Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Not starved…

“I do not love the bright sword for its sharpness, nor the arrow for its swiftness, nor the warrior for his glory. I love only that which they defend.”

― J.R.R. Tolkien, The Two Towers

No hoy, no hoy. Pero hubiera cantado en tu evento para festejar la respuesta del Señor, ¿sabes? Ese canto que recuerdo que les gustaba en tu casa:

Diga el débil fuerte soy, diga el pobre rico soy.

No sabía qué era para ustedes esa fuerza, ni que la riqueza que esperaban era la misma que todo el mundo; dinero, fiestas y amistades. Juego y comida… bebida. Libertinaje disfrazado de libertad por gracia. Te vi esperar toda una vida por bien, pero no me imaginaba que te conformarías con esto… no tú. No te gustaba ir a esa casa, ¿recuerdas? y del último evento grande donde estuvimos todos, o uno de esos, te querías regresar a mi casa conmigo y mis hermanas. Tu mamá no te dejó. No te dejó ‘contaminarte’ con nosotras de la apatía y cuadratura que teníamos, a causa de ser hijas de su hermana a la que siempre ha odiado.

Soñé con ella anoche, ¿sabes? Con tu mamá. Me avisó que tenía invitados y yo le pregunté que si estaba segura de todo lo que estaba haciendo. No me quiso mirar a los ojos y francamente yo no quería quedarme mucho… solo, cuando te vi llegar con tus hermanos, tuve que hacerlo:

“Es muerte, lo que te espera si no te arrepientes, ¿lo tienes claro?” le pregunté antes de salir por la puerta de tu sala de TV. Ni uno de ustedes me contestó, y yo solo me volví a mi casa porque al menos ahí hablé. Ahí donde podemos vernos bajo las reglas de nuestro Creador, sea yo su hija y ustedes los que siempre se le quieren ir por perseguir todo lo que no es de Él, todo lo que los ha enemistado con Él y amigado con el mundo.

Tengo que estar lista temprano, para que no duela tanto. Sé que necesitan saber que los veremos, y sepan que lo hacemos. El Señor también lo hace. Nos fuimos tras Él, dejándolos, porque Él fue más importante y nosotros sí lo escuchamos cuando llamó. Herir no es defender y ustedes nunca lo consideraron, ni sus actos, ni el más mínimo, ¿pero qué se puede esperar de alguien a quien no le ha sido dada la potestad de hacer bien y rectamente? Pues esa solamente la da el Señor, si leyeras sus cartas de amor ya lo habrías aprendido. Me imagino que contar con la facultad de herir a otros solo por despecho, delata tu caído corazón. Nosotros aquí hemos visto los suyos, sin haberlo deseado… para correr más prontamente a los brazos del que nos salvó, y nos hizo a nosotros sí, fuertes en Él, ricos en Él, y obra suya completamente. Cómo quisiera que hoy, de todos los días, al menos tú me leyeras. Que de enojo lo mostraras a ellos, que están a tu alcance-

“¿Están seguros?” les volvería a preguntar, aunque sé que no hay grito, llanto, golpe o insistencia que pueda hacerlos cambiar.

Yo he sido la que les ha escrito… pero creo que ya no queda tiempo.

Con el corazón en la mano, remendado por Él, pero que ustedes habían roto… nos vemos del otro lado, si es que un día nos volvemos a ver. No olviden esto, ¿si? Cuando el Señor le mostró el nuevo templo a Ezequiel, le dijo que si alguno recordaba su pecado y se sentía avergonzado, Ezequiel le debía mostrar el diseño del templo, un lugar donde desde la construcción hasta toda la cumbre del monte, hasta la última piedra, todo sería lugar Santísimo. ¿Sabes lo que significa? Que para estar con Él hay que ser no solo santos, sino ultra santificados… que significa apartados. Todo hasta donde estamos; no porque lo hagamos nosotros, en esa falsa santidad, sino porque Él nos pide cosas que nos van apartando para Él, y todas esas duelen; así me lo recordó mi mamá hoy. Yo todavía hablo todo el tiempo del Señor con ella, ¿sabes? Sigue siendo la misma en Él, solo que un tanto más entrenada y entendida. En fin, esas cosas duelen, pero nos pegan a su corazón. Apegan nuestras almas a Él, el único lugar seguro aquí en la tierra.

Espero que un día te llame, y si lo hace, entonces yo lo veré… que al fin encontraste el Bien que aún hoy no haces. Y en cuanto a mí, y a mi casa, como hemos estado lejos, nos vamos mas lejos aún en pos de Él.

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.”

Eclesiastés 12:13-14

En noviembre fue como si hubiese empezado un vuelo que creía que me llevaría a un lugar nuevo, que no se veía en mi mente como hoy lo hace. Sí que empecé un viaje, uno nuevo, pero por todo lo que suspendí al ir tras ese e intentar levantar el vuelo, no obtuve nada de lo que suponía que haría.

¿Por qué he hablado desde ahí de que sentía el tiempo cambiar?
¿Habría sido todo como cuando sentí el tiempo cambiar hace un par de años pero en ese entonces tampoco recibí lo que creía y esperaba?

No lo sé. No sé muchísimas cosas.

Pero, sí sé que en ambas ocasiones he sospechado el cambio de temporadas como uno siente el cambio en el viento cuatro veces en el año; de sequía helada a calor, de calor a humedad, de humedad a frío y de frío a sequía. Y en ambas, he llegado de un puerto a otro como creía, solo que si yo iba a Hawaii, llegué a la Antártida. O si iba al Amazonas… tal vez llegué a la tierra prometida. Creo que ya lo hice notar alguna vez, ¿habías visto que el terreno de lo que se conoce como la tierra prometida, es el punto más árido de la tierra?

Sonrío porque así me siento a veces, como el punto más árido de la población mundial. Sonrío, porque por toda la aridez, en ese punto geográfico, como en mi corazón, se ha hablado de que puede fluir leche y miel… o ríos de agua viva. Si llueve tan poco allá, por donde se encuentra el mar muerto, pero de pronto llegan torrentes de agua que parten la escena moribunda en dos… ¿no puede ser igual en mi corazón y en mi vida si acaso ha llovido poco antes?

Ahora, observando… es justamente eso lo que he recibido en ambas ocasiones:

un cambio tan radical dentro de mí, ocasionado por Cristo, que hace imposible volver a ver las cosas como solía hacerlo. La cambiada he sido yo, todo este tiempo. La que temía a las circunstancias y quería vivir por ellas, en caso de que hubiesen mejorado.

Al inicio, un simple trabajo, donde fuera, respetable y honesto hubiera sido suficiente… todo porque siempre supe que romance no podía pedir, sería demasiado atreverme a algo así. Pues al menos algo para vivir sola y cómoda.
Cuando mis manos fueron movidas para crear más, tal vez me hice codiciosa, pues después realmente quería ser un bestseller y sentirme vindicada.
Quería un imperio de negocio para saberme respetada.
Después, apaciguada, poca cosa me era la maestría, pero al menos podía haberla utilizado para trabajar en algo más que lo actual; algo que produjera más.

Y todas las veces, creía que por haber llegado al punto previo, era esa la respuesta que naturalmente me habría de haber esperado del otro lado de la puerta.

Hace quince días, o veinte, supe que Amazon no está mandando mis libros a México- y no sabes cómo lloré. Me dormí llorando, sintiendo que en parte el sueño ya debía haber acabado como resultado. Ese, como todos los demás… También desperté llorando. Soporté salirme de la escuela porque vi al Señor rescatarme antes de que se hiciera insoportable, ¿pero esto?

I feel thin, sort of stretched, like butter scraped over too much bread...

Lo sobreviví, llorando, y así lo he pasado, porque al preguntarle a Dios en qué sí estaba Él obrando entonces, para dejar de esperar cosas vanas que sinceramente han erosionado mi corazón hasta dejarme agotada, el Señor me recordó un pasaje que me había dado antes aún de que hubiera yo publicado los libros… si no mal recuerdo. Uno en Isaías 59, donde me saltó lo siguiente:

14 Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo venir. Y la verdad fue detenida, y el que se apartó del mal fue puesto en prisión; y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho. Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia. Pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como de manto, como para vindicación, como para retribuir con ira a sus enemigos, y dar el pago a sus adversarios; el pago dará a los de la costa. Y temerán desde el occidente el nombre de Jehová, y desde el nacimiento del sol su gloria; porque vendrá el enemigo como río, mas el Espíritu de Jehová levantará bandera contra él. 

¿Tiempo de retribución y pago?

Y ahora me pregunto si no es ese, a la verdad, el cambio que siento. Tal vez se acerca el momento de salir de donde estamos a la manera de Lot y su familia, no lo sé. Si no en lo físico, en lo espiritual, y por eso me permitió conocer una huida aún como la reciente de la uni. No lo sé, pero algo en mi corazón late extraño al pensar así, como si este fuera de pronto un simple marcador que brinca cada que doy con las respuestas que mi espíritu ya conoce.

Buscad a Dios mientras puede ser hallado...

…pero en cuanto a esas preguntas y respuestas,
mucho me ha costado entender.

I don’t dream, I remember.
I remember laughter,
I remember games and playing,
I remember safety -in a way-
Where there awaited pain, there always was a place of love… the closest to it I fathomed.
This isn’t about them.
This isn’t about anyone but myself.
Here, a part of me no one knew I’d hid,
even I had forgotten about it:
Tenderness. I’ve said it once or twice, ‘I’m not tender’ but just today I remembered.
Some time ago, before the day’s end, when night came… I used to be tender and carefree-
not in a senseless way, and I wouldn’t have called it sweet, but a warmth in my chest spoke of a tenderness I never again got to see, when night came forth to meet me.
You won’t be like that with your own, let alone Me,
I heard Him say just as the day again crept in. I’m not sweet to my home nor my Love,
You just went to sleep out of fear, disappointed, in
‘You.’ I completed His sentence.
And I’ve let her sleep ever since.
But in my protective shell I fear I’ve been trying to protect also Him. From myself, from an anger so vast, a disappointment so deep, I believe it could tear me from where He lives.
So fearing the fallout, I don’t ask. I wont ask or expect too much, aim too high, so as not to fall from said heights when He does not answer back. He wont say ‘no’ to the sound of silence all around where things could matter. If I do, I’m quick to believe that tardiness means nothing is His will and so I tell Him ‘I see, and understand’. [with an ever hardened heart]
For Him I’d leave everything but in my hastiness and desire to remain where He is I grieve everything that never got to be and blame Him. And resent Him when I feel I’ve lost everything, starving-
But you don’t really behave as if you’re starving.
I sat up when I heard that one because it made everything I had believed before, angering me towards Him, crumble. ‘Indeed I don’t, do I?’
I leave when He asks, run to safety when fear calls, and leave everything hanging if He’s not to come where my heart would want.
Certainly no one that was starving would leave the table before the appetizers are just being set, nor would they move even if they had a bitter taste.
In some aspects, I’ve run from places that could’ve been sweet as honey indeed, just because I’ve been running towards His judgements like David did. For me, even when I’ve cried out to Him because I’ve believed – yet again- wanton lies, the true honey has been every word coming from Christs lips and every caress of His hands over mine while trying to sleep without crying.
No, I don’t behave like I’m starving.
Could it be then, that this means I truly trust Him, beyond every malicious lie I’ve held onto before?
Yes, I’ve been acquainted with grief, summer has always been blue or gray, as blue as the spring is dry, the fall bitter and the winter hurtful but,
On the other hand,
I’ve been loved as the wind chooses the sky, clothed with flowers that could mistake me for the spring and rained tears that have been treasured; more precious than every summer’s evening ones,
autumn could’ve been our downfall every year before this, but He came and dwelt here,
And by mid-winter I could’ve died of hunger any bleak night but He came as sweet as He has always been, carrying honey, butter, bread, and warmth.
And I’ve stayed.
Yes, the devil tried and almost won, by clouding my sight… but the moment He spoke,
He stated what was true: ‘You’re not starving’ when all the devil said and I quoted was the opposite,
And when He did, it was like I could finally see,
finally breathe,
I see Him here, and I see Him past and future; He was, and is, and always will be.
I don’t think I have to be frozen still,
maybe if I move a hand,
read word by word,
correct line by line until I reach again the finish line,
move by colors and balms,
if I dream His dreams and stop trying to cope without hoping too far,
if I go on with those stories so close to my heart without fear,
maybe if I smile at the thought of finishing it all regardless of what never was, and stop letting disappointment inside,
believe again, or for the first time, fully,
I’ll get to see His presence soak it all, like Moses saw.
Maybe I could even play and sing with my hands, forgetting the past…
And there, in the blink of an eye, long awaited to see the dawn,
tenderness.
My own, grasping His hands with sweet smiles, kisses and dance. Could I ever dance again?
Will You never fail?
I set a table before you, in the presence of your enemies,
and as You take a seat before I eat, I thank You for the food,
but mostly,
for being here day and night,
rain or dry land.
Now I eat, not in pain like I’ve done my whole life,
but as few can:
With the One who’s my whole desire and light, the One I cherish with my whole heart.

-SFTS, middle of june 2025

La vida no cambió por haberme afirmado en la persecución de un título nuevo, y mundanamente más alto, sino en que vi al Señor sacarme de ahí, y al mismo tiempo devolvernos cosas que no contaba con volver a ver. Una seguridad férrea me envolvió con respecto a los libros, en una de las últimas conversaciones con mi Señor, porque si he dicho que son suyos, Él sabe qué hace con su obra, para su voluntad. Ambos temas han descansado, y lo que tengo que olvidar de cada uno, quisiera olvidarlo pronto-

Así, tras un vasto recuento de pérdidas repentinas, una vez más, he continuado hasta estos días. ¿Por qué deseo olvidar? Porque confío en el Señor pero a veces todavía duele mucho. Y si olvido, puedo verlo mejor a Él. No me gusta pasar meses llorando, y todavía la semana pasada me desplomé en mi habitación por primera vez en mi vida, cual Bilbo Bolsón si hubiera sido mujer persiguiendo los inalcanzables de la vida. ¿Cómo oras con los mismos sentimientos de toda la vida, por los mismos tipos de problemas, cuando ya no tienes palabras?

Resultado de no encontrar aunque veo y quiero entender, ha habido una frase que adopté en los últimos meses, que simplifica bien mis reclamos y enojos, y es “Tengo hambre.” Cada que la digo, el Señor y yo sabemos que no hablo de comida. He orado así, enojada, meses. Cada que pasa algo, algo más, ya simplemente respondo así; por todas las victorias no vistas y las pérdidas no evitadas. Es casi como un reproche y no una oración.

Fue estando así, preguntándole qué exactamente es lo que quiere de mí que ha hecho conmigo como ha hecho, que cerré los ojos y su voz me sorprendió estableciendo algo que yo no había pensado nunca. “No te portas como alguien que tiene hambre.” Adjunto a sus palabras, me permitió ver todas las veces en las que, teniendo las opciones mundanas para resolver mis situaciones, aún si me separara unos centímetros de Él tragándome el miedo, nunca he ejecutado una sola de ellas; ejemplo, en lugar de pelear en la escuela, me volví a mi casa, y en lugar de pedir histérica unos embarques de libros con dinero que no tengo, solté el tema y lo dejé por la paz. Cuando tienes hambre y te ofrecen pan… no importa de dónde venga, te lo comes, ¿no? Esa es siempre la premisa… pero yo he preferido siempre no comer… con tal de estar con el Señor; porque estar con Él es poder estar en paz, y descansar aunque sientas que te pierdes del mundo entero. [Porque en parte ese es el punto.] Mucho de lo que he hablado aquí lo demuestra. Qué interesante manera de romper mis esquemas se adjudicó el Señor en esta ocasión. Es la primera vez en mi vida en la que lo escucho intentar convencerme de un pensamiento que yo asumo que es propio, dejándome saber que no lo es. No me dijo, ‘conviértete’ como a Jeremías, en esta ocasión… sino que solamente me dijo, ‘estás equivocada’. Fue como si me hubieran cambiado la imagen completamente. Es la primera vez en mi vida, como consecuencia, en la que logro definir de ahí en adelante cómo Satanás siembra en nuestras mentes para vernos caer. Para hoy, es como si el pensamiento se hubiera esfumado de mi mente. Eso, debe ser otro aspecto más de las liberaciones del Señor, las que hace y nadie deshace. Nunca he tenido hambre realmente… y cuando lo hice, el Señor me escuchó. Lo interesante de esto, es que ayer me recordó algo que leí a inicios de la pandemia, cuando estaban a punto de quitarnos el trabajo [porque el techo de la cabeza no podían]:

Cuando tenemos hambre y Dios nos oye para salvarnos… no nos da comida, porque sí sabe que no es solo de los alimentos de lo que hablamos… Él da vida.

Después de esa semana en marzo de la que no he querido hablar, en donde viajé desde el ‘creo que al fin puedo emocionarme por algo,’ pensando en la maestría, ‘creo que Dios está empezando a responder,‘ a ‘Señor, no puedo más si no me salvas tú,’ tengo que confesar que no he escrito porque noté definitivamente que las que yo creía que al fin eran las respuestas tampoco lo fueron, como lo puse arriba. Pero esa es la razón principal por la que no me he sentido con ánimos de escribir, y menos a riesgo de fingir algo que no existe; como lo era sentirme bien o esperanzada… otra vez. Fue un gran golpe para mí no haber podido continuar cuando yo había empezado a creer que esa era la clave para levantar el vuelo, sin embargo ese vuelo no llegó ni a los seis meses. Siempre voy a pensar que es mucho, muchísimo, el daño que una sola persona puede hacerle a otra; pero ahora también sé que es mucho más alto el bien que Dios puede hacer a los que confían en Él. El Señor ha sido bueno los dos meses y medio subsecuentes a mi salida de ahí, abril, mayo, y lo que va de junio… porque me ha traído al puerto donde he empezado a entender. No he estado al cien, y mantener el equilibrio mental tras una pérdida más ha costado trabajo, pero ha habido mucho que hacer, suficiente como para no perder la cordura. Tal vez ese era el uso de esos pocos meses, traerme aquí, y supongo que parte de seguir a Dios y a su hijo Jesucristo, es ver cómo vence Él al sistema de este mundo y nosotros podemos salir adelante sin ser partícipes del tal… sin doblegarnos a Satanás, y sin dejarlo ganar al final.

“He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre. Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, oh Jehová, sobre nosotros, según esperamos en ti.”

Salmo 33:19 en adelante.

Esas victorias que he mencionado aquí… no existen ni lo hicieron para librarme porque no es por ellas por las que el Señor quiere que vivamos, y demos un respiro más, o el paso siguiente, sino por Él. Esto es lo que he al fin aprendido en estos meses recientes. Y cuando Satanás quita, o engaña como en mi caso, puede ser muy grave, pero una vez que nos damos cuenta, si lo hacemos, podemos caminar no solo sin hambre… pero saciados, y pisotear hasta la miel como dice proverbios. Hasta ahora lo entiendo. Todas las cosas que he dejado, o de las que Él me ha movido, han sido miel, o amargas, pero ni la miel acepté porque en algún momento de mi juventud o niñez Él se hizo suficiente para mí, y me llenó lo suficiente como para dejarlo quitarlo todo aún si lloraba de momento. Por eso vivo con Él, y por eso ha tomado de mí lo que ha querido y a mí para estar a su lado, por eso ha hecho conmigo como ha hecho. Y yo que me he querido salvar, he venido a ser salva porque ni una sola vez lo he logrado por mí misma, pero Él ha hecho todo lo que soy. Él lo ha hecho todo, ¿no será entonces que lo sigue haciendo? Pues sí.

Ya no deseo nada de lo que pensaba que sería la respuesta... solo quiero alegrarme y disfrutar, como Salomón escribió que es porción para los que lo conocen.

Si hay dolor, es en sus manos.
Si hay humillación, es solamente delante de Dios, el Señor Jesucristo.
Si hay temor, es solamente para con Él.
Y si hay victoria alguna, es solamente por medio de Él.
Y el tiempo no existe en donde Él habita.

Debe ser natural, ¿no? ¿Que de entender la vida así, Él nos mude a otra cosa? Ya nada volverá a ser lo que era después de esto.

Suena sencillo, pero me ha tomado ya decenas de publicaciones siquiera poder vislumbrar que no, ni somos del mundo, ni podemos medirnos con sus parámetros. No es vida el poder triunfar siendo parte de ese sistema o competentes en él. Y el detrás de todo lo que vivimos aquí en casa es ese:

que no somos del mundo.

Como mi mamá lo dijo en una mañana reciente, que, como pocas cosas me quedó grabado una vez más en las venas:

“¿Estás bien con el Señor Jesucristo, el Fiel y Verdadero, el Soberano de los reyes de la tierra?”

Esta, es la respuesta que he buscado por años.

Y ese es el Bien que a tropezones intentaba entender muy al principio de esta historia.

El real estar bien es estar bien con Él, y entonces, ¿cómo deseamos, perseguimos, medimos, esperamos y aún tememos, conforme al mundo? ¿cómo podemos seguir llorando por este?

No se puede, y hoy veo que es así como el sistema… babilónico, al tono de Apocalipsis, es vencido.

Y tenemos toda la potestad para vencerlo, pues es parte de nuestra porción; y ahí ya no hay muerte.

En cuanto a pruebas, tengo la siguiente:

He soñado con mi abuelito recientemente, y tiene dos noches que soñé que pisaba serpientes sin desearlo. Las veía en un plano lejano, pero después aparecía frente a ellas, pisándolas sin darme el tiempo de considerar detenerme pues me podían morder. Cuando bajaba el pie cada vez, me decía ‘me va a morder’ pero al tocar el suelo, le había atinado sin saber cómo, pero oyendo mi propia voz, la otra, la que confía y ama y vive, recitando, ‘hollarán serpientes y escorpiones-‘ y entonces sé que hay cosas que están ya muriendo bajo nuestras pisadas, para no levantarse nunca más.

¿Cómo se verá la vida en esa costa?

En medio de la tormenta es difícil tomar nota, y los últimos meses se han sentido así, con todo y que no me he hecho polvo como los años anteriores; me cuesta ver y entender al Señor, me cuesta entender a mi propio corazón como ya lo he dicho, y controlar mis pensamientos a fin de permanecer en la luz se podría hacer imposible y como resultado mis sentimientos y palabras se apagan, dejando la energía para las cuestiones del instante, tocantes a la batalla de la fe…

… pero creo que es momento de comenzar a hablar desde esa
perspectiva nueva, desde donde el Señor llama, enseña, vence y lo podemos ver una, y otra vez, y para siempre. Esa donde lo veo venciendo y a mí habitando con Él por encima de todo y a pesar del mundo. Creo que aquí acaba el recuento del pasado, y de las visiones rotas. Solo queda entender de aquí en adelante la resurrección porque lo que había sido dispuesto para morir, fue sin duda eliminado. Espero que te quedes, pues no sé yo misma a dónde vamos, pero mientras el Señor esté presente lo tenemos todo.

Ah, es cierto, lo olvidaba:

Antier, viendo a mi mamá tapándose con unas telas delgadas, comentando que el cambio de estaciones siempre es complicado, yo pensaba en taparme del viento para no enfermarme, y vislumbré algo fugaz:

el cubrirnos bien como si los suéteres fueran algo más fuerte que la esperanza, para no enfermarnos en tanto que la nueva estación se asienta.

Llevo mucho tiempo suspendida en la nada, buscando cómo “sacar adelante” lo que ya está [como si así ganara el derecho de continuar con lo demás que tengo, sin ser imprudente ni fantasiosa], pero de pronto eso ya no tiene punto. Ya no puedo seguir suspendiendo lo que quería apagar, aún si las cosas no salieron como lo deseaba al inicio, pero , sea mucho el pan sobre el que la mantequilla se esparce, o poco, esto es importante:

He soportado el inicio, y no me desdije nunca de lo que he elegido y todo donde he andado buscando al Señor. ¿Por qué seguiría desanimada? Solo tengo que salir de aquí, pues el más importante está conmigo y ya ha hecho. Todo lo que me ha dado ha sido ‘respuesta’ y no ‘medio para un fin’, ha levantado mi cabeza, sus manos han levantado mi cabeza y por eso estoy aquí. Entonces solo tengo que respirar, y seguir viviendo con Él. Día a día, paso a paso, año a año.

Creo que eso sí lo entiendo ahora.

[Todo donde Él esté es área de promesa para mí]

-SFTS


Discover more from Sheltered from the storm

Subscribe to get the latest posts sent to your email.



Leave a comment