Tiene tres años, si no mal recuerdo, que leí el Apocalipsis en la Biblia con una oración muy específica previamente. Tiene tres años, como resultado, que todo cambió dentro de mí, y alrededor, con respecto al tema.
Si hace falta contarlo, el Apocalipsis… el libro de la Revelación de Jesucristo, es uno que leo por terror desde que era niña. Recuerdo una mañana como a los nuevo o diez años, en la que vi en el buró de mi hermana mediana un librito del nuevo testamento y solamente lo tomé, busqué Apocalipsis, que para referencia tuya se encuentra en la última parte de la Biblia, y lo leí en el curso de esa mañana. Tenía que haber sido sábado porque no había escuela y tampoco hubo que alistarse para ir a la iglesia; que era cosa de los domingos. Papá todavía vivía aquí en la casa.
Después de esa ocasión, me tocó con el resto de creyentes jóvenes de esa época crecer escuchando del rapto, de la tribulación y la gran tribulación con sus sellos y copas y trompetas, del anticristo que venía por todos si no nos llevaba el Señor antes, de la bestia, la marca, el sello y el nombre, de la destrucción del mundo, y del fin de todo. Supongo que, contrario a lo que muchos hacen, cuando algo me asusta en verdad intento no huir. Y así, yo leía, y volvía a leer el Apocalipsis de tanto en tanto al son de, pues si va a pasar, mejor saber bien para estar preparados.
Por supuesto que no quería quedarme en el rapto, y que cuando los monstruos bajaran a la tierra a sellarnos a todos para poder comer en la distopia apocalíptica mayor, no me quedara nada salvo morir o vivir dejada de la mano de Dios, a quien le habría fallado, ciertamente, y a mí, y por eso me había dejado. Mala semilla. Si me dejaba aún haciendo el intento de entender, yo habría entendido que habría sido porque había sido mala semilla, creada para la nada del otro bando… nada, porque siempre he aborrecido al diablo y he luchado toda mi vida por erradicar toda obra suya que se ha inmiscuido en mi andar.
Supongo que como cuando digo que el amor es más alto que la responsabilidad, la fe es más alta que el miedo. Ese enero del 2022 o 2023, a seis meses de la última vez que lo había leído, en aquella aterrada porque veía todo lo que estaba pasando en el mundo, me senté frente a la Biblia, y a diferencia de seis meses antes y todas las veces previas, oré.
“Señor, déjame entender a lo que te refieres con lo que hablas aquí, no quiero estar asustada, por favor, si lo que mi mamá dice es cierto, que es el único libro de la Biblia que tiene una bendición especial tuya para los que lo leemos… tiene que haber algo más que solo miedo. ¿Realmente vas a ser así de duro? Porque si es así necesito que me ayudes a poder estar contigo, quiero estar contigo… sea como sea lo que siga.”
3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
Apocalipsis 1:3
Así, empecé a leer.

Fue al terminar los sellos, cuando algo dentro de mí cambió. ¿Alguna vez has sentido a tu cerebro crecer en una milésima de segundo y así, algo que te era completamente velado de pronto puedes verlo? Pero no dije nada, solamente continué leyendo.
Recuerdo que esa semana tuve que salir con mamá a algún lado, y me fui todo el camino platicándole del cambio… y de un nuevo temor que se me había gestado.
“Temo que empiecen a decir que estoy loca, si alguien se enterara de esto,” le decía, “temo estar en un error, pero oré, ma, y esto no lo hubiera imaginado. No lo esperaba entender así… que Nicolae no viene por nosotros como en las películas nos enseñaron.”
Nicolae = personaje del anticristo en unas aclamadas películas cristianas sobre el Apocalipsis
En mis tiempos, ya no te llamaban a aceptar a Cristo bajo pena de irte al infierno, sino bajo pena de quedarte en el rapto… y alguna verdad hay aún ahí, si tan solo escucháramos, pero no lo hacemos.
Verás, convertirse en hijo de Dios es como una carrera de obstáculos y niveles. Vas pasando de un nivel a otro hasta que un día te encuentras viendo el mundo desde muy lejos y tal vez hasta sufriendo por ello, luego descubriendo la mano del Padre Eterno en todo lo que has pasado, porque decidiste correr con Él y en otro empiezas a ver hasta su hermoso rostro. Por ahí de ese nivel, empiezas a notar también que estás vivo. Vivo en Él. Si no hay deseo de conversión es sencillo:
No hay carrera, no hay obstáculos, y no hay niveles.
Tampoco hay vida.
En su lugar, vanagloria, placeres pasajeros, estancamiento, y un alma insaciable.
¿Qué fue lo que empecé a notar que como resultado intenté plasmar en unas hojas para mamá, y hoy aquí?
Que el Apocalipsis es real, cíclico, constante, y presente. Que todas las personas que han hablado de éste como un futuro lejano, todos los que prestaron sus manos para construir de él los panoramas escatológicos y toda suerte de doctrinas venidas de éxtasis espirituales… han estado en un error. De ahí el nuevo miedo, ¿ves? Cómo llegas con el mundo, y el mundo cristiano, que más que conocedor de Cristo tiende a ser cruel y brutal… ¿para decirle que está mal y que está haciendo a muchos caer?
Por principio de cuentas, hacer la oración del pecador para poder irse en el rapto es lo mismo que hacerla para no irse al infierno… y no hay real conversión ni amor… y temo que tampoco fe, en tal obra. Que contrario a su uso, la oración del pecador no salva. Salva no desechar al Señor cuando se te presente, y decidir andar con Él y seguirlo cuando te llame… a donde te llame; ores la oración o no, porque, ¿de qué pecados te vas a arrepentir si no los conoces?
En este blog he intentado contarte a dónde el Señor me ha llamado a mí, ¿no?
Tengo 29 años y no me tocó vivir un romance juvenil como todas las niñas, no conozco lo que es que otro ser humano quede en las nubes por ti hasta querer pasar una vida entera a tu lado y los años no dejan de pasar y tengo miedo, a veces, porque cómo hubiera deseado un día sí haberlo conocido. No tengo éxito o dinero que hablen de mí (que en el mundo casi uno se mide con el otro). No tengo fama ni nada que el mundo pueda llamar alto, crecí sin papá y un día tuve que olvidarme de él… crecí, al final de todo, también sin familia externa, sin iglesia, sin amigos, si una sola persona a la que hubiera podido alguna vez llamar para que viniera a mi lado todas esas veces cuando la histeria casi me borraba de la faz de la tierra. Pero no solo me toco ver nadas y noes, no, pues soy una persona que creció bajo burlas y escarnios. Cuando mi papá se fue de la casa viví un maltrato brutal en el colegio a donde iba y nadie lo detuvo, así pasé los últimos tres años ahí, y los seis anteriores ya me tenían fichada como la única cristiana en medio de católicos que odiaban a mi mamá… y por lo tanto a mí. He paseado por las sendas de soledad y dolor como pocos, y no miento cuando digo esto, porque por eso leía Apocalipsis con tanto temor… porque llevaba toda mi vida viviendo tales dolores y tales burlas y tales maltratos, a donde estuviera, que me preguntaba cómo podía ser posible que tras tanto dolor… solo hubiera una firme promesa de más.
Eso es a lo que más le tememos, ¿no? A morir.
A morir, y por eso nunca queremos estar solos, por ejemplo, porque la muerte no se expresa solamente cuando dejamos de respirar. Por ejemplo: cuando nadie nos hace caso… se siente como estar muriendo. Si no existes para nadie… ¿realmente estás vivo?
Y nadie quiere no estarlo.
Yo no tuve aspiraciones sociales después de los 10 u 11 años, cuando vi a una niña en la escuela regañar a la única otra cristiana por haberse ido a saltar cuerda conmigo en el recreo y esa niña asintió y se fue, yo quedándome ahí, sola. Ahí entendí que si no saltaba cuando esa niña dijera, tenía que estar sola y por alguna razón preferí entonces estar sola… porque podía haberlas seguido y haberme humillado para que me perdonaran por la transgresión y así ser parte de su grupo. Pero más bien, empecé a dejar las cuerdas en mi casa… y conseguí una para salto individual. La usé mucho tiempo. Mas o menos ahí fue cuando aprendí a esconderme en los recreos… y así lo continué haciendo hasta los veintitrés años. Qué tristeza me invadía de todos modos cuando lograba pasar las pausas con gente, porque no compaginaba nunca con lo que hablaban los demás. En primaria, todo giraba en torno a gustarle o no al guapo de la generación, o si acaso alguien te había invitado a bailar en la tardeada. El guapo de la generación nunca me miró y por ahí de la segunda tardeada aprendí que por alguna razón no me había tocado ser material para invitar a bailar… menos tener un novio como las más avanzadas hacían ya. En secundaria, ido mi papá, mi salud se quebró completamente y comencé con esa subida de peso que no se detuvo durante la década siguiente, y esa no es la edad para ser gordos. Toda esperanza de algo divertido como lo que vivían el resto de las niñas de mi generación murió ahí, y quedó bien enterrada. Los niños me odiaban y yo aprendí pronto a no acercármeles, porque mucho como los cristianos, ellos pueden ser brutales también. Y en prepa y universidad… todo era sexo. Y cómo aborrezco el tema, cómo sé que está contaminado por el mundo… porque mi propio hogar se vio roto por ello. Todo era vaciedad, todo el tiempo al escucharlos.
No sé exactamente cuándo me llamó el Señor, y cuándo yo decidí seguirlo… pero hoy entiendo que todo eso y lo de después fueron resultado de mi caminata con Él. Tal vez me llamó a los siete años cuando me invitó a no robarme la plastilina de mi compañera para salvarme de la reprimenda que me tocaría por otra vez haber olvidado la tarea… y le hice caso.
De ahí en adelante perdí toda capacidad para salvar mi propia vida, y todo lo que Él ha visto poco digno de ser preservado… lo dejó irse al polvo, como aquí he contado. Yo misma, me hice polvo.
Y luego llegaron mis veinticinco años. La edad de oro… yo la pasé encerrada en casa, y luego los veintiséis, y los veintisiete, y veintiocho. No ha habido remedio en mi vida salvo el que Él ha puesto… y aquí es donde entra el Apocalipsis de regreso.
Hoy considero que más de uno de esos eventos de soledad, creciendo, y desolación en el último lustro de mi vida han sido esa porción de angustia que me ha tocado vivir para que el Señor me perfeccione. Tendríamos que irnos leyendo capítulo por capítulo para que pudiera explicarte todo lo que entendí, que después llevo tres años viendo al Señor confirmarme, sin éxtasis ni apariciones, y esto conformaría un libro entero aparte, pero alcanza con decir que el deseo del Señor es habitar con nosotros aquí en la tierra, y lo que viene después solamente Él lo sabe, porque esa habitación aquí con Él, en su tabernáculo que puso en medio de los hombres, está llena y planeada para ser habitada y disfrutada aquí, a donde Él nos lleva a manantiales de aguas, enjuga nuestras lágrimas y nos protege del sol.
He sido entrenada para no moverme tras el dinero, y no lo tengo. No puedo hacer y deshacer cuando quiero, y si me salgo de mi casa no me queda nada. Pero en mi casa he encontrado a mi Señor. He encontrado cómo Él sí dejó todo por vivir conmigo, y todo lo demás, que en este blog también he escrito.
Lo único que no he escrito, es esto, lo que intento explicar hoy:
Que la razón por la que la oración del pecador, no sirve, es porque no conocemos en qué hemos pecado, y si no lo conocemos… nuestras obras no son limpiadas.
Si oramos, pero no dejamos de pecar… no somos salvos.
Que la fe alcanza para meternos a las bodas del Cordero y mirar a Cristo… pero si no andamos las obras para las que Él mismo nos salvó… nos van a sacar de la fiesta, y cuando lleguemos al Padre, Él nos va a decir que nunca nos conoció, que partamos de Él.
Que la razón por la que los panoramas escatológicos y los éxtasis espirituales que han adoctrinado el Libro de la Revelación de Jesucristo están errados porque no advierten de una real conversión aquí, y por eso leer el Apocalipsis tiene bendición para el que lo lee y entiende, porque abre el entendimiento a nuestra caminata con el Señor aquí y ahora, en medio de sus juicios, y sus misericordias. Porque dejan todo en el lejano futuro para una pobre generación mientras todas las demás solo esperamos, mal creyendo, y mal obrando donde sea necesario… para seguir viviendo.
En este tono, que fue como lo entendí hoy al despertar, oyendo la dulce voz de mi Salvador una vez más:
9 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. 11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, 12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.
Apocalipsis 7:9-17
13 Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? 14 Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. 15 Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. 16 Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; 17 porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.
En negritas, lo que desperté escuchando, ‘Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.‘ y en amarillo, la porción que nos toca como hijos, los que lo hemos seguido.
Bajo doctrina, y enseñanza de esos éxtasis que le dieron forma a la escatología, ésta sería le gente que murió por el Señor después del rapto, mas o menos, y ahora está ahí en el templo. Pero hoy lo recordé, y recordé cómo el Señor me ha hablado de las vestiduras antes, y de hecho lo he comentado aquí, incompleto. Hoy recibí la pieza faltante que es esta.
Primer parte de las vestiduras, la fiesta de las bodas de la parábola del Señor Jesús, en donde sacan a uno de los invitados por no llevar el atuendo correcto, esta está en Mateo 22:1-14. Si equiparamos a las vestiduras de Apocalipsis 19:8 que dice, “7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. 8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.“ podemos entender que esas vestiduras son acciones, obras.
Ya había hablado antes sobre el versículo de Pablo en efesios, pasaje de donde mucha gente se toma para decir que es salva sin importar lo que haga, cosa que Pablo no dice, sino “8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas,” pero después agrega este final que volví a poner en amarillo, que si nos aferramos a creer que no hay obras después de la fe, entonces hacemos a Pablo también como errado en sus palabras, con lo cual, no podríamos ya creer en nada de lo que escribió. Pero no, sí conoció al Señor, entonces lo que dice ahí es, Sí, solo por fe se es salvo… porque no hay nada que podamos hacer para lograr agradar a Dios y que no nos fulmine, y yo agregaría que no hay nada, tampoco, que nos hiciera aptos jamás para irnos en el rapto si hubiese uno, PERO, ya salvos somos hechura suya, creados en Él, para hacer buenas obras. Esas que después se convertirán en las acciones justas de los santos. Sí hay unas vestiduras blancas que ponernos, y una carrera que andar, preparada por el Señor de antemano para que la andemos, y hoy entendí que es esta, la del versículo que escuché de Apocalipsis 7:
‘Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.‘
Esas obras preparadas de antemano por Dios para que andemos en ellas, son nuestra gran tribulación… a la que todos estamos llamados, y se ajusta al diseño del Padre para cada uno.
Como muestra, Juan mismo se testifica como copartícipe en la tribulación, con nosotros en Apocalipsis 1:
“9 Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.”
Apocalipsis 1:9
Y así, empecé a entender nuestra carrera:
Por gracia, somos invitados a las bodas del Cordero, y qué gran bienaventuranza es esa, como el angel lo dice casi al final de Apocalipsis. —-> Entramos por fe.
…pero nuestras vestiduras tienen que ser cambiadas, porque como estamos seguimos contaminados, y el Señor nos ha prometido ser nuevas criaturas en Él, hechura nueva…
entonces entramos en una determinada tribulación que en específico tratará en nosotros aquello que para nosotros signifique perder nuestra vida para hallar la de Él, para ser hallados en Él, —> y así, nuestras vestiduras son lavadas, y nos es ceñida su armadura entera, de la que después platicaremos…
…y entonces empezamos a caminar en esas obras preparadas de antemano para andar en ellas. Obras de justicia, obras de verdad.
Y solamente ahí, podemos empezar a llevar ese lino fino, blanco y resplandeciente, que son nuestras obras justas como santos.
¿Y qué porción hay ahí? Esa que si no somos lavados, no podremos nunca conocer, y si no traemos el Apocalipsis a nuestras vidas como un presente continuo… nunca llegaremos a ver:
La vida, una vida entera como la que yo buscaba al lado de otra persona, pero al lado de Él… donde todo lo hecho sea solamente hechura suya y se vea mas o menos así, “por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos. 16 Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; 17 porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.“
- Estar delante de su trono continuamente, de día y de noche, lo que quiere decir que Él nos escucha y mira y estamos cerca… aquí todo cambia la vida en la tierra.
- Le servimos, realmente le servimos aquí.
- Él extiende su tabernáculo sobre nosotros, así estamos en habitación con Él todo el tiempo, nunca solos. Jamás solitos.
- No hay hambre
- No hay sed
- El sol no quema, ni hay calor
- El Cordero, Cristo, nos pastorea a vida, a fuentes de aguas de vida
- Y Dios enjuga toda lágrima de nuestros ojos.
¿Que sentido habrá en vivir eso hasta los días postreros? Pero lo hay en el que le dijo a Marta, “YO, soy la resurrección y la vida,”
Él es. No será, es. Y es todo esto. Y toda esta porción está al alcance si tan solo decimos sí, mientras está llamando.
Tal vez eso que tanto temes, que para librarte debes hacer algo que dentro de ti sabes que está caído, sucio… o duele, o hiere a otros… o a ti… si decides no ver por tu vida sino por seguirlo a Él, a Cristo… puede que pierdas eso que querías salvar, pero ese es el punto. Perderlo todo para ganarlo a Él… porque qué premio.
Eso sí te lo digo ahora, de este lado del agua.
Nada a nivel terrenal ha mejorado como el mundo festejaría, pero despertar escuchando su voz… la vida ya no vuelve a ser la misma después de eso. Y con todo, hoy sé que si tuviese algo de lo que perdí, si algo hubiese podido haber rescatado, o encontrado… si no es hecho por Él, no servirá de nada. Y lejos de Él, realmente no queda nada en la tierra, ahora que lo he probado.
Nada se compara a Él. Y hoy también sé que nada en la tierra, nada que uno logre, se puede comparar con las cosas que hace Él; Cristo tiene una manera muy detallada e impresionante de hacer las cosas. Al punto de que sí termina uno pensando en cómo su diestra está llena de deleites, que David no mintió en el Salmo 16.
Entonces, sé que esa tribulación momentánea solamente ha producido en mí también un cada vez más excelente y eterno peso de gloria,
y así mis vestiduras se han ido lavando, y un día, un día, llevaré puesto ese lino fino, blanco y resplandeciente.
Así también, habré vivido todos los días que el Señor escribió para mí, y al llegar a su presencia podré quedarme ahí. Pero antes, podré verlo, aquí en la tierra, todos los días de mi vida, habitando delante de su trono.
Eso lo testifico yo, hoy. ¿Pero sabes que es lo mejor?
Que esta puerta está abierta.
(Y tú también puedes entrar ahí.)
-SFTS


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