…mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.
“Habías orado por misericordia,”
“Es mi respuesta a tu oración,”
“Pediste misericordia y esta es mi respuesta,”
Pero yo lo ignoré todas las veces.
Tal vez es lo más importante que he escuchado en mucho tiempo… pero yo lo ignoré. Qué novedad.
Después de tanta incredulidad que veo en mi diario actuar y pensar, en medio de que llamo al Señor todos los días porque me siento vacía ante la idea de estar un segundo sin Él, no sé si decir que me arrepiento de ella y todo lo que he sido antes y después… que me arrepiento en polvo y cenizas como Job, sería suficiente.
De verdad lo hago.
Quiero creer, quiero no desechar su voz cuando la oigo… en el instante. En el instante creerle y actuar acorde.
En esta ocasión sé que tiene que ver con que nunca antes lo he visto librarme como yo esperaba, junto con mi casa- aún el nombre de este sitio… “Protegida de la Tormenta” con eso lo digo todo, ¿no? Estoy acostumbrada a pasar por el viento, los truenos, la lluvia, o aún el fuego… porque ahí ha sido donde su mano me ha llevado, y ahí dentro lo he encontrado. No es sorpresa entonces que el escuchar algo que se incline hacia la no-tormenta, me sea desconocido completamente. Tal vez no lo ignoré, sino que solo escuché algo que mi cerebro no sabe computar, algo que porque no ha conocido, no sabe cómo se recibe.
Todavía lucho con la idea de que la lluvia puede caer temible aún así y que esta misericordia inicial es poco estable, o de corta duración.
Luego oigo a mi mamá hablando en este instante, con mi hermana mediana… recordándole cómo Cristo, cuando volvió a sus discípulos después de la resurrección, se aseguró de comer algo delante de ellos para que no fueran a quedar con la idea de que era una imaginación o un espejismo o un fantasma. Nada de lo que Él hace es inestable, errado, o inconstante.
Este año inició conmigo cansada de mí misma, de mis hoyos y dudas y rebeliones delante de Él contra las cuales hasta yo he levantado la espada porque no quiero nada que me separe de Él… y Él me llevó como respuesta al despertar de un mundo desconocido y nuevo. Por eso no he escrito aquí, porque estoy recibiendo todo ello aún, y haciendo mis preguntas respectivas.
Quiero saber lo que quiere… y lo quiero a Él. Eso al menos sí lo tengo claro.
Antes de empezar a leer aquello que ha cambiado mi mundo entero y subido más hacia Él, sí hubo una advertencia que en ese instante le sonreí semi-dormida y acepté como una noticia estupenda:
“¿Te acuerdas de cuando temías deshacerte de tu auto? ¿De lo que temías perder?”
“Mi jovialidad, mi coolness,” asentí sonriendo, “recuerdo.”
“Te vas a convertir en lo que menos hubieras imaginado en ese entonces, o deseado, cuando termines de leer esto.”
Pues yo no sabía que mi respuesta aliviada y alegremente esperanzada en esa hora sonaría casi igual que el “Estupendo,” de uno de los personajes de la historia real en la que estaba por embarcarme.
¡Estupendo!

22 Ahora, pues, no os burléis, para que no se aprieten más vuestras ataduras; porque destrucción ya determinada sobre toda la tierra he oído del Señor, Jehová de los ejércitos.
Isaias 28:22-29
23 Estad atentos, y oíd mi voz; atended, y oíd mi dicho. 24 El que ara para sembrar, ¿arará todo el día? ¿Romperá y quebrará los terrones de la tierra? 25 Cuando ha igualado su superficie, ¿no derrama el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, y la cebada en el lugar señalado, y la avena en su borde apropiado? 26 Porque su Dios le instruye, y le enseña lo recto; 27 que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara. 28 El grano se trilla; pero no lo trillará para siempre, ni lo comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con los dientes de su trillo. 29 También esto salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.
A la noche del viernes, este pasaje fue el que el Señor me trajo a la memoria. No entré a la primera, desgraciadamente, y todavía me pregunto cómo será la vida si oyera su voz y a la primera hiciera caso.
Al menos una cosa he aprendido de esta vida:
Que ni a causa de mí misma Él se detiene, y lo infinito de su misericordia, lo inexplicable de su amor eterno.
Ahora, avanzada con los libros que he estado leyendo, que han consumido mi tiempo sin que yo guarde objeción alguna al respecto porque me hablan del Señor cosas que yo sabía pero no había jamás entendido, ayer le pregunté al Señor si le gustaba cierto postre específico. Lo pensaba más bien porque si uno me ofreciera Él, para comer juntos, habría yo pensado en ese no por razones muy complicadas sino porque no tengo una gran gama de opciones.
¿Sabes lo que implica que Dios te recuerde con firmeza e insistencia que Él no hace la misma obra para siempre?
Pues para mí, antes de este viernes, era algo como:
“Sí, ya sé, ya sé, un día en el lejano futuro las cosas cambiarán, lo sé,” a ver si sigo viva.
o, “lo sé, lástima que temo que sea muy tarde y a manera que no me va a gustar,”
Y luego, llegaron las 15:00hrs de hoy.
Fríe el higo.
Me estaba haciendo la comida de medio día y solamente pensé, eso suena bien, y procedí a comentarlo a mi mamá mientras sacaba la canastilla de higos del refrigerador.
Fríelo con mantequilla.
Mamá quería que lo hiciera todo cuando le dije lo que me disponía a hacer, y automáticamente me sentí agotada de solo pensarlo. Ya mi comida estaba lista, pero esto fue de esos inconvenientes que son todo lo opuesto, pues en cuanto puse seis higos a freír en mantequilla, supe que harían falta más porque olían delicioso. Así, corrí a lavar el resto y los agregué a mi sartén.

Lo siguiente no fue complicado, cuando me vi echando algo de harina encima y picando unos cubos más de mantequilla en mi mente, me giré por los contenedores e hice como acababa de ver.
Luego de esperar, agregar un poco de azúcar, y esperar un poco más… destapé el sartén para ver un precioso postre que jamás había imaginado sería posible hacer con los pocos ingredientes de aquellos que sí puedo comer.
Como esperado, llamé a mi mamá a servirse, le serví a mi hermana mayor y cuando la mediana apareció le avisé también que viniera por su pedacito. No duró mucho. Bebí algo de leche junto a las cucharadas que puse en mi propio plato, me supo delicioso y comencé a pensar en todas las opciones que de pronto se vieron posibles, podría utilizar cualquier fruta, pensaba cuando miré a mi mamá, “me siento inspirada, me gustó mucho este pay,” le dije, imaginando cerezas a mi alcance, “me agrada que ya sé con certeza de dónde vienen mis ideas,” continué, pensando en mi Señor.
“Cuando tenga un menú completo, le voy a preguntar al Señor dónde pondremos nuestro restaurante,” bromeé después, porque la idea no me ha faltado en el último mes y la veo posible. Uno para personas como yo. Uno para el que Él me diera las fuerzas, también. Posible hablando de que no faltarían ideas ni ese valor agregado relacionado con hacer algo nuevo y diferente y bueno, no de que tenga los medios para hacer algo ni medianamente cercano.
En fin, sentada a la mesa, uno de los niños llegó a mover los dibujos que habían hecho el día anterior para llevarse los suyos. En el movimiento, dejó a la vista el de su hermano y yo me le quedé viendo a ese como desde ayer; fue un dibujo muy interesante el que el niño hizo.
Ahí fue cuando lo escuché:
En el arca, los que iban con Noé debían haber ido muy asustados en medio de la tempestad que no tuvo fin durante semanas.
Yo lo imaginé por primera vez en mi vida, y asentí, considerándolo así por primera vez en mi vida:
tanta agua, a donde voltearan. Y nada fuera del movimiento agresivo de la marea que subió y subió hasta que toda la tierra desapareció.
No ver tierra en días los hizo sentir aterrados, y no sabían si volverían a verla, o si perecerían ahí. Y un día la paloma llegó con ramas, y otro quedaron sobre una roca y pudieron desembarcar.
El Señor fue fiel, no hizo lo mismo para toda la vida.
Noé y su familia volvieron a ver tierra.
y después, mas o menos al mismo tiempo:
Roles de canela están bien, pero ¿qué te pareció el higo así? Y entendí lo que el Señor acababa de hacer, porque me recordó mi pregunta de ayer ahí mismo; esa acerca del postre que podríamos compartir.
Es tan tierno… el Señor… que de verdad hace imposible imaginar una vida sin Él.
Quiere que entienda el cambio en sus tiempos, que hubo misericordia y que la vida no acabó en ni una sola de las ocasiones en las que estuve segura de que lo haría, porque su obra está por verse diferente, si no es que ya lo hace, volviendo al asunto de su haber tenido misericordia de mi casa en algo que lamentábamos altamente.
Tal vez porque estas muestras de cariño y fidelidad podrían estar señalando en sí mismas que nos acercamos a ver tierra pronto, y que un día no muy lejano podremos desembarcar del navío que nos ha aterrado durante años. El mismo que ha sido la salvación del Señor puesta para nosotros, toda esta circunstancia en la que hemos vivido ya bastante tiempo.
Quiero escuchar y atender a su voz, porque sé que de otra manera no será posible tener éxito en Él, permanecer en Él, cuando la puerta del arca sea abierta por su mano una vez más… y por eso lo anoto aquí, que en el tiempo de su buena voluntad:
Él ha tenido misericordia, y la tendrá.
Le gustan los higos.
Nos ha preparado con cosas nuevas, todas de valor altísimo, cosas suyas.
Un día el arca tocó tierra.
Mi fe incompleta y que olvida y omite… simplemente tiene que oír y creer a la primera.

Todo, todo, todo lo que me ha mostrado no lo ha hecho para hacerme sufrir; si no ha sido para salvarme y librarme, enseñarme o abrir mis ojos a Él, puede aún ser para que vea la Eterna Esperanza que todo con Él tiene. Que un día, solamente se requiere un día para abrir una puerta y dejarme bajar, o para cerrarla y dejar a alguien fuera.
Seguimos vivos de este lado de la costa que en Él espera.
-SFTS


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