Tenía nueve años cuando ese dolor despertó.
Es un tema que nunca he hablado con apertura porque se van a burlar de mí. Así ha sido toda mi vida, me de cuenta y escuche las burlas, o no.
Hoy en la mañana desperté estando segura. Segura de que ese maltrato que recuerdo de cierto profesor, fue a causa de mi peso. Nadie sabe qué hacer con una persona gorda.
Pero vamos, diría una parte de mí, pues si es porque come mucho, tiene una adicción, trátala como tratarías a un adicto. ¿La maltratarías igual si su problema fuera flacura extrema porque fuma? Porque yo he estado cerca de fumadores que literalmente han llegado al punto de oler muy mal. Ni así los he maltratado.
Creo que si hubiera sido tonta, la reacción habría sido la usual, tomarme como bufón de cada círculo. Pero como he probado una y otra vez, que adentro donde va mi cerebro sí hay el tal y no tejido adiposo… entonces recibo enojo.
Estoy cansada de que me maltraten por mi peso. Pero ya nadie lo hace. ¿Será porque Dios me guardó en mi casa para salvarme… hasta de mí misma?
Supongo que si hubiera comido más Mc’donalds, tal vez podría haberles ganado con un ‘lo bailado nadie me lo quita,’ pero no. Si voy a ser cruel alguna vez, podría ser entonces también honesta:
Estaba enfermísima.
Nunca hablo de mi enfermedad, porque jamás, jamás, voy a hacerme una identidad de algo caído. No puedo deshonrar así a mi Dios, a mi Señor Jesucristo. Pero hoy sí quiero hablar de esto.

Estoy atrapada en un lugar que se ve oscuro. Tiene dos días, no, menos, ayer en la mañana. Ayer en la mañana le pregunté al Señor si todavía había alguna parte de mí habitando en un cautiverio. Tengo que contarme afortunada porque ahora oro y Él responde. ¿Sabes lo que eso significa? Lo es todo para mí. Escribo, porque quiero salir de aquí también.
Sí, tenía nueve años cuando desperté a esto:
“¡¿30 quilos?! ¡JAJAJA! ¡Yanina es la más gorda!” Yo ya caminaba de vuelta a mi banca, en silencio. Es fácil, supongo, reírte de algo así. Después de ese día, la cosa nunca se detuvo.
“Si, el abriguito está bonito. Se le vería mejor si bajara como un quilo.” Por supuesto que mi abuelita iba a ser de las primeras en tomar la estafeta para nunca dejarme olvidarlo. Yo solté el abrigo, justo, y nunca más fui a buscar otro. Es día que no me compro ni me pruebo abrigos. Total, para mi suerte existen las capas.
“Ya deja de comer.” esas eran brutales, venidas de mi propio papá. ¿Saben? He visto fotos de mí esos años. Si hubiera sabido que era un plan para acabarme, no les habría hecho caso, porque si esa niña hubiese crecido sin esos conflictos, habría sido muy delgada. No veo una niña ni siquiera con obesidad, solamente prepuberal. Pero agreguemos otra, porque esta vuelve a mí de tanto en tanto, en ese tiempo, como a los once o doce años, estuve en cama un mes, enferma de nunca supimos qué. Yo ahora tengo mis sospechas, que puede haber tenido que ver con los alimentos y las cosas de las que he hablado aquí… pero en fin, estuve tan mal, que perdí peso. ¿Sabes lo que él me dijo cuando me volví a levantar? Que qué bonita me veía más delgada. ¿Pero qué no se acuerda de lo enferma que acabo de estar? ¿No le importa eso? Ni siquiera sabemos qué fue. Lo he cargado toda mi vida, y entre eso y años más tarde mi abuelita dándome el único cumplido que recibí de ella en mi vida, al son de “te sienta estar enferma, porque te ves bonita,” tal vez mi cuerpo sabe que si no sana, puede ser todo lo que todos deseaban. Todos ellos.
¿Sabes lo que es que te miren y sepas, sepas, por cómo te acaban de analizar, que ya reprobaste el filtro una vez más? Jajaja, de chiquita siempre pensaba que si no podía bajar de peso, y si no entendía por qué me sentía mal todo el tiempo y era tan floja que ya no soportaba ni las clases extras o la simple idea de jugar con todos, como una niña normal, sería bueno poderme cortar la pancita, al menos. Ya les dije que tengo cerebro, sabía que eso era imposible, te matas. Tenía el hábito de sumirla lo más posible y moverla a un lado para imaginarme otra vida. Tenía también otro, el de imaginarme que era una botarga, y que un día, un día, me la iba a quitar y todos lamentarían haberme molestado, o hecho a un lado.
¿Cómo podría alguien como yo ser amado? Soy hija de Dios, y escritora… pero también mujer, y estoy segura de que mi peso ha sido el culpable, aunque mi mamá me prometa que no lo es. Si no es eso, ¿qué?
“Yanina está subiendo mucho de peso. Ya está peor que Cristal.” ¿Tienes una idea de lo mucho que lloré ese día, Rbk? Y no fuiste ni para mandarme la cura o sentarte a buscar conmigo a ver si encontrábamos lo que me aquejaba. (Porque desgraciadamente no era el Mc’donalds. Mi mamá prohibía esas cosas.)
“¿Qué te mandan de lunch? Porque veo que has subido mucho de peso.” ¿Qué me acaban de decir? Pero yo no pude ni procesar la pregunta, cuando Andreas respondió por mí, “Nunca come muchas cosas, pero eso sí, su atún siempre trae un montón de ranch.”
Y rara vez me lo comía, Andreas, si supieras la de problemas que tenía con mi mamá por no comerme nunca lo que me enviaba… pero el inocente atún con mayonesa que ella me preparaba consternada y con tanto amor para ver si así comía el lunch, me chocaba. Es chistoso que me lo comía cuando mamá me agregaba un jitomate para morder, o partido en cuatro. Es chistoso porque el jitomate ahora me da alergia. Todo el tiempo tenía náuseas… pero supongo que nadie más lo sabía.
Tal vez el “no, qué asco,” de Juanes cuando le pregunté si me podía hacer un tatuaje en el brazo como había pintado a las demás niñas fue por eso, por mi peso. ¿Pero él nunca se imaginó que el lunar inmenso en su cabeza me asustó muchos años? Qué bueno que no tocó mi brazo en ese entonces, porque no solo estaba manchado de la frente. Igual, yo nunca se lo hice notar.
Mi papá se había ido de la casa un mes antes de que ese ciclo escolar iniciara… pero nadie me preguntó cómo estaba mi corazón, sino solo qué estaba comiendo y por qué no hacía la clase de deportes. No podía ya con el cansancio y las burlas de Juanes y los que sí eran ágiles. Y no por flacos, sino por sanos.
Sí, ese año me dio por no comerme el atún de mamá ni con la mayonesa… y decidí cambiar un poco la dinámica. Me compraba, los viernes, una sincronizada con jitomate. No sabía el daño que me hacía. De cualquier manera, durante meses, cada viernes, también devolvía el estómago. Era peor si comía Takis fuego, y cómo me dolía comerlos, y qué mal me ponía de la panza después… el Dr. Cruz ya no podía con mis gastroenteritis semanales. Supongo que hizo bien en decirle a mi mamá que no podíamos seguir así, era antibiótico tras antibiótico. Y después del mes en cama del año previo…
Hice las dietas de mi tía… y vomitaba lo que cocinaba de lo desagradable que le quedaba. Por ahí fue cuando encontré las capas y los ponchitos. Dádiva del Señor fueron, para terminar la secundaria, no te bromeo.
Cuando dejé el colegio, el problema me siguió aún si estuve en calma unos meses. Esta vez, me enteré porque a alguien se le salió… afuera en los puestos nadie pedía gorditas, pedían ninas.
Tal vez por eso se le hacía fácil al joven Jor…am, burlarse de mí, cada que me llegaba a dar la mano cuando nadie más veía en mi último año de prepa. Sabía que la gordita se iba a enamorar fácil de él.
Ahí la gordita sí fue tonta.
¿Y por qué me había insinuado la compañera de la universidad que el alto rubio no me podía gustar a menos de que fuera el hermano gemelo que estaba gordito? Ah, sí, porque con mi peso no se puede aspirar a mucho. Si supieran todos ellos que ese alto rubio que ella me prohibió, nunca me pareció guapo… a ella tal vez sí, por su complejo de ser morena. Supongo que vio en mí a alguien maltratable porque a su parecer debe ser peor ser gorda que morena. Yo concordé con ella, en silencio, muchos años. El rubio no me parecía guapo, pero cómo me enamoré de él; Dios lo sabe, porque Dios mismo me lo pidió de las manos.
Y yo lo entregué.
Tenía toda mi adolescencia y ahora juventud tomando Dabex y Eutirox, para ese tiempo. Mi papá me culpaba por haberse ido de la casa, porque después del mes enferma, pedí que me pusieran un tratamiento de hormona de crecimiento porque era muy chaparra y eso me había hecho engordar más a su parecer. Yo le comencé a creer por este tiempo; sí, debía de haber subido tanto de peso por el mugroso tratamiento a los doce años… no por un alma fragmentada y un corazón roto. No por una mente fuera de sí ni por un intestino quebrado que no podía digerir y absorber.
No, Paula, no compré la crepera como me advertiste ese día en la universidad cuando me insinuaste que podía mejor gustarme el hermano de Polo, seguramente pensabas que comería crepas hasta rodar del cielo al infierno y yo solamente pensaba en que mi mamá le había hecho crepas a sus pretendientes… y cómo añoraba tener yo misma un pretendiente. Ganaste tú, Paula, no la compré… y ni aún así me sentí mejor. De todo corazón espero que hayas disfrutado a Polo si fuiste honesta con el asunto, y que ya no te duela tanto tu color de piel… porque no es feo. No es feo, aunque tu alma lo sea. Como la de Polo. Y cómo me seguí enamorada aún así, y te dejé ganar a ti.
¡Ah! Después de la doctora que me vio tan alta y voluptuosa que no me quiso atender y lo confesó verbalmente, decidí aceptar los menjurjes de la piramidal de mi tía, otro de sus programas. Esto también es chistoso; creo que ahí fue cuando le di el golpe mortal a mi intestino.
“Ya no comas, ya no comas,” sí, hice el intento, y comía muy mal en casa. Ahí, hasta es punto, ya pasados los 19 años, ahí podría decir que empecé a sentirme tan sola, que la comida se hizo una muleta afectiva. Sí comía si sabía rico, o si picaba. Sí, ahí empecé abiertamente a buscar toda esa comida que todos se imaginaban que debía yo de haber crecido comiendo. Lo frito, y lo picante. Muy poco me duró el gusto, porque tan pronto empecé a comer eso cada que podía, empecé a tener los temibles episodios nocturnos de dolor, fiebre, y enfermedad… mucho como los de los Takis de años atrás. Yo misma, me dije en esa ocasión que no podía seguir así, y entonces pasé como dos o tres meses tomando vinagre de manzana en té. No sé si ya puedo olerlo, pero en ese tiempo lo usé hasta que no lo soporté más. Entonces pasé a la canela. Tenía un gimnasio que prefería no usar porque no me veía bonita, y siempre me he dado cuenta de las miradas… las risas, y los gestos. De todas maneras empecé a caer tan bajo sin saberlo, de salud, que apenas tenía fuerzas para ir y regresar de la uni. No fue hasta que no me pude bajar del auto gracias a la canela, que decidí que sería prudente dejarla.
Los menjurjes de la piramidal de mi patética tía, hicieron efecto como durante un año… y después exploté. Justo para mi último año de la carrera. ¿No creen que me di cuenta? Si yo he sido siempre la que despierta en mi cuerpo y va con él a todos lados. Por eso dejé aliviada el tema de Polo por la paz, una vez que Dios me lo pidió, porque así no tendría que toparme con su ‘no’ a causa de mi peso. ¿Quién querría cargar con todo lo que yo era? Ni yo lo deseaba.
Sí. Siempre hemos sido mi peso y yo, desde antes de que se fuera mi papá.
No irrespeto al Dr. Villavicencio de hace casi dos años, al haberme dicho “No es sobrepeso, es obesidad,” solamente porque buscó lo suficiente como para haberme dicho, por primera vez en mi vida, que todo lo que tengo, que está ligado irremediablemente a mi peso, lo tengo desde muy pequeña. Y que el condenado tratamiento de hormona de crecimiento no tuvo nada que ver, porque ni siquiera lo hicimos el tiempo suficiente como para que hubiera un cambio. ¿Ya ves, papá? Te fuiste por nada. Jajaja, es broma, ya no acepto tu culpa.
No pude tomar más medicamentos, Dr. Villavicencio, crecí tomando dos condenadas pastillas que sabía que me estaban matando después de años, imagínese qué me habría hecho aceptar sus diagnósticos de por vida, y más medicina de por vida. Y estoy cansada de ser como un circo, por eso no regresé con usted. No pude más.
Estaba enfermísima, sí. Y nadie lo sabía. Dios, Jesús, que supongo que sí me ha seguido con pasión para salvarme; él lo sabía. Y sí, me ha salvado hasta de mí misma porque yo me fui muy temprano en la batalla al bando enemigo para lanzarme piedras también.
¿No podemos simplemente dejar en paz a los demás? ¿O analizarlos en amor hasta notar que es ayuda y misericordia lo que necesitan… para ofrecérselos en lugar del enojo, menosprecio, y maltrato? Y no estoy hablando de body positivity. No, porque toda corriente que lastime al cuerpo voluntariamente, de una u otra forma, yo la desecho.
¿Saben la única razón por la que los he perdonado a todos con los años? No porque no sabían… sino porque es a causa del quebranto que cosas como el peso se desbordan. Casi toda la enfermedad. Así como las adicciones, porque sí, más grande, sí que generé una relación muy tóxica con la comida. Pero no cuando era una niña, y tampoco la adolescente. Y esas, fueron las que sufrieron a manos de todos. Es como que dijeran, ¡Pasa gordo! y todos le echaran mano. Y ya no quiero estar quebrantada.
Ya no quiero sentir que el mundo se acaba y perder el apetito si mi mamá me da un consejo sobre mi dieta, porque ella sí me ama. ¡Y no sé cómo!
No estoy pudiendo bajar de peso lo suficientemente rápido para que el amor de mi vida me encuentre… y se me va a ir, se me va a ir. Y ya no puedo con esos pensamientos.
Aquí estoy atrapada, y eso es peor que el cautiverio de Yanina.
¿Cómo puedo salir? ¿Cómo sanas una herida tan vieja como tú?
He intentado el humor.
He intentado la indiferencia.
He intentado el silencio.
He intentado disculparme presentando excelencia por cada quilo extra. Aunque me canse más, aunque a veces no duerma, aunque duela.
He intentado con enojo. ¿Crees tú que Paula se atrevió a decirme sus motivos con cada letra? ¿Después de cómo la miré y callé?
Pero nada me sacó del pozo… y temo que aún podría bajar de peso, pero seguir con esa parte de mi alma atrapada. Llevo años con una herida que no cierra. ¿Por qué? Pues lo acabo de decir, porque todo lo que hago gira en torno a esta situación. ¿Me viste gorda y piensas que soy tonta? No te preocupes, te demuestro lo inteligente que soy la semana que entra. Y voy a sacar las armas grandes, voy a dejar mi mochila rosa atrás, aunque solo la disfruté unos meses, y me vas a ver con mis zapatitos delicados, y algo de mis outfits cool, aún si hace frío. Lo hice hace pocas semanas.
¿Cómo salgo de aquí?
“Amado, yo deseo que seas prosperado en todo así como prospera tu alma.”
“Amada Nina, yo deseo que seas prosperada así como prospera tu alma.”
Dice mi mamá: La verdad de las personas no está en el físico, está en el corazón, justo ahora, a mi hermana, hoy, ocho de marzo del 2025 a las 7:42pm.
¿?
Entiendo que al Señor le interesa poco mi peso. Ha pasado la tarde y ya lloré, ya hice imágenes crueles en Bing, ya pensé y ya guardé silencio, también. Y de pronto lo empecé a sospechar como cuando encienden la luz… Cristo se acercó a mí de joven y más grande, con poco peso o mucho, en cama o haciendo ejercicio. Es el único constante a través de todas las eras y nunca, nunca, ha hecho salvo darme las armas para seguir adelante. Siempre he bromeado con que H&M llegó a México por mí… con que Él me lo trajo a mí, porque solamente Él sabe lo que estaba viviendo en mi país en ese tiempo, el tiempo exacto cuando la cadena llegó. Y no me dice nada más al respecto, como lo ha hecho con hacerme ver la luz para sanar. Eso sí le ha interesado; sanarme. Y ha hecho todo a su mano para verme salir del pozo de la enfermedad. Tal vez no quiere que sea flaca, y puedo dejar de ver que mi vida gire alrededor de algo que nunca pude alcanzar, porque Él no ve mi peso cuando me mira, ve más bien los hombros que le parecen bonitos porque cargaron a mi abuelito como me dijo hace casi un año.
Tal vez al descubrirlo, todo esto, Él me empiece a hacer libre al fin.
Seré sana, y lo veré completamente. Esa, esa será mi verdadera victoria.
Y por los años de heridas, comentarios, bromas, miradas y descalificaciones… tal vez puedo tener este botín:
El ver mi alma completamente remendada. Remendada como solamente los que conocemos tremendos dolores y rechazos podemos ver a través de Jesucristo.
Alegría, y paz, sin importar mi talla. Alegría y paz, cada que despierte y pueda no solo respirar, sino saber que ya no estoy muriendo lentamente.
No lo tengo todo resuelto pero sé que Él sí, y yo lo espero a Él.
-SFTS



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