Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


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Cómo algo tan pequeño puede hacerte querer replantear todas tus decisiones y querer salir huyendo.

Salir huyendo aún si las cosas no fueron tu idea.

En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo. Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día, para que nadie la dañe. No hay enojo en mí. ¿Quién pondrá contra mí en batalla espinos y cardos? Yo los hollaré, los quemaré a una. 

Isaías 27:2-4

El sábado inicié un posgrado, que honestamente solamente Dios sabe por qué, y lo que el futuro con respecto a eso depare.

Lo que yo sé, es que hice mi mejor esfuerzo para pasarlo bien… hasta que todo tomó una dirección inesperada. Una que me hizo empezar a pensar en todas mis opciones posibles para zafarme, por cierto. De ahí a aquí, por cada una de esas, de repente estoy en silencio y empiezo a pensar cosas nuevas que sé que me harán imposible el huir justo ahora. No podré. No puedo. El asunto es que, estar ahí, me recordó instantes que cargo desde chiquita, muy chiquita, que me hicieron sentir el mundo derrumbándose a mi alrededor, solamente con el propósito de aplastarme. Tocó un simple repaso de álgebra y todo lo relacionado (que duró cinco horas) el cual empecé bien hasta que, sin pensarlo, ya casi por acabar la clase, llegaron ejercicios que por más que lo deseaba hacer correctamente, respondía mal. No ayudaba que el compañero de al lado terminara pronto y se asomara a mi cuaderno como no queriendo la cosa, sin decir nada después de hacerlo. Una de mis peores inseguridades tal vez era que vean lo tonta que soy. Que cosa mas vana, ¿no? Todos lo somos en más de un aspecto la mayor parte del tiempo. Pero yo estaba tan desesperada, que de pronto ya no estaba en mi salón ahí, en la universidad, sino en el de la secundaria o la primaria, por ahí de cuando terminé por perder mi mente definitivamente con respecto a todo lo que tiene que ver con escuela. Allá, donde yo entraba al salón, tomaba asiento, sacaba mis útiles, y cuando volvía a parpadear todos estaban resolviendo ejercicios, platicándolos, pasando a pizarrón, y yo no entendía una vez más lo que había pasado. Todos captaban, yo no. Todos pensaban y yo no, fue lo que después de eso yo me hice a la idea de creer, porque cuando preguntaba, lamentando no entender ni lo que hacían ni por qué simplemente no podía poner atención y hacer las cosas, todos a los que acudía se molestaban… seguramente preguntándose lo mismo. Eso años más tarde terminó por desembocar en una terrible soledad en el Colegio donde había crecido, donde ni los compañeros ni los maestros me toleraban. Cuando eres niño, ese tipo de cosas te marcan hasta niveles que son difíciles de definir. Mas o menos a mediados de ese tiempo fue cuando mi papá nos dejó, así que ya se imaginarán que si todo había ido mal antes, decir que se puso peor después sería poco. Y ahí me encontré el sábado.

Naturalmente quise correr, pero no solo eso, sino desaparecer; ya acabarlo todo, dejarlo todo y deshacer mis pasos porque me había metido en camisa de once varas y para lo lejos que el Señor me había llevado… volver a algo de eso sería tonto.

Al salir, me sentí pésimo fisiológicamente hablando y me costó comer lo que restó del día; temí aún que se me gatillara un episodio como los del pasado.

Ahí fue cuando me empecé a preguntar, a diferencia del pasado, qué me había ocasionado tal reacción. Pues eso, la memoria del pasado. El haber vuelto por una decena de minutos.

No me sentí bien el resto del día, pero al menos lo pude pasar sin ponerme como me ponía. Sí, eso es avance… y seguramente por eso el Señor me ha decidido llevar allá de regreso; para colectar las partes que se quedaron ahí, como en los demás lugares de los que siempre hablo… porque supongo que este sigue siendo un relato de sanidad.

Por todo ello, para el domingo había decidido que no me movería (huyendo), aún si mis manos querían rogarlo. Que no huiría, aún si mis pies estaban listos para ello. Que no me volvería atrás, aún si mis rodillas estaban listas para dar el pivote. No, hasta que Él mismo me remueva. Ese mismo día había escuché varias cosas en la noche, las que me hicieron decidir:

Días antes había terminado por entender que estaba enojada con Él todavía en aspectos ya muy internos, casi como mi médula. Todos los cuales se hicieron sencillos de esconder conforme ha pasado el tiempo. Enojada porque lugares en los que lo he necesitado, Él no se ha presentado como lo esperaba. Enojada por verlo fallar, fallar porque no llegó en todas esas como mi Knight in shining armor... y tampoco mandó uno que hiciera su obra, que revelara su corazón. Y porque cada que falla y no me salva o libra, yo lo he tomado como que me dejó… igual que todos los demás. Y si me dejó… solamente puede ser porque está enojado. Yo sabría de eso. El problema es que… ¿has sentido cómo se paraliza todo cuando alguien está enojado? ¿Y cómo es peor si está, no solo enojado, sino enojado en contra tuya? No les puedes hablar porque te van a golpear; su mirada, sus palabras, sus gestos… ¿y sabes lo angustiante que es no poder hablarle a alguien que necesitas? ¿Y por qué enojo? Solamente alguien enojado pierde todo afecto natural para su propia sangre y se atreve a abandonarlos. Abandonarlas. Y ahora lo entiendo, y llevo un mes haciéndolo; desde aquella llamada donde constaté el odio de mi papá, donde al fin lo entendí… Inconscientemente debo haber recibido eso de él y del mundo creciendo, y como resultado yo asumí de manera irreparable que con Dios era lo mismo; finalmente Él también tiene decir en los quehaceres de los demás y no los ha detenido. Si no los detiene… entonces los apoya… y así he pasado una vida caminando de puntillas porque sé que de cualquier manera si alguien tuviera derecho a enojarse conmigo, sería Él. Y de Él no podría protegerme. No puedo, y nunca pude, de ahí mi enojo. Pero por el de Él, hasta el menor error que puede a la verdad hasta ser un acierto yo corro a desdecirlo para que Él no me deshaga.

Para que no me haga polvo teniendo justa razón, si la buscara, he pasado mis días. Si un papá me dejó, el otro me paraliza del miedo y del dolor. Si uno se burló de mí, en su enojo, y me quitó todo lo que pudiera haber tenido… el otro no me da nada porque me ha enviado el mensaje varias veces, y yo no lo capto, de que me ha pesado y visto falta, y he ahí su mano para deshacerme.

Lo que nunca esperé, era que Él corriera a protegerme a mí hasta de mí misma. Y eso, es lo que me permitió mas bien captar y verle conexión hacerse presente en mi mente,

que ese pasado fue la causa por la que crecí caminando de puntillas, sí, pero esta semana Él me estableció que no hay enojo en Él; que ese pasado como fue, no vino de Él, aún antes de que yo saliera el sábado, como si hubiese sabido lo que estaba por vivir. ¿No lo sabe y conoce? Si mis tiempos están en sus manos… pasado, presente, futuro… todos los conoce en verdad y cómo lo veo deseoso, casi clamando por que yo lo vea porque ya es tiempo; porque noches como la de unos días después yo me despierto ahora escuchando, “cuando lo haga, lo haré pronto, no se te olvide, solamente han pasado dos meses,” y me es imposible no creer hoy, y saber que tengo que dar mi mejor esfuerzo… que del antes no queda más porque Él lo está reescribiendo todo en aquél rollo que hace un año me dejó dejar vacío de líneas oscuras. Que si antes todo era, ‘no para mí’, ‘no y punto’, ahora todo está por ser, y ese día, el mismo sábado, lo vi al acercarse el cierre de la sesión, que en su creación las cosas también cambian pues si tan solo giras y llamas al compañero de al lado y le pides que te explique… tal vez podría girar y no mirarte con desdén sino ayudarte, como nadie antes quiso hacer. Que si pasas al pizarrón y el profesor te ve segura y te pone a prueba y en su prueba tropiezas y caes, también amablemente te puede recordar que no todo es estar en lo correcto… sino estar firme en lo que quieres decir y no volverte atrás porque dudaste un momento, aún si todos dudan contigo. Y que aún ahí puede haber los que quieran llamar tu atención a seguir adelante con lo que haces, y enderezarte a donde habías empezado, y no duele. Que no todo tiene que acabar con tu corazón.

Que el contacto con otros seres humanos no tiene que hacerte polvo, o herirte hasta que no quede nada de ti.

Yo nunca había pensado en eso.

Nunca lo había pensado hasta esa madrugada al sonido de su voz y al toque de sus manos que desenredaron todavía más el manto de tristeza y pena en mí, y abriendo mis ojos a las 4:22 recordé una canción, entonces puse mi música y sentí que podía pensar después de 24 horas o más de no haber podido hacerlo. Y para paz mía, pensé en Él. Y para no huir, poco a poco ahí lo entendí, que mi mente y corazón viajan bien lejos cuando no queda nada salvo Él, yo, y mi visión y experiencia de todo. Y cuando hacen eso me es imposible regresarlos de allá a donde se van, justo como cuando era chiquita, a tal grado que mi mamá habló del corazón la semana pasada y yo terminé por establecer que con el que tengo, nunca podría alcanzarlo a Él. Y si Él no lo cambia… ya sabes. Y honestamente eso también lo vi muy imposible.

Y después me habló todo esto de allá arriba que me hizo suponer que no fue después de 24 horas que a las 4 de la mañana de ese día pude volver a respirar sino después de AÑOS de haber sabido y pensado y creído que Dios me amaba pero al mismo tiempo me odiaba. Me odiaba como mi papá, o como cada compañero que me miró con desdén por no haber podido como todos. Que me quería destruir, todo, todo, yo nunca dando la talla con Él como nunca la di con papá y de ahí con nadie más, compañeros, conocidos, familia, maestros, y entonces Él estaba de acuerdo en destruirlo todo, trabajos, proyectos propios, relaciones, lo que fuera. El mismo parámetro bajo el cual mi corazón sabía que también Dios estaba preparándose para un día dejarme, y todo donde no he visto pronta resolución y respuesta y bendición, ha sido Él dejándome, sin excepción; todo llevándome solo un paso más cerca del fin.

Y le tomó toda mi vida llevarme ahí este fin de semana para acabar con eso, o tal vez todo eso es parte de lo que quiere que ahora entienda y vea, poco a poco…

***

¿Poco a poco? Sí, pues esto apenas aflora y apenas lo veo hacerlo y logro definirlo cuando lo hace.

Para el lunes, casi lloraba en mi jardín porque no podía armar una carpa con mi hermana. Cómo deseé que Dios, que dice que ma ama y que no está enojado… hubiera estado físicamente para armarla Él. Seguramente Él habría podido y yo cómo lo necesitaba. Intenté no enojarme, porque si Él no cambia las circunstancias, siendo que nos ama con su Vida entera, entonces hay algo que está buscando decir, y yo de verdad quiero escuchar. Podría haber puesto a alguien, porque mis manos, aunque lo intente, no pueden, no tengo la fuerza. Pero tampoco lo hizo. Pero estando ahí supe lo que estaba haciendo, huyendo de Él otra vez, y entonces empecé a luchar por no enojarme, no esta vez, y no con Él. Poco a poco mi hermana pudo meter más los tubos, colocamos el techo de lona y después desmontamos ya habiéndonos dado una idea de lo que implicará armarla al final de la semana.

Cuando Dios no me ayuda y sé que sabe que lo necesito, es una de las ocasiones en las que asumo que le importo poco, y como sé que me ama, debe ser porque está enojado. Así es como empieza entonces mi propio enojo, porque no puedo cambiarlo a Él, ni quisiera, pero tampoco puedo cambiarme a mí para no hacerlo enojar; si es ese el caso. Luego el martes llegó con más dificultades. Aquellos que me orillaron a escribir “Un testigo indeseado” gritan por las calles a ver cómo aún nos hacen daño, y de tanta frustración y el trabajo me dolía todo… y no estaba en los mejores ánimos. Sin embargo, antes de acostarme sentí que algo ya había, de hecho, olvidado y entonces volteé a preguntarle a mi familia si recordaban el último verso que el Señor me había dado, porque llevaba ya cuatro días intentando mantenerme sobre la superficie del agua, pero justo ahí ya la sentía por cubrirme otra vez. Pero de pronto supe que no lo deseaba; quería, sabía, que tenía que no temer, no olvidar, no nada de eso. Mi mamá automáticamente me lo dijo, “Que el Señor no está enojado,”

Y entonces asentí, creyéndolo y recordándolo todo.

Para hoy en la mañana desperté orando, como siempre, que tuviera misericordia de nosotros porque todo esto… es demasiado. Y después,

por primera vez en ocho años extrañé a mi abuelito. Y después a mi abuelita.

Si no se hubieran ido, no tendríamos todos estos problemas.

“Si Jehová no construye la casa, en vano trabajan los que la edifican.”

Eso también lleva al menos dos semanas recordándomelo. Supongo que todo cuadra consigo mismo, con Él.

Hay salida, y esto no es lo mismo de antes. Solamente tengo que verlo; tenemos que verlo.

Tenemos que no soltarlo a Él, y ahora ir un paso más adentro:

En medio de todo, entiendo que Él no está enojado… no con mi casa, y entonces,

Él nos guardará, nos regará, de día y de noche nos guardará, y si alguien pone espinos contra Él, buscando batalla, Él acabará con cada uno.

Esta también es porción de sus hijos creer y ver hasta que sea hecho.

Hasta que sea hecho.

Si no dejo que la carpa me separe de Él, o las dificilísimas factorizaciones, todo lo que no sé, todo lo que no puedo… tal vez Él, que me puso delante de todo ello, a su tiempo se encargue de cada uno; la carpa, lo académico, la economía, mi salud, mis tiempos y los de mi casa… aún las semillas que hemos cargado con lágrimas mientras andamos,

y entonces volvamos un día cantando y cargando nuestras gavillas.

Hay una dinámica que el Señor ha tenido conmigo desde hace al menos cuatro años, en donde pasan cosas difíciles y después veo cómo su mano me sacó adelante. Cuando ese día llega, siempre escucho una pregunta:

¿Quieres ir más adentro?

Todas las veces he dicho que sí, y me veo a mi misma sumergiéndome más en un océano limpio pero oscuro, no puedo ver mucho a mi alrededor sino solamente una luz muy al fondo, la que persigo.

Hoy lo volví a escuchar, después de meses.

Sí, si quiero hacerlo.

No tengo mucho tiempo hoy porque hay cosas pasando, pero no quería dejarlas llegar sin contar de esto, así que sin más, nos vemos pronto.

-SFTS


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