odio solamente a causa de los eventos de hace un año. Aún esos fueron amor.
Pero desgraciadamente, esa cita de allá arriba me abrió mis ojos de manera tajante hace unas semanas. Es innegable que el sentimiento siempre fue unilateral con todas esas personas. ¿Eso puede haber endurecido parte de mi corazón? ¿Esa que se hartó del dolor, que de todas maneras no podía olvidar?
Probablemente.
Todo eso está ya dicho y revisado… pero lo que quería decir hoy… tiene algo que ver.
Hace un tiempo recibí unas preguntas que me han dejado pensando, porque he notado que intentar responder puede probar mucho dentro y revelar otro tanto.
¿Te las hago?
1- ¿Quién es Jesucristo?
2- ¿Lo necesitas?
3- ¿Lo amas?
4- ¿Él te ama?
Es que, nada, sin amarlo, podríamos tener de cercanía con Él… como con cualquier otra persona. Es realmente el amor el que genera esas conexiones irremediables e inquebrantables; ese despertar y decir ¿dónde está mi amigo? como sé que el Señor hacía cada que bajaba a ver a Adán, por ejemplo, en el libro de Génesis; como hizo aún después de que él y Eva pecaron, pues siguió proveyendo para tenerlos lo más cerca posible de ahí en adelante. Y entonces sé, sé, que así es el amor, te hace levantarte para ir a buscar a tu amigo, porque tu alma, tu espíritu y todo en ti lo anhela y quieres estar con ellos. Solo por estar, solo eso y sin eso… todo parece vacío y sin sentido…
Diciembre 3, 2025
Hoy me recordó el Señor que este año lo inicié cantando una canción que va:
“Cristo Jesús, eres mi plenitud. Si te tengo a ti, lo tengo todo; mi amado, mi tesoro…”
Inmediatamente ahí, escuché la pregunta: Me tienes a mí, ¿realmente lo tienes todo?
Verás, esta mañana, terminé por decidir que, entre otras cosas, odio salir. Me costó ponerlo en palabras, pero lo logré. ¿Sabes por qué lo odio? Porque todo hiede a vaciedad afuera y al estar ahí, me aturdo. Todo pierde el sentido, y me empieza a doler el cuerpo.
Honestamente salía para no tener que afrontar el que hasta ahora parece mi destino ineludible; estar sola. Sin casar, sin nadie ‘especial’. Salía todavía para ver si de una manera agradable y poco afrentativa a mi fe, podía al fin conocer a alguien ideal.
Ayer hasta de eso me sentí cansada; de mi propio deseo de ser elegida por una vez en la vida, amada sin reparos de esa manera que todas las mujeres se imaginan. Al final también soy una, y de las más tontas.
Regresé tan harta de la calle y de mis propias ideas creciendo, dormí con bastante dolor, y desperté cansada todavía de la memoria de mis desaciertos y desesperación; siempre lo mismo, siempre por lo mismo.
“Guardaba una esperanza así, porque no quería llegar al mismo punto que con mis negocios; al de saber que, si no haces algo Tú, las cosas del polvo ya no salen.”
Pero creo que este es ese punto, pensé después, segura de ello.
Todo el día ha transcurrido en dudas y preguntas, intentando estar segura, pero lo único que prevalece es lo que oí entre sueños después de esa última conversación:
Pacientemente esperé a Jehová…
“Así intento hacerlo,” le prometí tras haberlo oído, y estando aquí, ahora, me recordó el tal canto.
“Cristo Jesús, eres mi plenitud. Si te tengo a ti, lo tengo todo; mi amado, mi tesoro…”
Me recordó que así lo oré hace casi 12 meses. Y después vi todo lo que podía haber deseado, fruto de una nueva vida donde el pasado no importara… hacerse polvo también, como en el pasado siempre conocí. Polvo, polvo, polvo, porque no logré nada con todo y que me he esforzado como para demostrar que mi deseo es al menos, no ser indolente.
pero…
Polvo, polvo, polvo, todo fue polvo este año. Con esperanza, y me burlo de mí misma porque llamaría a mi paciencia la más alta impaciencia; pero giré a Él cada vez, aceptando todo el polvo como antes hubiera sido una locura para mí.
Es la primera vez en mi vida en la que veo un hilo venido de mis múltiples ocasiones en las que este año le dije al Señor, “No te entiendo.” Me quitó todo, hasta lo que podía haber sido esperanza para el porvenir. Y aquí, ahora Él hizo la pregunta porque sabe que es verdad:
Ya no tienes nada salvo a Mí.
¿Estás plena?
¿De verdad lo tienes todo?
¿Deseas algo fuera de mí?
¿Me amas?
¿Me atesoras?“Aventándome, en mi inoperancia y quietud a los destinos que más temo, que me parecen ineludibles si Tú no los cambias, Señor, no tomo ni pala, ni fuego para soldar, ni teas para darme calor, no me llamo fuerte sin ti, y te respondo que Tú sabes cuánto desee mientras mi mamá oraba, hace escasas dos horas, poder estar aquí, contigo, en la casa que me diste… cuidada por ti. Y qué tanto aborrecí hoy al mundo entero.”
Sí, lo tengo todo. Te tengo a ti.
Tendría que agregar aquí, antes de seguir, unas cosas más que escuché sobre diciembre:
¿Haces porque amas?
¿O haces para que te amen?
¿Pides para redimir del pasado?
Porque ya eres amada, por encima de todos los que dijeron que no, yo te llamé para estar conmigo.
Verás, no hay nada que podamos inventarnos para fingir amar, ni para confirmar que somos amados. De las tres cosas más importantes que Pablo identificó en la caminata con Cristo, la fe, la esperanza y el amor, llamó al amor la más grande. Y es ahí, donde podemos -o ganarlo todo- o perderlo.
¿Por qué? Si bien es cierto que oré que “Cristo Jesús, eres mi plenitud. Si te tengo a ti, lo tengo todo; mi amado, mi tesoro…” al inicio del 2025, un himno de amor y pertenencia más que cualquier otra cosa, también vi al Señor probar mis palabras. Y en el probarlas, nuestras respuestas que solamente Él sabe… pero que puedo mostrarte con pocas señas, como que sigue hablándome, y despertándome en las mañanas… porque seguimos siendo uno. Él sigue buscando a mi alma y alimentando a mi espíritu… y yo sigo tomada de su mano no porque me haya dado regalos o deseos… sino porque su presencia está irremediablemente ligada a la mía, como cuando amas a alguien. No puedo respirar si Él no está… porque despierto en las mañanas y me acuesto en las noches volteando a verlo para compartir, platicar, o preguntar, todavía, cómo vivir, cómo estar con Él, cómo agradarle… temiendo que se vaya un día y aprendiendo que jamás lo hará. Y que aún en mi distracción, cuando se me olvidan las cosas… Él las guarda y me las recuerda cuando llega la hora necesaria y no me reprocha nada, sino que solamente me habla y se queda. Que se queda aún cuando todavía falto a su palabra y sus mandamientos… y me sigue abriendo puertas para ser libre, si confío en Él. Y confío… porque sembró en mí un amor como ningún otro. Porque dije que sí… cuando Él dijo que me quería.
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
Deuteronomio 6:4-5
25 Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.
Lucas 10:25-28
Aquí en mi casa tenemos un dicho que se refiere a esos instantes en los que captamos algo tan sencillo pero que estaba tan oculto, que es como descubrir un día que aguado, viene de agua. Esta semana, como agua de aguado, yo capté el punto de todo. Hay los diez mandamientos, y muchísimos pormenores que se dan en la vida del justo al seguir a Cristo… pero uno solo parece tener la fuerza como para unir todos los demás, como si el cielo y la tierra se unieran en ese:
El amar a Dios.
¿Por qué digo como si el cielo y la tierra se unieran en ese? Porque fue por amor de Dios para nosotros, que Él mismo entregó a su Hijo y así salvarnos, volvernos a Él y Él unió todo, y se enseñorea de todo a causa de su obra. Y a cambio…
29 Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. 30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos.
Marcos 12:29-31
Daría mucho por volver a aquellos días y entender acerca del amor… ahí con los que sé que… aunque no me amaban, yo sí lo hacía. Tal vez haría mucho diferente, ahí, en persona, como hoy solo puedo hacer a través de mis letras; de las palabras de mi Señor que Él pone en mi boca. Siento si hoy les molestan, o se sienten atacados… mi única intención es hablar tan crudamente que un día despierten de la ilusión y salgan del antro en el que se han convertido sus vidas; lleno de ruido y diversión que han hecho al juicio y a la sobriedad huir.
Mejor es reprensión manifiesta
Que amor oculto.
Fieles son las heridas del que ama;
Pero importunos los besos del que aborrece.
El hombre saciado desprecia el panal de miel;
Pero al hambriento todo lo amargo es dulce.Proverbios 27:5-7
Hoy pienso que al vez haber llorado frente al mar habría cambiado algo… no lo sé. Lo que sí sé es que me he esforzado en no mostrar mi corazón a nadie afuera, y ahora que ya no tiene la carcaza dura rodeándolo, no puedo evitar aceptar que los amaba. Que tal vez aún lo hago, y que duele que no hayan querido estar. Ahora, sobre el Señor… entiendo que esa es la única manera de llegar a Él, porque hay otro verso en la Biblia en donde recita que conocerlo a Él y al Padre, que lo envió, o sea a Dios… es la vida eterna.
¿Sabes la única manera de amar a alguien? ¿Te acuerdas del joven de la universidad? Si no, te invito a volver a los capítulos donde hablo de él, que son “10”, o los de “El pueblo que estaba en tinieblas, vio gran luz.” Partes 1, 2 y 3.
Tal vez una sola cosa me felicito de haber aceptado hace diez años, sobre abril o marzo del 2016:
Haberlo visto, y haberme permitido pensar un día, ¿qué será conocerlo? Solamente porque del muchacho enojón y taciturno y hasta grosero, había visto un lado diferente, amable, y risueño, en unos segundos de hacer bromas… y había amado en ese segundo su sonrisa. Sí, al menos hoy puedo aceptarlo. Que tengo un corazón que ama, que elegí esconder y bien lo hizo, porque el corazón es así de engañoso… pero un alma y una mente y fuerzas que también pueden hacerlo… y esas, el Señor ha visto. Aquello que no se puede fingir. Y es por eso que lo he conocido a Él, porque más alta y románticamente que con el joven de la uni… Él me amó, y yo lo amé… aún en mi dolor, y ahí… ahí, pudo Él tomar ocupación de todo mi terreno. Lo amé ese día en el que, ya lejos de mí el joven, hacía meses, le dije que quería conocerlo a Él, a mi Dios, y aprender a amarlo sin pensar en qué podía hacer por mí. Solo por estar.
Solo por estar con Él porque algo de lo poco que le vi me atrajo. Bien me ha dicho Él varias veces que nunca dude de su poder de atracción, nadie lo iguala cuando quiere mostrarse.
¿Podría una mujer vencer su destino roto solamente por confiar en Cristo? Muchas en la historia lo han hecho.
¿Puedes confiar en alguien a quien no conoces? ¿Amar a alguien a quien no conoces?
No sé muchas cosas, pero sí sé que, como ese día vi al joven de la universidad y quise conocerlo… y lo amé tanto como para haberlo pedido en mi vida, tanto como para haber sentido que lo había perdido todo cuando tuve que dejarlo, y tanto como para aún haberlo esperado… años después aún sabiendo que no vendría… un día vi a Cristo y respondí igual. Sé cómo responder cuando amamos, y sé que es algo que no podemos actuar. Amas, deseas conocer, brincas y pierdes el piso para siempre. Sé que si te cuento de Él con todo mi amor podría moverte a interés… y sé que tu vida podría cambiar para siempre y quedar completamente destrozada y reconstruida en Él… si te enamoras de Él para siempre, si cumples el mandamiento más importante; el de amarlo con todo lo que eres. Él nos amó primero… pero depende de nuestro amor de regreso… todo lo que veamos en esta vida, bien o mal.
Amor, no correctitud, no prudencia, no sabiduría, no fe, no esperanza, no números, no economía, no amistades, no éxito, Amor. Si hay amor, vas a poder caminar y caminar en espíritu y en verdad… no actuando o fingiendo cuando en realidad estás vacío. Todo lo que tenga que ver con Él va a serte dureza y mucha carga si no lo amas, sus caminos van a parecerte aburridos y sin sentido si no lo amas, si amas al mundo no vas a poder entenderlo, y vas a preferir cualquier espejismo… aún si cargas su nombre, pero no vas a poder verlo, como resultado, si no lo amas. A Él no podemos engañarlo. Y Él nos deja, si no lo amamos, ¿por qué habría de obligarnos? Podemos hacer toda una vida, fingiendo conocerlo, pero se notará en nuestro amor… si realmente fuimos suyos. Y ahí, sabremos si lo conocimos o no, si más bien quisimos de Él y nos acomodó lo que fuera… porque a Él realmente no lo queríamos. Dureza, religión, responsabilidad, nada de eso es a lo que fuimos llamados, por cierto. Fuimos llamados a vivir por Él, reposar en Él, y habitar con Él. Y eso sí, Él llega en el silencio, la quietud, y la ausencia de todo lo que pertenezca al mundo; perdiendo el mundo entero. Y ganándolo a Él, ahí, ahí, lo amamos; porque Él nos amó tenemos esa puerta abierta.
Si no lo amamos podríamos estar en el yate, o en el banco y huir al ver a quienes sí lo hacen, sin saber siquiera por qué… y sin saber siquiera por qué, aborrecerlos.
Si no lo amamos, podríamos estar ahí sentados en la iglesia y ser peores que muchos sentados en un bar a la misma hora, en el mismo día.
Si no lo amamos, podría Él llamarnos en el bar y nosotros lamentar la idea de seguirlo, porque el bar tiene más diversiones.
Si no lo amamos, lo aborrecemos, o tal vez hasta lo envidiamos y lo que queremos es nombre y fama, o dinero y adoración, cosas que a veces creemos que le pertenecen y querríamos tomarlas de Él, pero no lo amamos, queremos sus cosas, y, ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?
Si no lo amamos podríamos hacer muchas cosas, hasta fingir que lo hacemos para que no nos mande al infierno, pero nuestras vidas no salen del hoyo, son el infierno en vida, y eso expelemos, y no amamos a nadie más, ni a nosotros, ni a nuestros prójimos,
Si no lo amamos podríamos estar predicando en un púlpito, hablando de Dios, presentando un libro de devocionales… pero estar vacíos de su presencia que es cálida y amable, indescriptible, pero que uno sabe definir si está… o no está.
Y si no lo amamos, se nota, porque el amor sí, no se puede obligar. Está, o no está.

¿Lo amas? Porque Él te ama.
Y te ama aún hoy.
-SFTS



Leave a comment