Supongo que ahora todo se trata de ver qué tanto confío yo en ti.
¿Lo suficiente como para seguir siendo fuerte, y honrada,
lo suficiente como para reírme del porvenir?Este año aprendí que Dios no ha dedicado los años de mi vida a responder mis oraciones; un cúmulo de clamores sin sentido con el que he crecido venidos de siempre observar mis circunstancias y nunca querer aceptar los ‘destinos ineludibles’ a los que sé que se dirigen. No, el Señor se ha dedicado a responder a mis intenciones. A hablarme, poner delante de mí vida o muerte, y a moverse tras cada decisión que he tomado.
Yo creo que el ejemplo es claro, lo he contado aquí ya innumerables veces, cómo he tenido que andar valles que sí, han sido de muerte, una y otra vez, y cómo su vara y callado me han, a la verdad, infundido aliento. Cómo por cada oración de lágrimas en la que he temido caer en donde no quería ni deseaba, Él respondió levantando mis pies, afirmando mis rodillas, y regalándome algo nuevo. Siempre algo nuevo que jamás había imaginado, nunca lo que hubiera deseado del pasado, nada que mi corazón pudiese alguna vez haber imaginado, y muchas veces cosas que el mundo no entendería. Por comida, me regaló manjares suyos, por la soledad a la que me suscribí no haciendo como mis compañeros hacían, creciendo, sea cual hubiese sido el círculo en el que me hubiere encontrado, un espacio eterno para morar oculta de los males de este sistema caído que habita en donde estamos. Por cada ‘no’ al mundo y sus maneras, aunque me arrancara el corazón, Él.
Encomienda a Jehová tu camino, confía en Él, y Él hará.
Salmo 37:5Pacientemente esperé a Jehová,
Salmo 40: 1-3
Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso;
Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán,
Y confiarán en Jehová.Cuando leía ese ultimo versículo esta semana, supe que su respuesta con respecto a mi vida siempre ha sido librarme de la angustia y enderezar mis pasos. Los lugares en donde estoy, aunque me asustan, son precio hoy de esas intenciones, de mi diestra que siempre ha elegido la de Él… por toda mi debilidad, de mi mano que siempre ha sabido que prefiere la suya para continuar. Y claro, todo por Él, porque no hay fe ni ojos ni amor que no hayan empezado por su palabra, y yo soy porque Él me hizo.
Esta mañana, recordé en cúmulo todas las cosas que he orado creciendo, y honestamente, muchas me han dado hasta pena. Pena, hasta que el Señor me permitió ver el por qué de mis oraciones tan carentes de sentido:
El miedo de no haberlo visto responder a las primeras.
Y ahí, empecé a sobreedificar año tras año, buscando a ver a qué querría Él al final decir que sí.Simultáneamente yo caminaba en mi diario vivir buscándolo, sin saber que su voz guiaba mis pensamientos y percepciones y maneras de entender y así siempre me llevaba a lo mismo; a desechar el mundo porque no tenía sentido y a sentarme con Él aunque fuera siempre con manos vacías… o al menos a mi entender. Me enojaba que el exterior no cambiara para acomodar mis visiones. Hoy, por primera vez en mi vida entiendo que las ocasiones de todo esto han sido sus visiones, que Él me ponía; las que me permitían ver y luego no querer quedarme donde estaba, donde fuera que estuviera. Y mi intención, mi mano, siempre eligió ir al desierto porque seguí su voz ahí, por supuesto que no lo sabía; a dónde me dirigía, a dónde me estaba llevando, no sabía ni conocía de sus maneras de obrar, ni de sus caminos… ni que solamente en el desierto puede mirar si en nuestros corazones hay otros dioses, o si nos debemos a Él, o si acaso andamos bien confundidos y tan pero tan torpes que tiene que hacernos polvo y volvernos a formar, todo para atarnos a Él. Considera que mi caso ha sido ese último, si lo deseas, aunque si lo supieras, ha sido hasta peor.
14 Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón.
Oseas 2:14
Supongo que ahora todo se trata de ver qué tanto confío yo en ti.
¿Lo suficiente para seguir siendo fuerte, y honrada,
lo suficiente para reírme del porvenir?No solo eso, sino que lo suficiente como para un día haberme visto en mi mente corriendo por una costa, de la que era como una isla desierta, desde adentro de la jungla hasta una balsa, intentando dejar para siempre una suerte de aguas tibias que se sentían indescriptiblemente desagradables.
Y haberme visto la última semana navegando lejos de ahí, hasta que los cielos dejaron de verse de un naranja insatisfactorio y vacío, y se hicieron una noche estrellada…
“La mujer”, SFTS, diciembre del 2025.

¿Creíste que el año se iría sin saber de mí?
Jamás, solo tenía mucho que pensar.
Me he despedido de muchísimas cosas hasta ahora, en esta vida que me tocó y sí, la de los meses recientes también. Si las contáramos, tendríamos un puñito de arena. La arena de mi vida, que seca, se podría volar con el viento hasta no dejar nada.
Lo hizo ya, ¿no? Y con todo, aquí sigo donde el Señor me ha puesto.
Encontrando y encontrando otras cosas que ni buscaba; no tenía ni la menor idea de cómo ni hacia dónde dirigir mi mirada, antes.
Esta semana, aprendí que varias veces el Señor me ha movido en este ámbito terrenal para que observe cosas específicas, y lo ha hecho de manera literal, tomándome aparte y girando mi cabeza, inclinándola, y guiando mi mirada para que reconozca a alguna persona, por ejemplo, que no me ha visto o que no me recuerda, y después mostrarme algo de ella que no dudo que la persona esconde de todo el mundo. Es un regalo suyo que no podría nombrar y que me ha asustado mucho creciendo; el conocer cosas de la gente, que la gente querría esconder. Siempre, aunque pasen años, llego al punto en donde el Señor conecta lo mostrado tiempo atrás con eventos posteriores que involucraron a las tales personas. En el medio de todo, Dios ha cumplido la palabra que hace tantos años me dio, la de mostrarme quién realmente le servía y quién no… y lo que de ello resultaba; bien o mal, paz… o impiedad. Yo, que tanto sufría por ver a todo mundo hacer como quería, lastimando a otros sin considerarlo, pero así mismo llamándose cristianos. Lo serían, pero no conocedores que le creen a Cristo. Y tal vez sus dificultades hoy sean buena tierra para que en verdad encuentren su rostro… al son de que el impío debe dejar su camino y volverse a Él…
… y yo que tanto lloré los hechos, porque sentía que un gran cúmulo de sus malas obras y engañosas lastimaba mi confundido corazón o trababa mi existencia, he tenido que aprender. Aprender y soltar hasta que pude verlo yo misma. Ver a Cristo. Y verlo, verlo hasta en el pasado, como hace poco creo haber visto su rostro por primera vez, en las capas de la realidad, llamémosle, mirándome fijamente y llorando. Cuando lo vi yo estaba en un momento tan feliz, tal vez el más feliz de mi vida porque nada se sentía vacío ni fingido; y dándole las gracias por el tal, lo vi. Supe ahí, como que me llamo Yanina, que me estaba dejando verlo como se había mostrado cada vez que lloraba yo llamándolo, cada vez antes de ese día, llorando como si fuera el fin del mundo ahí conmigo, por mí. Confirmé ahí por qué cada vez salí adelante a un nuevo día:
Porque Él si estaba y sufría a mi lado, pero quedándose Él el dolor y la responsabilidad de salvarme… me dejaba descansar y me hacía despertar a un nuevo día. Despertar yo, que tanto he luchado por no dejar la vida y que mucho lo hice aún si todavía respiraba, que mucho he luchado por no dejar esta vida, así tuviera que dejarlo entrar a sacarme de todo donde estaba y entregarle las llaves de mis pensamientos y latidos.
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
Salmo 90:12
Nada de todo aquello de lo que me he despedido lo contaría hoy como pérdida ni objeto de añoranza, por cierto. Pues en estos días, he empezado, tal cual funcionaría un milagro, a ver a través de la ilusión.
Es cierto que nada, nada de lo que creía, consideraba admirable, o deseaba, era lo que pensaba. Tengo unos días viendo todo de manera… como quebrada. Como si al romper un cristal que solo te mostraba a ti de cierta figura deforme… no apareciera otro mirándote todavía, sino el espacio abierto de un horizonte amplio, lleno de luz del sol y belleza. Y ahí vieras que todo, todo lo que tus ojos habían deseado hasta ese punto… estaba roto por completo. Y así, por roto, ya no lo deseas porque he ahí cosas más altas, diferentes y admirables, delante de ti.
Sí, como un milagro. El de no ver, y de pronto empezar a ver.
Llevo días con esto, tal vez un mes. Al principio, fue solamente ver por primera vez la manera de caminar de una mujer que conocí hace unos meses, que lejos estuvo de ser amiga. Rara como siempre, la quise alejar porque sus maneras, palabras y comportamientos me recordaban a muchos de otras compañeras que conocí en el pasado. Al principio, pasé semanas frustrada y buscando cómo defenderme, una vez más. Luego, lo pasé molesta muchos días porque aborrecía a la tal persona y sus maneras de andar. Cuando entendí que no podía hacerme daño y que no debía yo ver en ella a todas las niñas que en el pasado me habían irritado, por decirlo de alguna manera, intenté entrar en calma. Nada de lo que hiciera o no hiciera podía, en efecto, molestarme si yo no lo dejaba. Aunque eso no era suficiente, pues llevo años hastiada de cierta manera que toman ciertas personas en el trato conmigo, como si fuera más bien una cosa que me persiguiera; un aguijón como aquellos de los que habla Pablo. Tres meses pasaron, cuando antes de terminar el curso en donde la conocí… pude verlo.
Tenía un caminar muy característico y yo nunca lo había notado. Ese día, fue como si me hubieran abierto los ojos. Encorvada, intentando cubrir su cara con ayuda de su cabello, como si no desease que la vieran. Rápida, pero en el gesto de ocultar su rostro, su hombro se iba más abajo que el del otro lado, lo que la hacía ver chueca, y ya no solo encorvada. No me sentí bien al ver eso. Fue como si todo el poder que quería haber amasado para defenderme de ella hubiese sido exagerado en caso de haberlo utilizado, porque le podía haber hecho más daño del que era necesario. No necesitaba defenderme de ella, sino comprender que ella misma era víctima de su propia crueldad. ¿Qué puede realmente acomplejarte si no tú mismo? Y por eso deseaba bajarme hasta la tierra, con sus ideas y actos, porque allá mismo habita ella.
Después de ese día no volví al curso, pero qué aprendizaje me traje conmigo. Que no todo es como yo lo entiendo, si tan solo dejo de estar pensando en cómo sobrevivir. En cómo defenderme.
Después de ese día, han pasado eventos así, aún hoy, y he podido ir viendo qué tanto de lo que me rodeaba, junto con mi casa, se debe mucho a que gente que se sabe ‘abajo’ ha visto en nosotros buen deporte el intentar hacernos ver más abajo que ellos. Sus enojos han empezado cuando no nos ven bajar, y la explicación de esto siempre ha sido el Señor y su mano que nos sostiene firmemente. Pero cuando miras así, es inevitable saber también que no sería adecuado buscar cómo herirlos de regreso, pues es por estar ya rotos que accionan así. ¿Por qué los heriría yo más si lo que por mí se ha hecho es lo opuesto? Y el Señor sabe que ganas no me han faltado, pero ese día me abrió mis ojos.

Pocos días después, me encontré con el ícono de lo que crecí sabiendo que mi parentela admiraba, lo que siempre desearon ser, lo que yo misma creía que había que ser para saber que había triunfado; que si llegaba a serlo, habría ganado su competencia que habían impuesto para siempre siempre. La razón de muchas de mis oraciones de la juventud. Un hombre de negocios. Fue en un estacionamiento aquí en donde vivo, traía una camioneta de la BMW. La camioneta la ubiqué primero porque su conductor me cayó mal, se había subido, arrancado, metido la reversa, y yo que venía llegando, me había enfilado para tomar el cajón de estacionamiento que había elegido dejar. Para mi sorpresa, la reversa jamás se accionó, y el lugar permaneció ocupado. Yo solamente me acomodé para localizar mi auto de reversa en otro cajón. Entrando al banco, un hombre llegó, hablando por su manos libres a todo volumen. Algo gritaba sobre sus negocios con algún cliente, y caminando muy ostentosamente, se situó en la fila. Poco tengo que aclarar que yo tomé mi distancia como suelo hacer cada que veo algo que no me hace sentir paz. Pronto el hombre se despidió y así de pronto recibió otra llamada. “Ya voy, sí, es que estoy atorado en Costco pero no tardo.”
¡Mentira!
No estaba en Costco, sino en el banco. Y rompiendo la distancia atrás de mi mamá que estaba en ventanilla. No había ella ni bien terminado de guardar sus cosas cuando el hombre casi se le encimaba, contando que ni la ejecutiva lo había llamado, siquiera. Él, dueño del mundo.
Luego, salimos mi mamá y yo, y yo, que suelo ver bien el suelo para guardar cuidado al caminar, comencé a hacerme a un lado porque lo vi venir de reojo, y sabía que nos rebasaría. Incómoda otra vez, lo vi pasarnos y subir a la antigua BMW que no se había ido. Desde antes de verlo subir yo ya había yo definido que nunca desearía ser así, pero qué bien lo había deseado. Fue como si el disfraz se le hubiera resbalado a la idea de la grandiosa vida corporativa de alto rango. Cuando lo vi mentirle, sin duda a un cliente por el tono que había utilizado, lo aborrecí. Y cuando subió a su camioneta, supe que ese había sido el sueño de mi papá, abuelo, y de cada uno de mis tíos. Y después de mi mamá y mío… si lo niego te mentiría. Ahí capté que solamente cierto tipo de personas llegan a esos niveles, así, en este sistema. La que están dispuestas a mentir como respirar, por ejemplo. A encimarse para pasar, o hacer a otros a un lado porque solo ellos importan. Odié la imagen, y ahí, ahí, supe rota la ilusión. Eso que yo deseaba ya no lo vi más apetecible. Es como si me hubiesen caído escamas de los ojos y simplemente vi otro lado.
Después, el Señor me llevó en un corto viaje con respecto a la percepción con la que crecí de mí misma. Una rota y dolorosa, que me ha hecho ser tan dura conmigo, que muchos de mis problemas me los podía haber ahorrado. Pero no, yo misma dejé que palabras, gestos y opiniones moldearan esa percepción. Palabras de esa misma gente pequeña que apenas ahora empecé a ver. Mentiras de labios que yo creía que hablaban la verdad, aunque ayer la vi desmentida en un sinfín de fotos. Ya le dije yo a mi mamá este mes que yo contaba, y por eso me hice así, con que la gente cuando hablaba, hablaba la verdad, la realidad. No combinaciones venenosas de palabras pensadas para dañar. Y yo, me dejé engañar.
Me he dejado engañar más de la cuenta.
Pero en estos días, he aquí el milagro que nunca imaginé: salir de esos engaños. No ha sido cómodo, porque no quiero decir que gente que consideraba mi enemiga ahora me da lástima, ¿cómo me puede dar lástima alguien que en su entender y visiones está bien? Pues no, eso no es. Tampoco deseo de ayudarles como si tuviera algo que darles. No soy tan grande. En realidad sigo siendo pequeña, pero al menos puedo ver ahora las grandezas que el Señor ha hecho en mi vida, que hizo desde el principio y sentir que puedo caminar. No, no tengo nada que darles porque lo único que tengo es al Señor y ya sé que a Él no lo quieren, por eso hacen continuamente como hacen. Y lo poco que podía, el Señor lo guardó el día en el que separó nuestros caminos.
Pero sí puedo orar, orar por que puedan ver al Señor. Y tal vez caminar con misericordia, y verdad, atadas a mi cuello.
Y así como me quiero hablar bien a mí, hacerlo con ellos, así, a lo lejos.
Que tu esperanza de vida en diciembre un día deje de ser Santa Clause,
Que lo que te hace sentir que puedes estar frente a mí deje de ser que tienes algo que yo no, que consideras que añoro y te alegra que me falte,
Que tu color de piel deje de ser un tema así como mi propio físico tiene que dejar de serlo conmigo,
Que el hecho de que alguien se enamore de mí no te sea el fin del mundo al nivel de querer llevártelo, porque para noticias tuyas… yo no podré estar con nadie que mi papá no apruebe,
Que verme sonreír o a otra gente que te irrita, deje de traer una nube a tus días,
Que dejes de esperar en el dinero, y en los lujos y grandiosidades de la vida,
Que dejes de sentir que compararte con otros para juzgarte más altamente es tu respuesta, y que si lo logras, de verdad estás triunfando,
Que dejes de estar tan pendiente de otros, y te mires a ti, y si no te gusta lo que ves, que puedas voltear al cielo y mirar a quien te creó,
Y si te gusta lo que ves, que puedas aún así mirar allá para ver si allá te conocen en verdad,
Que apagues el ruido aquí, y enciendas tu conexión allá.
Que encuentres el Amor, la Esperanza, y la Fe, y realmente te vuelvas a Dios… dejando para siempre este mundo atrás, que jamás vuelvas a él, porque aprendas y entiendas que lo realmente importante es Él.
Que se rompa la ilusión que te tiene cautivo, cautiva.
Que la ilusión se rompa,
Que seas libre al fin.

Si ya no hay Ilusión… persiste el Señor aquí.
-SFTS
Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira.
5 Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti.
Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados.
6 Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos;
Holocausto y expiación no has demandado.
7 Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí;
8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.
9 He anunciado justicia en grande congregación; He aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes.
10 No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; He publicado tu fidelidad y tu salvación; No oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea.
11 Jehová, no retengas de mí tus misericordias; Tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.
12 Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.
13 Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme. 14 Sean avergonzados y confundidos a una los que buscan mi vida para destruirla.
Vuelvan atrás y avergüéncense los que mi mal desean;
15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!
16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido.
17 Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí.
Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.Salmo 40:4-17


Leave a comment