Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Cuando…

a causa de lo que sí entiendo, y no puedo cambiar…
llevo semanas perdiendo la batalla de la mente
en medio de lo que no entiendo, me he ido apagando poco a poco,
entre enojo y confusión, hartazgo y tristeza.


Viernes, 27 de junio del 2025.

Cuando morí, sonaba una canción.
Sonando la canción, fui bienvenida a un lugar que no merezco;
bienvenida en ese lugar, me mandaron de regreso.

Dos años y contando me he preguntado sobre los motivos, pensando en que debería haber un gran propósito, pues aún ayer, si hubieras indagado…
que hubiera preferido no volver, tú hubieras descubierto.

Todo es muy duro aquí, y allá todo es amarillo sol, tranquilo… y no hay dolor, o tiempo.

No hubiera importado mucho, ¿sabes? Pues rendir todo lo que te queda aquí, aún hoy, se siente mas o menos como eso, como morir. No sorprende entonces que eso sea lo que el Señor espera de nosotros; menospreciar nuestras vidas hasta la muerte. Supongo que por eso nos cuesta tanto habitar aquí, porque aquí todavía quedan cosas que soltar, y allá, es solamente Él. Nadie más existe, nada más.

El verano oficialmente comenzó, hoy mi mamá coció las primeras manzanas del árbol. Llevo mucho tiempo guardando sospechas en mi corazón, enojada porque no quiero gritarlas cuando ya siento que no tengo voz, cuando mi subconsciente se ha sabido sumergido en el silencio. Pero ya no me queda mucho por lo que esperar o desear, pues lo he entregado todo… no queda motivo alguno por el cual temer de continuar si nadie me escucha porque de cualquier manera los días pasan, y aunque nadie me vea… lo que tengo dentro no se va. ¿Qué me queda entonces salvo escribirlo?

No tengo un enamoramiento bárbaro para componerle poemas,
no tengo gloria alguna que presumir,
me ha evitado todo tipo de éxito mundano,
solo como: arroz, vegetales y proteínas,
pero no me deja, si algo no me deja, es eso… lo que no he dicho.

¿Por qué no lo he dicho? En parte porque no lo entiendo completamente, pero también me da miedo lo que puedan decir, porque para el sistema estará mal. Ah, y porque sigo sintiendo la aridez del tiempo, aún si se acercara lluvia, y entonces me cuesta… creer. Por falta de fe, supongo, porque mi alma está empecinada en que ya todo es una causa perdida solo porque jamás cambió. ¿Alguna vez has conocido a alguien tan bueno que sabes que no lo mereces? Pero no solo eso, ¿has sabido que eres tan terrible que preferirías que esa persona se fuera, porque no puedes seguir siendo horrible, no con él? Porque tu cerebro simplemente no funciona, y tu corazón simplemente no entiende… y luego, ¿Alguna vez te hubieras imaginado, que en mi caso, Él ha decidido no soltarme? Es la primera vez en la que creo entender una cosa, el por qué Cristo no habla, ni culpa, ni venga a tiempo, teniendo toda la justicia, legitimidad y derecho de hacerlo;

porque prefiere el silencio y no soltarnos. Guarda silencio, a fin de no soltarnos. Y no nos suelta. No podría insultarlo jamás, pero en más de una ocasión le he querido gritar que mejor me deje en paz, que me deje y ya, porque no puedo ser como Él espera, con esta mente rota y este corazón ennegrecido de dolor e ira. Todas las veces ha sido porque veo en mi mente un gesto extraño hacia mi persona, como querer aplastarme en un abrazo calmante, o sostener mi cabeza a fin de que no se rompa… y yo estoy tan histérica que le ruego que por favor no siga, porque de tanto en tanto sospecho que en realidad no me estoy arreglando, que en realidad no esté sanando. ¿Para qué lo hago perder el tiempo? He oído como dos veces aquél versículo que dice, ‘cuando el Hijo del hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?‘ Y honestamente no he sabido qué contestar, de lo cansada que estoy.

Pero Él nunca se va, pues Él lo sabe todo, y se negaría a sí mismo si lo hiciera, porque no hay nadie más para mí.

Yo también quiero vencer, ¿sabes? Porque al final del día es a causa de Cristo que no queda nada salvo esto. Y lo amo, de verdad que lo hago, en medio de la dureza de todo porque cuando veo con el lente correcto puedo también decir, “Es dulce para con los que lo buscan, tan dulce,” ¿cómo es posible? Que Cristo sea duro como pocos cuando lo buscamos, ¿pero también el más dulce? Sin embargo lo es. Tal vez es duro para con nuestro pecado y dulce para el hijo hechura suya al que quiere salvar; con el que quiere habitar. Durante la noche le pedí perdón otra vez por mis pecados pasados, por los presentes, que cerrara toda puerta de entrada a todo tipo de contaminación demoniaca, que me limpiara y que me diera un corazón nuevo, a causa del pecado pero también a causa del dolor; porque a veces sospecho que el que tengo se cansa de funcionar a ratos y son esos cuando me tengo que ir a acostar para dormir. Y sé bien que es porque está cansado de estos 30 años y de todo lo que ha visto, finalmente ese es el que lloró conmigo y se endureció por mí todos estos años. Le pedí perdón al Señor también por haber querido vender mis libros, ser influencer, aunque fallido, por haber deseado vindicación delante del mundo a costa de los negocios que creí que podía haber hecho de todo lo que él había posado en mis manos en estos últimos cinco años. Ya no queda nada. Le entregué el asunto del esposo, ¿sabes? Me fui a dormir deseando ya mejor jamás casarme, y no conocer nada de lo que mis enemigos/enemigas han hecho, porque odio cómo son. No quiero parecerme a ellas un gramo, y si para eso tengo que evitar vanidades como esa, pues lo hago y ya. Luego entendí que tampoco es ese el punto, porque no puedo, NO PUEDO, conocer mi futuro. Todo gira en torno a esa simpleza, pero tendría ya que haber entendido que poco importaría mi futuro si ya me hubiera aferrado completamente a mi Señor, al Señor Jesucristo, Jehová de los Ejércitos, el Redentor Eterno y mi Padre de quien he siempre esperado que me lleve a algo más siempre omitiendo que el punto de todo es estar presente en su mano, delante de su trono, viendo su rostro a ratos… ese que es el más hermoso. Al final, le dije que limpiara mi espíritu, y que aferrara mi alma solamente a Él. Y ahora, no queda nada salvo esto que viene; escribirlo aquí es casi como quedarme en silencio, pero esto es bueno. Es bueno porque tal vez así empiece a entenderlo.

Y hasta que venza.

29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. 32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Juan 1:29-34

Martes, 1 de Julio del 2025.

Así, llegamos al fin de una era, y al inicio de otra. Este domingo, mi mamá le dijo a una de mis hermanas que al arreglarse lo hiciera con cuidado porque ya no estábamos de luto. Ese mismo día yo había despertado contándole al Señor que estaba muy emocionada pues familia de muy lejos había pedido venir a vernos y su visita ya estaba a pocas horas de suscitarse. Hubo un tiempo de luto en nuestras vidas, no solo la mía, y después ha habido un tiempo separación y de sanidad- esa que ha tardado pero nunca se ha detenido. Cuando sanas, he aprendido que te sientes como ‘adormilado’ y ahora lo entiendo natural, si el dolor se apaga, pero no hay gozo, si los recuerdos se acallan pero no hay futuro que ver por delante, puedes sentirte muy extraño y esto es parte del proceso… hasta que empiezas a ver al Señor llamándote.

En tiempos como estos, aprendí una cura infalible a la confusión.

¿Leíste los juegos del hambre? En Sinsajo, el tercer libro, Katniss se hace un juego de recitarse a sí misma todo lo que era, y había sido. Era como una suerte de terapia para no perder la cabeza y quedarse en la oscuridad que la tomaba de tanto en tanto después de tantísimo dolor. Aquí en la tierra de los vivientes, concentrarse en uno mismo nunca carga la respuesta, ese es justo el punto donde la sanidad en los métodos del mundo llega a su límite. De ahí, solamente el espíritu puede quedarse dormido, o despertar. Ojo, por esto es que muchas personas empiezan a gravitar hacia la espiritualidad en sus ‘healing journeys’ pero eso no significa que ahí su camino se expanda más allá de lo que la parte humana pudo lograr, no si es la falsa espiritualidad provista por el sistema mismo, con todos los nombres que ha tenido; esa donde uno hace todo por alcanzar a Dios a su manera, o hasta hacerse igual que él. Una donde Dios no es Dios, sino uno a su medida, que acude con encender velas, o quemar inciensos, meditar, que no se enoja y no nos llama a ser santos, que manda a poner la mente en blanco, o aprender disciplinas religiosas como el yoga (que “tanto sana”), manifestar, o leer cartas de tarot, visitar agoreros y adivinos para asegurar el futuro, afirmar decretos humanos, buscar fama, dinero, triunfar con amarres, conjuros, repeticiones vanas, o hacerte miembro en una congregación e ir los domingos pero pasar el resto de la semana en una vida que contradice la caminata con Cristo y de dar dinero creer que ganas un pedacito más de cielo, o mejor si has llegado al punto de ser tú el que lo recibe tras las bambalinas del altar ‘porque mereces tu pago, pues haces lo que el pueblo no puede’; todo en una cultura transaccional que nos tiene atrapados, buscando alcanzar la iluminación total. Ahí, el ‘healing journey’ se convierte en una espiral descendente hasta que Satanás tome de ti aún lo que menos imaginaste, o creíste que debías entregar… pero tú te quedas, creyendo que alcanzarás el trono mismo, o el paraíso… como regalo por todo lo que cumpliste. ¿Y cómo, entonces, podemos en serio sanar? Lo que a Abraham le dio su salvación, fue que cuando Cristo se le presentó, Dios, el Fiel y Verdadero, Abraham le creyó. Su Fe en el único Dios verdadero que habla y es hecho, no en esos a los que el ser humano les termina gritando para que lo salven pero no contestan, porque no oyen, no caminan, y menos hablan. Abraham huyó de ese medio, que era el mundo entero alrededor de él, y así, hoy tenemos esto que yo aprendí hace pocas semanas, el recitar el evangelio cada que algo no cuadre, porque ahí está mi esperanza, mi identidad, y mi liberación entera. No como Katniss, no hablo sobre mí, ni hablo sobre espiritualidades vanas, sino de Él:

No hay salvación para los ángeles que cayeron cuando Satanás cayó del cielo, pero para el hombre, creado en el sexto día, después de que cayó, se habló un plan de salvación desde el principio. Mucha fue la lucha por traerlo a la vida porque el diablo ha luchado, pero siempre ha habido un remanente que cuando Él habla, escucha. En Abraham, Dios tomó un pueblo para sí; con su pueblo hizo tabernáculo en el desierto y habitó con ellos cuarenta años hasta entregarles la tierra que les había prometido al son de ‘Israel, no me olvides…’ cuando ese pueblo lo dejó, Él lo llamó incontables veces de regreso. Cuando ese pueblo prefirió cualquier otro dios aún así, y sus sacrificios, ritos, inmoralidades, hechicerías, autosuficiencias, mentiras, idolatrías, violencias, engaños, y bailar en todo templo, honrar a las tinieblas en todo lugar alto, Él guardó silencio, pero no quedó quieto, y su amor no quedó apagado, prometiendo a su pueblo que un día anotaría su ley en sus corazones y que tendrían un templo hermoso, donde Él mismo estaría si acaso ellos llegaban a ver su camino con vergüenza, para alejarse de ese y volver a Él, para que no se separaran más. Todo ahí quedaría apartado para Él, aún la cumbre del monte donde el templo estaría. Así, siguió actuando. Cuatrocientos años después Jesús vino a la tierra a redimir todo lo que su pueblo ya no podía; nació de una virgen, fue llevado a Egipto a escondidas, protegido por el descendiente de los mismos reyes que habían adorado su nombre, como David. Jesús vino en carne y creció delante del Padre en gracia, estatura, y siendo Dios encarnado, anduvo aquí en la tierra. A los treinta años, aproximadamente, empezó su ministerio, anunciando el cumplimiento de lo que Juan el Bautista había hablado, la llegada del Reino de los Cielos. Ciegos recuperaron la vista, los cojos anduvieron, los leprosos fueron sanados, los mudos hablaron, y todo aquél atrapado en prisiones de cautividad fue llamado a salir, a mostrarse, y cada palabra hablada antes de Él tuvo pleno cumplimiento en Él mismo. Cuando su hora llegó, al sonar de los gentiles subiendo a buscarlo, Jesús se entregó a sí mismo como el Cordero que sería Inmolado por nuestros pecados; para volvernos a Dios Padre. ‘Lo que vas a hacer, hazlo ya,’ le dijo a Judas Iscariote, el discípulo que lo entregó, la noche en la que más tarde fue aprehendido por los soldados. Caminó lastimado, con cientos de micro-cortadas en la espalda y golpeado, soportando ahí todo el dolor que cada uno de nosotros tendría que haber vivido en lo individual, al final de nuestras vidas, a causa de nuestro pecado; incredulidad, cobardía, homicidios y abominaciones, inmoralidad sexual, hechicerías, idolatría, mentira y todo lo que estos implican. Nos amó hasta la muerte, pero nosotros solamente le volteamos el rostro. Nos amó levantado de en medio de los muertos, y su promesa de volver la cumplió, pues sus discípulos comieron pan de sus manos. Sí, padeció, pero resucitó al tercer día y así es que se nos predicó por sus discípulos acerca del arrepentimiento y el perdón de pecados, los mismos que anoté arriba; esto para todas las naciones. Al ascender, fue prometido que igualmente lo veríamos en las nubes, ‘viniendo’ como Pablo lo recordó muchas veces, después de haberlo conocido. A seis iglesias habló hasta llegar a la más fuerte, autosuficiente y alejada de Él, perdida en sus obras caídas, tibieza, donde Él mismo por escucharlos llamarse ‘ricos’ y ‘sin necesidad de nada’ los llama desventurados, pobres, miserables, ciegos y desnudos. A cinco de las seis iglesias previas avisa de su venida, pero delante de la última toca la puerta, avisando que está afuera. Para cenar con cada uno Él se presenta ahora, para así hacernos partícipes de su Reino. Uno a uno.

‘Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas.

Y entonces, y entonces… lo empezamos a ver.

Y cuando Él te viene a ver, la vida empieza a cambiar, pero eso no significa que lo que piensas que es lo mejor que podría pasar, suceda. No, Él solamente está apegando tu alma a la Suya, porque después, viene otro tiempo:

El de retribución y pago;
Verlo en las nubes y su galardón con Él,
las cuerdas cayendo en lugares deleitosos,
o sus ropajes teñidos de rojo por pisar el lagar de la ira de Dios,
sus brazos sosteniendo, defendiendo, y nuestros ojos al fin mirándolo,
una habitación con Él,
o todas las plagas que uno nunca hubiera imaginado.

Antes de empezar este tiempo, yo me pregunto y lo hago contigo… ¿Dónde estás hoy? ¿Responderás ahora que Él está llamando?

Señor Jesús, ¿está mi nombre escrito en los cielos? ¿Soy parte de tu Reino? ¿Tienes mi nombre inscrito en tu libro; en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo?

Hace poco escuché del testimonio de otro joven que visitó el cielo en estos tiempos, y vio más cosas que yo, pero habló otras que se me hicieron conocidas. Cuando preguntó acerca de los últimos tiempos, y sobre el rapto, él testifica que el Señor Jesús lo invitó a llamar a que nos preparáramos, cada uno, para nuestro muy específico rapto, que todos tendremos en la vida; uno donde de no estar listos, no iremos con Él. En estos días en los que la conversación del final de los tiempos está más activa que nunca, con un pueblo esperando que Cristo venga a rescatarla del anticristo malo, tomando por señal cosas que no son ya el referente a donde deberíamos mirar, si oyéramos y entendiéramos, y viéramos… a partir de aquí empezaré el recuento de la que será la parte más difícil de todo lo que he escrito; el recuento del Apocalipsis que Cristo me reveló, no un ángel, y no en un éxtasis espiritual magnánimo que contarte, sino en la quietud de mi sillón de lectura en casa, o en mi cama, o en el comedor, o la sala, o la ducha, o el auto… pacientemente, pero como encendiendo la luz a un lugar que llevaba siglos en tinieblas, invitándome a leer, y entender cosas como jamás había visto, en un eco que ha durado años. La paciente enseñanza del que habla, el que nos bautiza en el Espíritu Santo por quien podemos aprender todas las cosas, directamente de Él, y no de mensajeros disfrazados como ángeles de luz, invitando a esperanzas de huida, temores o comodidades del fin del mundo que nunca llega, pero tampoco deja respirar; un futuro lejano para el que una generación debe prepararse, de sufrimiento y pérdida, mientras todas las generaciones previas observamos sin cambiar ni conocer. La idea de los últimos tiempos que nunca transforma, porque dirige hacia un futuro transaccional, también, y no a la vida presente con Cristo, que lo cambia todo; donde vivimos a la luz de su Santa Ciudad y podemos ser partícipes de todo un cúmulo de porciones hermosas, relacionadas a su ya establecido Reino en la tierra; una esperanza eterna sobre la cual vivir, y vivir libres de este mundo y sus trampas.

Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.
2 Corintios 11:14

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. Juan 14:26

Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. 1 Juan 2:27 y quiero añadir el versículo 18 de este mismo pasaje aquí abajo:

“Hijitos, ya es el último tiempo; y como vosotros habéis oído que el anticristo había de venir, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto sabemos que es el último tiempo.” 

El día del Pentecostés, Pedro anunció que había llegado el cumplimiento de los últimos tiempos, utilizando como referencia la profecía de Joel, y esto, solo esto, muchos han olvidado, pero hoy lo traigo a la mesa, como preámbulo:

14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. 15 Porque estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. 16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
17 Y en los postreros días, dice Dios,
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;
Vuestros jóvenes verán visiones,
Y vuestros ancianos soñarán sueños;
18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días
Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré prodigios arriba en el cielo,
Y señales abajo en la tierra,
Sangre y fuego y vapor de humo;
20 El sol se convertirá en tinieblas,
Y la luna en sangre,
Antes que venga el día del Señor,
Grande y manifiesto;
21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
[…]
32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 

Hechos 2:14-21, 32-33

El día en el que los discípulos recibieron la promesa del Espíritu Santo, se inició el cumplimiento de los últimos tiempos, y Pedro utilizó la profecía de Joel para sustentarlo. Pero Juan después, en la citada 1 Juan 2:18, lo vuelve a reiterar; de ahí en adelante, hay todo un mundo que no bien nos han mostrado, pues omitiendo que el fin de los tiempos, la última hora, es desde entonces, las doctrinas y enseñanzas han remitido todo a tiempos lejanos, desde hace más de mil años, cortando la porción de muchos que podríamos decidir, pensar y ver diferente si supiéramos la realidad.

¿Me acompañas a verlo?

-SFTS


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