Nadie nunca te avisa, cuando quieres hacer algo, lo mal que puedes llegar a sentir que lo estás haciendo.
Lo seguro que puedes estar de lo mal que lo has hecho todo… y lo mucho que eso puede agitarte, hasta querer llorar.
¿Por qué llorar? Porque lo que querías hacer era importante para ti. No lo habías pedido, pero ahora que lo tuviste en frente… cómo lo quieres.
Cómo se ve de imposible… cómo parece que su peor obstáculo has sido tú mismo.
Así me he ido sintiendo con el paso del día. Estudio, reviso, leo y escucho; lo he estado haciendo hasta que empecé a voltear letras al anotar, como la m en lugar de la w, la h antes de la c en ch, y a agregar u‘s donde no van.
Jajaja, hasta me imaginé yendo al lugar a donde me imagino que Dios me espera y me escucha, llorando, entendiendo cómo es que habiendo habido oportunidades para hacer algo diferente, no las noté, y así las perdí.
Después de eso, un suave, “si dedicaste tantos años a hacer tus libros, puedes dedicar el mismo número a aprender lo que te está faltando.”
¿Cuánto tardé en eso? Como cinco años, quitando los tiempos muertos donde no hacía nada respecto al tema.
¿Cuánto ha pasado de que intenté sacar todo a la luz? Dos años. 2023 y 2024.
Esas cuentas me puse a hacer, y automáticamente recordé cómo el primer par de años con respecto a los libros no sabía bien lo que estaba haciendo o si era serio. En realidad, fue hasta mediados del tercer o cuarto año, cuando se encendió la luz que me permitió empezar a modelarlos en una novela formal; ajustando arcos, personajes, lugares, eventos, todo el universo. Decidiendo y entendiendo lo que llevaba años queriendo decir, pintando el mundo y los sentimientos que quería verter. Lo que necesitaba superar, y lo que quería olvidar. Lo que empecé a soñar, todo nuevo.
No es tan grave darte cuenta de algo así, con todo y que te frustres porque no sabes cómo resolver. El asunto es que, para mí, llevo dos años y medio intentado hablar con un público que no conozco, y que no me quiere escuchar y me siento cansada.
Toda la semana he escuchado, “canta bien, para que seas recordada,” y hasta hoy, después de unas cuantas veces de haberlo recordado, vino a mí el considerar mi aprendizaje más reciente, el de no desechar la voz del Señor cuando habla. Hace como 4 días me recordó Isaías 23, que tiene una historia complicada y un destino dulce-amargo al final que nunca he entendido del todo, y que casi no me gusta, y entonces decidí ignorarlo como las demás veces. Sin embargo, es ahí donde esa frase que he estado recordando está escrita. Hoy, de todos los días, no pude esconderme más a esa realidad, porque lo que estoy estudiando se parece en materia y propósito a lo que Isaías 23 habla.
Canta bien para que seas recordada…
Y luego temo que sea un regaño porque no he cantado bien hasta este punto, porque tal vez he sido indolente… el Señor sabe que perdí voluntades muy básicas en los años anteriores más allá de bañarme temprano o no; la desesperación me ha hecho ya no querer saber nada de nada porque nada funciona. Por ejemplo: el curso que estoy tomando para la maestría, esta semana, es uno que guardé el verano anterior. Mi mamá no lo recuerda pero yo sí, y ayer me di cuenta. Y hoy, empezaron a llegar las respuestas; todavía no entiendo bien cómo se aplica todo, pero entiendo que hay espacio para mejorar.
Este simple curso, no quise tomarlo porque nada de lo que he hecho, anteriormente, ha resultado como esperaba y literalmente me aventé un deliberado, “no tiene caso.”
Y seis meses después, aquí me tienes. Tomándolo a la fuerza para la maestría.
Luego pienso, no es un regaño, tal vez ni siquiera una amonestación, es el deseo del Señor haciéndose realidad en mi vida, al estilo de que me dio tiempo sola, pero viendo que me estaba desequilibrando demasiado dentro del vaso de agua, trajo a sus viejos amigos, confiables y estables en mi caso:
Los profesores y la academia.
Si no pierdo demasiado el tiempo, todo es simple… como sea, ya estoy aquí.
Y entonces, empiezo a notar oportunidades del par de meses recientes y su significado. Sí, eso también es simple, mamá tiene razón en que nadie sabía… pero ¿y si no regresan?
Y he ahí el cansansio. CansanCio*
Basta con haber recordado una de mis canciones favoritas cuando al fin tuve la voluntad de meterme a bañar, por ahí de las cinco. La empecé a escuchar como grabadora en mi cabeza. Esto no es nuevo para mí, pero en la última semana me ha pasado en las noches y ahí sigue la música al despertar por la mañana. Es agradable.
By the last ride, you hit some serious walls… and that’s that feeling of suddenly realizing how tired you are…
…at that point, you just put your head down and ride.
El último ejemplo de las lecciones que terminé hoy, cargaba esa frase. ¿Y la canción que recordé?
I will make way, I will not move, until I encounter You…
come have Your way, here in this room, until I encounter You,
for I know who You are, for I know who You are,
so I fall down, fall down, at the feet of Him who gives me mercy,
His blood the only thing that saves me,
the only thing that saves me…
I will make way, I will not move, until I encounter You…
come have Your way, here in this room, until I encounter You, – Fall Down, Harvets. Harvest*

De acuerdo, estoy escuchando, Señor.
Si toca aprender a cantar, quiero hacerlo. Yo también tengo, TENGO, que creer que me vas a salvar, y a toda mi casa.
Yo también sé quién eres.
También sé que nos vas a encontrar ahí donde las aguas se ponen bravas pero sigue habiendo una Roca.
-SFTS


Leave a comment