Diez horas tardó en morir mi bisabuelo. A palabras de mi abuelita, les dejó instrucciones durante ese tiempo. Y después dejó la tierra; mucho antes de lo que todos, hasta yo, que no estaba todavía aquí, hubiéramos querido. Diez horas de sufrimiento y toda una vida destrozada, fueron el resultado de lo que más tarde supe que había sido una orden de ejecución para él, emitida desde el púlpito de una parroquia; porque él seguía a Cristo. Ahora entiendo muy bien, como suelo hablarlo aquí, que elegir a Cristo en la realidad (no me refiero a llamarse a sí mismo cristiano o decir que lo conocemos, sino elegirlo en cada acto, pensamiento y latido) nos marca con una inminente sentencia de muerte. Muchos serán los que despertarán para ver si logran ejecutarla, en carne, o en espíritu. Cualquiera de las dos sirve. Para las tinieblas, quiero decir. Es bueno, ¿saben? Que cuando Cristo nos redime y limpia y salva, no dejando a lo muerto quedarse en la tumba, nos dé resurrección en él. En carne, y en espíritu, y en verdad, porque las tinieblas ya no tienen la potestad de cortarnos de la tierra, solamente Cristo mismo, que tiene ahora y por la eternidad, las llaves de la muerte. Mi bisabuelo tuvo que dejar la tierra, y seguirlo a Él, y así lo hizo. Lo siguió hasta su último aliento. ¿Sabías que a mi abuelita también le quitaron todo sus tíos? Primero prometieron ayudar, primero fingieron comprensión, y después la oscuridad pesó más. Allá cerraron el boquete en la pared y tomaron las tierras, y aquí negaron el reposo al cansado, y todo lo que siguió. Ese tipo de iniquidad corre en mi familia; quitarle a otros porque quieres más tú, luchar por siempre tener más tú y que ese status quo no se rompa, porque tú lo mereces, aquellos a quienes les quitaste no. A ella le quitaron más que a mí, tal vez, pero el hecho permanece ahí; en lugar de imitar a bisabuelito Antonio, los de esta generación también quisieron perpetuar la iniquidad familiar.
En medio, el rumor corrió de que mi mamá, nieta del sentenciado, se había elegido casar con el nieto del que había jalado el gatillo; todos habían gravitado aquí a la ciudad de alguna manera con el paso de los años, supongo. Tal vez por eso mis hermanas y yo siempre les valimos menos. Nadie sabe la verdad de las cosas, pero mi abuelita afirmaba, antes de haber vuelto con el Señor, que así había sido. Ella habrá perdido más de joven, pero también nos quitó a nosotras a causa de ese rumor, o verdad. Luego, ella misma fue detenida por el Señor, que le permitió encontrar la paz y después la llevó con Él. Ella también entendió lo que su papá, aún si le tomó hasta el final de sus días. Esto es solo un dato curioso sobre mí, supongo. Soy hija de dos líneas extrañas, bajo estos parámetros… hija que ha visto redención sin igual, supongo, porque ayer hasta mi mamá me llamó suertuda por tener cosas inmateriales de parte del Señor que a veces hasta ella admira. Yo lo admiro a Él, entonces.
No sé por qué estoy escribiendo esto, la verdad. Los tiempos ya están demasiado avanzados, y el todo ya no se puede apreciar ni destrozado; simplemente ya no está. Ya no hay nada.
Diez horas.
A mí me ha tomado más de diez años entender algo que abuelito Antonio debe haber entendido antes de sus diez horas:
Que todo regresa al amor. Todo.
No a la idea del amor, sino al amor a Cristo.
No permaneces con alguien a quien no amas.
Y no amas a alguien a quien no conoces.
Y si lo conocieras a Él, en específico, te sería imposible no amarlo.
Supongo que si deconstruyo los conceptos entenderías pronto la connotación que pesaría sobre el hecho de no amarlo, ¿no? Que entonces no lo conocemos. No realmente.
Si lo puedes dejar, si lo puedes olvidar… no lo amas… porque amarlo se sufre aún en medio de las sentencias de muerte; esas donde te quedas quieto hasta que ves todo acabarse y todo secarse y aún así no te mueves en lo que Él no haría. En lo que a la verdad te separará de Él. Dinero, yates, manifesting, hacerlo todo por tus viajes, o ropa o consumo sin sentido en general, alcohol, burla, oraciones hechiceras diciéndole a Dios qué hacer, hablar mentira, pleitos y contiendas, yugo desigual, sexualidad fuera del esquema que Cristo estipuló, robo, deslealtad, envidia, falta de fe… nada de esto es de Él. ¿Notas a dónde quiero llegar? Que seguirlo sí termina por acabarnos, pero si lo amamos, nos acabamos aún así. Hasta el polvo.
Prefiero ser el polvo que pisen sus pies que pelear con Él y tener que estar lejos, por ello.
Pedro, ¿me amas?
Eso fue lo único que le preguntó después de que Pedro tuvo una de las expresiones más dolorosas del pecado que me puedo imaginar, una mezcla de incredulidad con ira y mentira que después se hicieron vergüenza. Y todo le fue perdonado porque en efecto lo hacía, y el Señor en verdad lo supo. En verdad supo su corazón, porque a la tercera vez Pedro no pudo ni reiterarlo, solo pudo articular un “Tú lo sabes todo.”
Y es ese amor, el que Él nos tiene y el que responde de nosotros de regreso, el que elimina toda la iniquidad, todo el pecado, toda obra caída y corrupta que nos separa de Él. Y sí, todas esas tienen que ir cesando en nuestras vidas, no hay otro camino porque para eso fue que Él vino. Para volvernos aceptos delante del Padre, justos a sus ojos. A causa de Él lo somos, no solamente por su muerte, sino porque vive, y es vivo, como reina. Como nos habla y nos enseña y nos transforma hasta que crea en nosotros su imagen. Así morir no suena tan malo, ¿no crees?
Then comes the rain
I saw it, you know? Dry lips, scraped knees, clothes… torn. When it first came I mistook it for light, but no-
I had felt the wind pass me by; a little relief it was all those times to my broken heart, and still, this didn’t feel like that. Of everything I could remember, none of it matched.
And then it filled the cracks; earth by my side melted and I could imagine grass growing for the first time in my life.
But how could this be called?
And where, exactly, was it coming from?
Then, breathing came forth; I had been heavily heaving, before, but as if completely made new, my lips broke into a song… and there, was where He spoke:
this is called Hope.
[How I loved His voice…]
you don’t have to mourn anymore,
[How I loved His voice…]
you don’t have to fear anymore…
you don’t have to fight, anymore.
[How I loved His voice.]
Hay vida, después de la muerte, ¿sabes? Física o espiritual. Yo te puedo llamar a vivir en Su nombre, Él lo hace primero… pero hay un hecho que nadie aquí puede eludir:
Que si no lo amamos, esa vida no nos va a sumergir. Es el no amarlo, como realmente lo negamos, y por el mismo Él nos niega después. Y aún ahí es fiel, si nuestro corazón despierta, si El padre resplandece en nuestros corazones y logramos verlo y creer y ya no negar. Y podemos, no amándolo, decir que lo hacemos. Nuestros frutos dicen la verdad entonces, y Él lo sabe desde el principio, porque en efecto Él lo sabe todo.
Es no amándolo donde no bebemos realmente de la fuente de agua viva que es Él mismo, y por no tomar de Él es donde el que roba, sigue robando, y el que mata, sigue matando, y el que miente, no deja de hacerlo. Y el incrédulo jamás despierta; buscando cómo salvarse cada vez, aún si tiene que pisar a otros o a pisarse a sí mismo. Y entonces, es en el no permanecer a su lado, donde lo perdemos todo, porque no hay muerte en Él; solo Vida. Y donde crees que te estás salvando, donde crees que estás agenciándote paz y seguridad, es donde yace todo lo contrario.
Y habiéndonos Él buscado redimir para buenas obras, he ahí todo lo contrario, todo lo que podíamos haber sido… haciéndose nada, porque decidimos perseguir nuestro propio tesoro y no dejarlo a Él convertirse en ello. Devastación sobre devastación, es lo que se puede apreciar de lejos.
¿Y si sigues aquí y lo amas y lo has dejado todo, hasta lo inimaginable?
Él te salvará de tan gran muerte, y esperando en Él que te redimió y salvó y limpió, tienes esperanza para llegar a ver su manifestación gloriosa, la cual se puede ver en cosas muy pequeñas… y en muy grandes; con tiempo, dejándolo actuar, permaneciendo aún. Los hijos de abuelito Antonio pudieron escapar al peligro, aún si muchos decidieron bailar con las tinieblas al crecer… porque su esposa, de cualquier manera permaneció. La nieta del sentenciado vive, y es amada… aún si el nieto del que jaló el gatillo no quiso participar de la vida con ella, con sus hijas. Y las tres niñas vivieron, y de verdad que están buscando al Señor, a su Hacedor, aún si todo ha sido polvo durante años. Vivir es manifestación suya; no haber muerto, que era lo que todos querían.
Permanecer hasta verlo, aún si soltarlo todo da miedo; porque el justo verá su deseo, no lo que teme… y aquí, hoy, lo vemos y le seguimos esperando… así llegará el día en el que para siempre sea cambiada la cautividad por su libertad, y todo lo que Él hace. Tal vez ya es ese día, tal vez, ¿no puede ser gozo para abuelito Antonio que al menos unas de su línea, permanecen en el mismo Señor por el que Él estuvo dispuesto a morir? ¿Que no lo hemos dejado todo, que seguimos en pie por Él? Que su muerte valió, ¿al menos para nosotras? ¿Y honrando esa miramos a Cristo, porque de él no se dice que al final prefirió dejarlo? No puede, la línea del que jaló el gatillo, haber encontrado semejante manifestación también, porque generaciones abajo, en mí, en esta casa, ¿Cristo nos encontró y decidimos seguirlo? Y hemos aceptado todo con tal de dejar el mundo atrás, soportando lo que ha dolido, sufrido… ¿porque amamos a Cristo?
¿No puede ser este amor a Cristo, esperanza para una línea, redención para otra, contarse como una de esas manifestaciones gloriosas que solamente Él puede hacer, cuando llega a los lugares?
Que el Señor redima en ti lo que generaciones antes había estado caído, y te ponga como ciudad restaurada y amurallada, donde antes hubo asolamiento, sin duda lo es. Y esa caminata es la que realmente tiene sustancia,

permanecer, conocerlo, amarlo:
nada fuera de esto tiene uso ni sentido, y ahora lo entiendo.
Y cueste lo que cueste, hasta que volvamos cantando, o hasta que Él nos llame a casa;
a donde de todas maneras llegaremos cantando.
-SFTS


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