y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí.
¿Será quitado el botín al valiente? ¿Será rescatado el cautivo de un tirano? Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será
arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos. Y a los que te despojaron haré comer sus propias carnes, y con su sangre serán embriagados como con vino; y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.Isaías 49:23-26
Ciertamente esperar en alguien a quien cuesta trabajo ver es difícil. Hay muchas cosas que me cuestan trabajo; las matemáticas, guardar la calma, ser paciente, hacer mi cama todas las mañanas, y aún lo más básico y esencial cuando no me siento muy fuerte, como hacerme de comer o siquiera pensarlo. De todas, buscar al Señor y entenderlo es la más complicada. Esperar en Él, y creer en algo que no sé ni cómo se ve, en sus palabras, ha sido peor.
Ciertamente entiendo cuando me han querido hacer ver que una vida sin Él es más sencilla para el ser humano. Sí, habría más relajo, pero todo sería vacío.
Es en estas aguas en donde aprendí acerca del amor. Muchas veces ni por obediencia te quedas con Él, sino porque has aprendido a ver cuánto te ama. Por sus obras que le has visto, al menos eso tienes. Y entonces aún si no sabes cómo se ve el futuro, al comparar tu presente con tu pasado… puedes darte una idea; ahí entiendes su amor, y si acaso solo ves eso, con eso tienes para seguir adelante.
El jueves la llamada llegó como a las dos.
¿Recuerdan el bazar al que fui con mi familia a mediados de noviembre?
Mi mamá había intentado anotarse a otro, pero no fue posible. Nos quedamos en la lista de espera para el año que entra. Así suele ser nuestra vida, y ya estamos tan acostumbrados a esto que ni siquiera nos resistimos; si así vienen las cosas pues así vienen y ya. Menos angustia para uno, de cualquier manera.
El asunto había quedado en el margen de la existencia, y cualquier tema relacionado a los negocios también, de momento. Esto también es común ahora, que si Dios no parece abrir puertas pues nos volvemos a casa y todo remediado. ¿Por qué? Porque lo hemos visto abrir puertas, puertas que a veces hemos tocado y tocado como locos y no vemos moverse ni un centímetro… y un día de la nada Él las abre. Si has conocido esto en tu vida, sabes a qué me refiero cuando digo que prefiero mil veces verlo hacer las cosas Él que deshacerme por hacer algo yo y de todos modos no llegar a nada. En fin, ese día no estaba ya pensando ni en esto.
No estaba pensando en nada, tuve fuerzas para meterme a bañar antes de que llegara el medio día, y así lo hice, y después llegó la llamada.
“Se van a divertir,” fue como cerró el asunto antes de que saliéramos de casa a montar nuestra mesa en aquél bazar para el que tal vez podríamos haber asistido de aquí a un año, sin que ese año pasara, al parecer.
Cuando llegamos, nos sonrieron algunas personas. Yo iba pensando en que somos gente que realmente ya no sabe divertirse… o que mas bien ya no encuentra divertido mucho de lo que el mundo hace, pero ahí estábamos montándonos como a las 6 de la tarde. Fue aquí en la colonia, y nos costó poquito, comparado con lo que el Señor nos permitió ver al siguiente día, pero no me quiero adelantar.
Toda esa semana, yo había estado recordando cómo mi Señor me ha dicho varias veces que Él también hace cosas en un momento… y justo ahora yo recuerdo que hace como nueve meses yo le dije que para el número de faltantes y el tiempo tan avanzado, Él tendría que empezar a hacer algunas de esas, en un abrir y cerrar de ojos, para que mis ojos y los de todos los que amo lleguemos a verlas antes de dejar la tierra; hay muchas que se van haciendo más y más imposibles conforme corre el tiempo. No pensé mucho mientras montábamos. Cuando me concentro en el asunto, no suelo pensar mucho más. Montamos, y ahí nos cayó la noche.
No vendimos nada.
No vendimos nada, pero cuando Dios llama… no debemos hacer caso omiso. Esos son justamente los instantes donde no debemos dejar a las tinieblas ganar; cuando Él llama. Ahí debemos dejarlo ganar a Él, aunque el único resultado posible se vea poco atractivo. Es poco atractivo, saberte cantando por las calles a un público que no quiere escuchar… pero no había tiempo para eso, tampoco.
Cuando llegó la hora de recoger… así lo hicimos, y volvimos a casa.
A la siguiente mañana yo desperté temprano oyendo cómo hacer algo de material visual para mis libros, que no tenía, que me sirviera de apoyo a la hora que alguien viniera a preguntar por ellos; si acaso eso sucedía. Yo atiendo la mesa del lado donde no están mis libros; los he dejado como huérfanos inconscientemente, o plenamente consciente, porque cada que veo gente acercarse a esa parte de la mesa se me riega la adrenalina terriblemente. Pues esa mañana terminé el material y a las 10:30 ya estaba ahí montada con mi hermana mayor. Cuando le llegó la hora de desayunar, ella volvió a casa y yo me quedé ahí.
Para esto, la mesa nos la habían cambiado de lugar de afuera de la carpa, a un espacio adentro, al lado de una mujer poco amable. Supongo que le molestó que nuestra mesa cortara el gran espacio que había ella tenido el día anterior para vender. Yo percibí el asunto, e intenté hacer contacto visual y mostrar amabilidad sabiendo que no tenía nada de malo que mi mesa estuviera allí, pues era cosa de los organizadores… pero era tan claro, que podía oírlo en el espacio que no se ve, ese, “Sí, pero lo que tú haces no vale tanto, o tú, valgo más yo,” soy más importante yo, y me estorbas, que ya he percibido antes, en otras tierras, de otras personas. En el bazar anterior pasó algo parecido, pero en esa ocasión casi nos quitan nuestra carpa. Gracias a Dios, pude contactar a la organizadora a tiempo y no nos movieron de lugar. En esta ocasión, no había necesidad de contactar a nadie, porque el lugar ya nos había sido dado… desde la llamada del día anterior. Pero cómo sabe el ser humano hacerse sentir cuando así lo quiere. Cuando noté la molestia, me remití a mi mesa ya sin voltear… mucho menos hablar. ¿Pero de qué lado de la mesa creen que quedé? Del de mis libros.
Tenía frío, tenía muchísima alergia… y no había dónde ponerse que no se sintiera árido y filoso salvo donde estaba, en el extremo más lejano de la mesa de la otra señora. Poco después llegó su hijo a suplirla, pero yo ya no volteaba para allá siquiera. He notado que si me esfuerzo tantito, puedo hablar en público, ofrecer los productos cuando alguien se acerca lo suficiente como para sentir su interés, pero esa mañana me sentía perdida, y no quería hablar con nadie. Tampoco hubo mucha afluencia, cosa que empecé a notar mientras sentía el tiempo ir pasando con lentitud. Un señor se acercó a preguntarme por los libros como a esa hora, pero supongo que los vio muy de niña… cosa que no son, pero no es fácil dejar de juzgar al libro por su portada… y no hablo de los libros físicos. Esos y yo hemos sufrido ya más juicios de otros tipos aún al pasar de las portadas; pero aún así no me desdigo de nada. El señor se despidió y yo solamente le sonreí. Sobre este punto, me adelantaré a algo que escuché ya acabado el bazar, por ahí del domingo, y ha sido que si tan solo me atrevo a decir de dónde vienen, y dejo de temerles… o temerme a mí misma, tal vez aún a los demás, y soy honesta… cuando me pregunten de qué son, podría no responder como he hecho hasta ahora, intentando colocarlos en alguna casilla mundana para explicarlos, o remitirme al género, ficción, aventura, romance… y decir más bien la verdad:
Son los libros que vienen de los caminos de dolor por los que he andado. Que Desterrados es el primero, y es en donde se nota la herida sangrante que cargaba tras el abandono de mi papá, esa con la que crecí, que me crio más que el propio hombre antes de haberse ido en la semana cuando cumplí 13 años. A veces todavía temo que esa herida me haya criado más que Dios, aún, porque hay mecánicas mentales que me está tomando toda la vida que tengo el ya no caminarlas y no caer en la desesperanza, y ya tengo 29 años. Que por eso hablo tanto de esperanza ahí, porque para mí la historia llegaba hasta donde Hanna ya no puede vivir y decide en serio no hacerlo. Y después Dios me dio otros pensamientos y otros sueños y Hanna sobrevive el libro; aún si otros no lo hacen.
Que Vivos es el segundo, y es el libro donde perdí toda la luz para el siguiente día, porque mi corazón no pudo manejar los niveles a los que el odio puede llegar, aún en medio de tu propia familia. Y cómo clamaba cuando escribí ese, porque ya no me quería morir… pero ahora parecía ya no tener de otra; todo donde habíamos caído significaba muerte segura y de ahí viene este. Y amo tanto al Señor, porque en el tiempo más mortal de mi vida donde la oscuridad fue lo peor que he visto y sentido y conocido y presenciado… me dio un libro que se llama Vivos. Que es el libro de los caminos de muerte que he andado, en donde no morí. Es la encrucijada en donde tanto Hanna como yo vivimos, y en donde conocí al Señor verdaderamente, donde empecé a verlo… más allá de la muerte.
Y que Valientes , el tercero, son las páginas en donde empecé a despertar a mi propia oscuridad, venida de esa herida que me había criado… y al llamado de Aquél que había llegado para deshacerlo todo. Y cómo me ha costado atender, pero ahí hay luz y por esa es por lo que no cambiaría nada de mi vida.
Que son mis libros y son más para mí que una simple historia que se me ocurrió contar un día, que son más bien la manera en la que mi corazón pudo seguir latiendo, y entender todo lo que le estaba costando hasta ese mismo latido. Que no los escribí por gusto ni con deseo, que no fueron algo que busqué o que desperté un día queriendo hacer; que son lo que Dios encontró para salvarme a mí misma. De mi herida, de todo el mundo, del pasado y del presente, de mí, para contar de Él. Y ahora tengo que hablarlo así.
Que es más increíble la no ficción que contienen que la ficción, y más doloroso lo que no sale en las aventuras, que las heridas de las batallas épicas.
Hoy lo entiendo, al menos. Y mucho tiene que cambiar en ese aspecto, como lo hizo a la fuerza ese viernes cuando no tuve de otra salvo parármeles atrás todo el día. Hasta que me atreva a confesar que son míos y que sí, la autora está ahí.
Algo más aprenderé de todo esto conforme pase el tiempo, en tanto que sigo siendo libertada de mi propia crianza y hasta permanecer en solamente pensar en Él y su vida.
Volviendo al viernes, mi hermana llegó después de un rato y movimos la mesa. Me sentí tan aliviada… que disfruté el sol lo que quedó de la tarde, y para mi poca sorpresa, la señora del puesto de al lado volvió a sonreír, ya tenía su espacio completo otra vez. La tarde pasó tranquila, en esa tranquilidad en donde te volteas con Dios con cara de pregunta, porque no entiendes el punto pero no quieres pelear. Nadie compraba nada. Como a esas horas, hubo un evento que me inquietó, pero tardé en entender, y es el que sigue:
Como a media tarde, algo pasó que, sin viento, sin nada que pudiera haber agitado el ambiente, el maniquí que la señora del puesto había colocado se volcó al suelo en un golpazo. Me acordé de la señora de las palomitas del bazar de noviembre, la que ya nos estaba quitando nuestra carpa el primer día, carpa comprada por nosotras por si hay que aclarar, que el último día pasó campal a nuestro lado y se le cayeron sus palomitas delante de nuestro puesto. No fue agradable, pero algo me detuvo en mi lugar ambas veces.
Después de eso, volviendo a diciembre ya levantado el maniquí por alguien más, llegó una señora a nuestro puesto que sin mucho reparo compró tres de nuestros productos de cabello más caros.
Es la primer venta de mi vida.
En persona, al menos.
Para la noche, llegaron algunas más y sin saberlo, en cuestión de una tarde habíamos vendido suficiente como para cubrir el gasto del lugar y las cuotas.
Al siguiente día, tampoco hubo movimiento temprano, pero yo estaba agradecida porque al menos lo del día anterior ayudaba. Ese día, sábado, nos dejaron definitivamente al lado de la señora, que no pareció feliz otra vez. Yo tardé en entender unos días que, ese lugar aunque al lado de ella y su enojo, era el mejor para nosotros porque de la otra manera tanto el maniquí de la señora, como su espejo, nos cortaban del recorrido para los asistentes del bazar; era como si nuestra mesa no existiera. Y como resultado, ese día ya no nos movieron hacia afuera, sino que nos dejaron adentro, donde nos habían llamado. No vino mucha gente más, pero fue hasta la noche cuando llegó una amiga de mi mamá otra vez, a comprar algunas cosas, y ahí sentí yo una mirada poco agradable… la señora de al lado no se veía feliz en absoluto. Hasta después capté que podía haber sido porque no le causaba gracia vernos vender. Esas cosas se dan en esos medios, creo, y no había sido un gran día de venta para ella. Yo no tuve tiempo para reparar en eso, porque en un instante cuando me quedé sola en el puesto escuché algo que despertó mi corazón al dolor, de ese que más escondo. No es difícil escuchar al diablo y descubrirlo, si ponemos atención.
Oficialmente el bazar va a acabar y se siguen burlado de ti allá arriba, todos en tu casa vendieron algo, menos tú. Nada de lo tuyo. Nadie quiso lo tuyo.
“Si tan solo la gente se diera cuenta de que es aquí donde pueden realmente ocasionar un cambio, pero no, todos quieren leer pornografía moderna, no avanzan con mi libro, las niñas de ahora, porque no es pornografía y punto. ¿O cómo dicen? Brujas, si no es spice, es magia y… nada de lo que yo hago. Ah, o por no ser famosa, o cargar un gran sello editorial atrás, sí, lo olvidaba,” respondí yo sin mucho reparo, sabiendo de dónde venía el pensamiento, y buscando cómo librarme de ese.
“Estoy cansada de sentir que hablo para un público que no me quiere escuchar,” esto lo dije viendo en mi mente el filo de un trono que ahora ubico con facilidad, y supe que había librado el pensamiento. En cuanto giramos a Dios, para ver qué quiere decir Él, libramos al que nos quiere hacer caer.
A las nueve de la noche encendieron el árbol de navidad, y más tarde dieron cena para toda la colonia asistente. Yo me estaba desesperando de ver a todos comer y disfrutar, mientras recordaba que no había comido nada desde la 1pm. Cuando la señora del puesto de al lado comenzó a guardar sus cosas, giré con mi hermana y en pocas palabras acordamos empezar a guardar, yo empecé a sortear las luces de la mesa y sus cables.
Hay una cosa que tengo que aprender, y es que Dios responde cómo y cuándo quiere; pero cuando lo hace hay vida para nosotros, si creemos. Si hay fe cuando Él llegue.
En esta ocasión no me tuve que ir con las manos vacías, pues he ahí mi mamá que llegó con otra de sus amigas. Ella presentó mis libros, ni siquiera me miró, y yo no hice nada salvo ver. Ella, enseñó lo suficiente como para que sus hijas compraran el primero.
Yo di las gracias y entregué la pieza, en silencio interno. Ya sé, soy muy tonta y me cuesta captar… todavía me cuesta ver cuando Dios está queriendo hablarme, y a veces hasta agradarme. Él a mí, cuando por derecho yo no merecería ni que me mirara, cuando soy yo la que tiene toda una vida por delante de luchar por serle agradable; yo a Él.
Y aún así…
de ahí el amor que intento explicarles.
“Yo lo quiero,” me dijo mi mamá a la mañana siguiente, que fueron las palabras de la hija de su amiga, “tenemos que apoyar a los escritores independientes,”
Y yo ya no pude ignorar a mi Señor. Ahí ya no.
Fue con mis propias palabras con las que me respondió, llevando a alguien que adquiriera uno de mis libros y me dejó a mí sin palabras durante una semana, salvo el intentar hacerle ver cuánto lo amo y cuánto quiero luchar yo también por creerle y seguirlo a donde llame, y al diablo con más pérdidas, porque ahí, en ese instante, el Señor probó cómo ese estaba equivocado. Nos dejó a mí sin palabras y al diablo sin aciertos.
¿Qué más puedo agregar? Sí, se le sigue en cosas invisibles durante mucho tiempo pero un día todo cambia, y como encendieron el arbolito ese sábado… como todo era oscuridad porque se apagaron todas las fuentes de luz minutos antes y después el arbolito brilló… así, un día todo cambia. Cada cosa que veamos sin fin e imposible, un día cambia.
Y ahora todo está cambiado porque algo despertó este fin de semana que pasó, que me ha tomado escribir porque todavía hay lucha por que yo pierda el foco y el punto, y que no entregue el mensaje. Y esto que despertó, Él lo ha hablado y es en lo que nos toca caminar sin importar cómo se vea.
Hablo como con prisa porque tengo prisa, prisa por dejar esto hecho antes de salir porque hubo un día, creo que ayer, en donde escuché un suave, de todas maneras nada tiene sentido ni punto, y sé, sé que hay entonces quienes no quieren que hable.
Ya tendí mi cama, de hecho mis sobrinohermanitos están aquí, oyendo la música mientras escribo… y me recuerda a cuando yo hacía lo mismo con mis hermanas mayores en este mismo cuarto, hace al menos veinte años.
Sí voy a tener fuerzas para bañarme, y arreglarme para hoy y para mañana.
Sí voy a salir y un día no voy a regresar mareada ni sintiéndome que me muero de lo fatigada, ya lo veré y quedaré sin palabras otra vez.
Sí hubo venta cuando Abba lo quiso.
Sí, hubo oscuridad y hemos creído a ciegas… pero Él, Autor de la Vida, está presente, ¿cómo no va a ser notorio eventualmente? ¿Se puede creer en Él en vano? Él no lo dice así.
Por una vida en silencio de mi parte, si es lo que me toca, solamente por verlo a Él.

…y conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí.
…y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob.
Solamente por conocerlo a Él.
-SFTS
“Entraré en tu pesadilla, soy la Luz en tu oscuridad,”
-Un momento, G.E.M.


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