Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Fragmentos de Serie Vivos: Valientes

Para leer las primeras partes de este hilo, entra a continuación:

  1. Fragmentos de Serie Vivos: Desterrados
  2. Fragmentos de Serie Vivos: Vivos

Empecé mis libros como una oda a todo lo que no quería ser.

Inesperadamente, el primer personaje que escribí en mi vida, que terminó como una pieza clave para Serie Vivos, era todo lo que yo no quería ser… pero en lo que sentía que me estaba convirtiendo tras el dolor; el del inicio y el de después. En ese tiempo no sabía cuáles eran mis libros; sus nombres, el universo, los arcos, o que siquiera existirían realmente. Con todo, en ese tiempo, yo empecé una lucha alterna al morir o no, una llamada… cómo vivir. Por todo donde yo había visto golpes, se había generado una yo que no quería ser y que habló dentro de mí durante mucho tiempo; una joven desesperanzada, que llamaba tormentas y lluvia, desolación y dolor, todo donde tenía que haber habido espacio para sol, risas, y esperanza. Ella, contestaba cada que cualquier cosa pasaba, con un irreparable, ‘nada importa’, ‘da igual’, ‘un día no voy a estar’, ‘me es poca cosa’, ‘un día no me van a ver’, ‘cuando me pueda ir’, ‘cuando pueda escapar’, y toda cosa amarga que te puedas imaginar. En el hablar, quería ella también actuar, y ahí la lucha se hizo cotidiana, sobre hacer o no hacer cosas solamente porque no veía una real opción para hacer lo que fuera mejor.

Si tu mundo está hecho trizas, naturalmente quieres quedar hecho trizas tú también. Es como si no existiera otra opción, y de ahí partes para todo lo que haces y no haces en tu vida.

Máxima. Ese fue el nombre del primer personaje que cree… o que vi formarse en mi mundo de historias, hace once años.

Yo no quería ser Máxima, esa joven que nació dentro de mí en el 2014, que era todo menos buena. Todo menos paciente, todo menos entendida, cariñosa, o resplandeciente. Máxima sabía que nunca podría ser esas cosas, y eso yo lo sabía con ella, si acaso solo eso. Así empezó todo esto, conmigo debatiéndome adentro al son de Max. Le puse el físico que siempre me he imaginado que es el que triunfa aquí en la tierra por puro desdén a mi persona. Le puse al lado a alguien que quemara el mundo por ella, por pura vanidad… supongo. Supongo que muchas de mis respuestas sí descansaban en el encontrar al indicado para mí… del que ya hemos hablado en el blog; el que no he visto llegar en la realidad, ni como luz y protección, o firme esperanza… ni como oscuridad y dolor. Ambas cosas el Señor las veló en mi caso. Todo lo demás con respecto a ella, salió de mí misma, de mi propia oscuridad. Mas o menos fue ahí cuando cada vez que algo me decía, “no tiene remedio, vamos aquí, o allá, o haz esto, o lo otro, (para nada bueno o edificador)” yo a veces quería luchar.

Máxima no tenía esperanza para nada, por bonita que fuera en mi roto entender. Yo horrible, tenía menos… pero por alguna razón algo más pasó en ese tiempo:

Que aunque ella no podía decidir, porque no quería… y yo la admiraba y le temía al mismo tiempo… yo empecé a notar que por cada decisión suya en dolor-

yo podía no imitarla. No admirar, desear huir en la dirección opuesta, no sucumbir ante sus constantes letanías.

No es Hanna, a la primera que escribí, aunque en mucho se parece a ella, ni es Hanna la primera que vio la luz y la oscuridad… Max las probó primero, especialmente la oscuridad. Máxima deseaba la oscuridad como venganza frente al Dios que la había creado… porque sabía, sabía que podía hacerlo sufrir sufriendo ella, no abriendo los ojos, no escuchando, no dejando, no cambiando, no mirándolo. No es Hanna la más desolada, sino Maxima, que fue criada por el desasosiego, la pena, y la fuerza. Qué enojada estaba. Qué joven tan dura, tan áspera, tan vengativa.

Qué brava, al haber encontrado cómo vengarse y de quién… y haber decidido hacerlo así. Dejarse perder, cada paso mal dado pero dado conscientemente, fueron la descripción perfecta de su rebelión contra Dios, el creador de todo y hacedor de cada uno de nosotros.

Yo quería ser rebelde como ella, y vengarme a la par. Por eso, mucho tiempo me importó poco cuidar mi vida… si el joven de la universidad me preguntara hoy, una vez más, una sola, ¿Por qué siempre decía cosas tan horribles de mí? Esta sería mi respuesta:

Porque quería herir a Dios.

En algún momento entendí que nos ama, y por haberme dejado sufrir y no haberme salvado, yo llevaría el asunto al extremo. Yo brincaría al precipicio de donde Él no me podría salvar, sufriendo yo, muriendo yo, pero haciéndole saber que me había dado cuenta de todo; y Él no me habría salvado.

Poco sabía yo que había un problema en mi estrategia: que empecé a notar que como Dios estaba cerca, algo dentro de mí sufría cada que decidía hacer algo vil. Y sufría en serio. No podía disfrutar la poca o mucha oscuridad que elegía porque algo dentro de mí sufría… alguien. Dios mismo en su promesa para nosotros avisa que es dentro de nosotros donde habitará, porque somos nosotros su templo ahora, su casa. Por esto es erróneo cuando los ministros dicen que su casa es un templo, o un edificio, o un auditorio… porque desde que el Señor Jesús terminó su obra, desde que pronunció su “Hecho está.” las cosas quedaron así, con Dios habitando dentro de cada uno que crea en Cristo y lo invite a su Vida. Su Espíritu Santo sí viene, y nos sella.

Herirme… elegir oscuridad… saberme sin remedio, no solamente lastimaba el corazón de la persona que más amo hoy, MI principal indicado, Jesucristo hombre, sino el mío propio porque su Espíritu habitaba ahí. Mi plan estaba mal, y entonces de poco en poco, empecé a temerle a Max y a caminar todo donde ella no pisaría, guardándome solo lo menos letal de su carácter. La fuerza para defenderme y la soberbia para permanecer erguida aún en medio de los golpes.

Empecé mis libros como una oda a todo lo que no quería ser...

…porque al final Max, la que ustedes no conocieron y que carga la historia que precede todo esto… era alguien a quien yo sabía que no me gustaría imitar.

Máxima era todo lo que yo no quería ser.

Este tercer episodio habla de cuando desperté a la valentía que me movió a luchar como resultado… esa que carga Hanna, mi personaje más especial. Hanna, fue la que tuvo que llegar para probarle a Máxima que ese Dios al que quería herir por no haberla rescatado a tiempo podía salvarla hasta de sí misma. Y Máxima luchó con Dios, lo mismo que Hanna… pero en ambos casos Él prevaleció… y no respondió con golpes, tampoco con violencia alguna… sino como esa silueta acercándose hasta llegar y quitarte el arma de las manos:

Lleno de amor, creo que toda la luz en cada personaje que he escrito es una faceta proveniente de Cristo mismo. Porque por Lucas, por Owain, Gio, Nate, la amistad de Alia y la hermandad de Rose o Annie, y esa suavidad de Marion… me sentí llamada a despertar como si realmente los hubiera vivido. Y entiendo que lo hice, así se presentó Cristo a mí al borde de la adultez a la que entro, para que pudiera ver su Luz.

El hecho de haber iniciado un tercer libro, no lo esperaba al haber terminado Desterrados y Vivos, pero…

Yo ya no era ni cerca fan de Máxima, como en mis años creciendo. Ya conocía a Hanna, y ya habíamos ella y yo cruzado el fuego… y sobrevivido, sí. Botín, si alguno me ha sido dado, son estos tres libros, porque cómo se convirtieron en un regalo no solo para mí, nunca olvidaré aquél verano del 2022:

Estaba a las puertas de que mi vida cambiara por completo, yo, entera, y de manera irremediable. ¿Por qué? Porque fue ese año, cuando mis ojos empezaron a ser abiertos a aquello que tanto Hanna como Máxima habían añorado, a sabiendas, o sin aceptarlo… y el despertar, me permitió comenzar la carrera definitiva por huir de la oscuridad, y la lucha para vencerla al lado del que me creó… todo donde Él pelea y uno solamente se aferra a sus brazos. Nada de esto lo había yo conocido antes, y cómo cambió hasta el brillo de la luz para mí, desde ese día.

El rey se alegra en tu poder, oh Jehová;
Y en tu salvación, ¡cómo se goza!
Le has concedido el deseo de su corazón,
Y no le negaste la petición de sus labios.
Porque le has salido al encuentro con bendiciones de bien;
Corona de oro fino has puesto sobre su cabeza.
Vida te demandó, y se la diste;
Largura de días eternamente y para siempre.

Grande es su gloria en tu salvación;
Honra y majestad has puesto sobre él.
Porque lo has bendecido para siempre;
Lo llenaste de alegría con tu presencia.
Por cuanto el rey confía en Jehová,
Y en la misericordia del Altísimo, no será conmovido.

Salmo 21:1-7

Aquí te dejo la pestaña donde puedes encontrar Serie Vivos: Desterrados, Vivos, y Valientes… solo da clic y elige tu marketplace más cercana para leer lo mismo que a mí me cambió para siempre. Lo que escuché y comí todos estos años, las novelas que tanto amo, porque hablan del Hombre que me salvó; mi Indicado para siempre.

¿Has sentido que la rebeldía era tu única salida? ¿Alguna vez tu enojo con Dios te llevó por caminos que hoy ves de otra manera? Cuéntamelo en los comentarios.

¡Te comparto acerca del que se ha convertido en mi tesoro, para verte del otro lado del agua!

Ahí te espero.

-M. Y. Valencia Parroquin

PD.

A continuación, dejaré publicaciones sobre algunos personajes en Serie Vivos, que sirven para adentrarse en mi universo. ¡No te las pierdas! ->

  1. Lucas, Hanna, Franco
  2. Owen, Davos, Nate

Si aún no has leído los fragmentos de Desterrados y Vivos, puedes encontrarlos aquí.

  1. Fragmentos de Serie Vivos: Desterrados
  2. Fragmentos de Serie Vivos: Vivos

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