Ya entendí.
Así acabo de despertar:
Entendiendo que en el mundo, tenemos que dejar que otros nos hagan daño y superarlo. Hasta lo dicen, ¿no? No te lo hicieron a ti, solamente hicieron algo y tú reaccionaste de tal o cual manera. Ni me sé el dicho pero creo que así va.
Si te m4t@n, no te m4t@r0n a ti; solamente te m0r15te, supongo.
Y luego el otro lado responde, cada vez, Ya te perdoné, no por ti, sino por mí… así de romántico, ya me mor1 pero ya te perdoné, por mi bien y no el tuyo.
O sea, nadie le hace nada a nadie, y si lo hacen, de todas maneras te tienen que perdonar sin siquiera pensar en ti; por ellos, tienes que ser perdonado. Qué cómodo.
En pocas palabras, en el mundo nada importa.
Hay dos tipos de personas, supongo, bajo esa premisa, las que se ven beneficiadas por este sistema, y las que viven bajo el puño pesado de el tal.
Ahora me río de la gente que se atreve a preguntar por qué si Dios es bueno, hay tanto mal en el mundo. La respuesta es sencilla, en realidad:
Porque Él no es el encargado de habitarlo, sino el ser humano que Él había creado a su imagen y semejanza. Ahora es su reino, sí, y eso tiene unas connotaciones específicas de las que hoy sí hablaremos, pero no tan rápido.
Primero volvamos al mundo:
Tienes que decirme papá porque eso soy,
tienes que respetarme.
Dime Señor, entonces,
¿Cuántos años tienes ya y sigues con eso?
¿Pues si estás enferma de quién es culpa?
¡Vas a tener que dar cuentas de todo lo que me digas hoy! ¡No se te olvide!
¡¿Sabes cuándo te puedes morir?!

Por cierto, ¿me puedes comentar allá abajo si alguno de estos comentarios te haría sentir amado por la persona que te los dijera?
Antes de dormir, se me despertó el cerebro anoche y mi corazón saltó. No le preguntas eso último a alguien de quien no has deseado ver llegar ese mismo día, si acaso de tocara verlo, algo dentro me dijo. Por el tipo de conversación que era cuando lo dijeron, no pude rebatir la idea; las palabras le fluyeron como mantequilla.
Estás llena de odio, como tu mamá.
Pero más tarde, “¿Y por qué no han hecho nada más? Miren mis postrecitos (aquí añadan un tono de voz de desprecio y burla), ¿por qué no les despega nada?”
Y luego, nada. Y las llenas de odio somos nosotras… Esto me lleva a entender que en el mundo no solamente tienes que dejar que te maten los demás si te tocó ser del grupo que tiene que vivir en el suelo, y no solamente superarlo y perdonarlos, ¡sino quedarte en silencio!
Porque si hablas, ellos tendrán qué decir y no será bueno… porque al final ellos tienen la razón y no tú. Tú estás mal siempre.
Tal vez hasta por eso te tocó ser del grupo de los pisoteados, porque lo mereces. ¿Quién los erigió a ellos como jueces y verdugos? Su padre de mentira, seguramente, pero ellos, no están listos para esta conversación; porque con las manos ensangrentadas no puedes pretender hablar lo justo y hacer lo recto, pero ellos no lo entienden. Y así olvidan que no solamente han hecho mal, todas las veces, sino que le siguen sumando condenación a la condenación que ya los persigue. Y son las palabras así, que dicen lo que es verdadero, las que mi papá terrenal calificó anoche como llenas de odio. Claro, es como si le hubiese recordado que Cristo no solamente dice que honremos a los padres, sino que Él mismo anuncia, también, en su llegada al mundo, al que a partir de ahí Él retomó para meter en línea, que ahora traerá espada, y ahora volteará a hijos contra padres, padres contra hijos, y todas las variaciones en medio. Para pena suya no voy a dar cuentas mañana, de lo que le diga a él o a nadie más… las di en el instante, o tal vez antes, desde que levanté la bocina esta vez y le marqué yo, porque mi Dios sabe que no quería hacerlo, pero en mi no hacer, ahí, era donde habría yo encontrado irreverencia a Él, en mi no hablar; porque fue la última vez. Tenía que hablar, y ser irreverente y el elegido por mi Señor, para pena mía, o gozo, viendo cómo están las cosas, era mi papá biológico. Y nunca iba a ser nadie más, finalmente mi vida ha servido como profecía para sus propias obras.

Y con esto, pasemos a la segunda parte:
Mente y corazón.
Creo que ya lo hablé, muy al inicio de este blog. Sobre el hombre que logra entrar a las bodas del hijo del rey en los evangelios y el rey al verlo le pregunta por qué no trae la vestidura correcta, y manda que lo saquen; una de las parábolas que el Señor habló a sus discípulos cuando fue su tiempo. Si hacemos memoria como yo hoy lo hago, contrario a lo que todo mundo piensa de que no es por obras sino por gracia a través de la fe, el hecho de permanecer con Cristo y llamarte su pueblo, ese que lo conoce, está ciento cuarenta y cuatro mil por ciento ligado a las obras. ¿Por qué o cómo lo entendí? Porque en la Biblia no hay casualidades, y solamente dos veces más se habla o alude en acto a bodas en esas secciones finales de la Biblia:
Cuando el Señor Jesús hace la Santa Cena, antes de ir a la cruz a morir en nuestros lugares,
y en Apocalipsis, cuando llama dichosos a los invitados a las Bodas del Cordero.
Y esos bienaventurados, después revela el Libro de la Revelación de Jesucristo, o sea Apocalipsis, tienen cierto tipo de vestidura puesta:
Lino fino, blanco y resplandeciente y el texto inmediatamente estipula lo que ese lino significa: las obras justas de los Santos.
Y así, podemos entender brevemente que la salvación, o sea, la invitación a la fiesta, a las bodas, es por gracia, a través de la fe, a quien quiera entrar y tenga la fe para hacerlo y cruzar el umbral.
Pero quedarse en la fiesta… atañe completamente a tus vestiduras, porque si el Rey pasa por tu lado, y no te ve las correctas… no te vas a poder quedar, y eso, lo verás establecerse. No llevar puesto ese lino fino, blanco y resplandeciente que indica obras justas hechas por tus manos que debieran ser las de los que Él llama Santos, sus Santos, implicará ser sacado de la fiesta como ese hombre de la parábola.
El asunto es que, es en el acudir a Él mismo, para dejarlo cambiarnos las vestiduras, donde podemos encontrar esa justicia. Pero si decidimos solo quedarnos en la parte de las palabras de Pablo donde bien establece que es por gracia a través de la fe, y no leemos unas líneas más, no sabremos que él mismo agrega, para buenas obras, más adelante, obras mismas para las que Cristo nos ha llamado:
La salvación es por gracia, a través de la fe, y para buenas obras en Cristo Jesús.
Esto me lleva a tener las siguientes afirmaciones como hecho:
Para el mundo, el amor verdadero, que es Cristo y todo lo que hace y enseña, es odio. He ahí mi odio, y el de todos los profetas hermanos míos que el mundo ha matado, porque nuestras palabras venidas de Su boca, y profecías salidas de Su sala del trono, solamente pueden sonar como odio a un mundo que todas las veces termina por decidir que quieren ver nuestra muerte llegar.
¿Sabes cuándo te puedes morir?
Para gloria de mi Señor ya lo hice, y lo he contado aquí repetidas veces. Y vi, con mis ojos, ese día, esa sala del trono y que sí está, ese Dios que no solamente me ve a mí, sino que recorre todo el mundo y posa sus ojos sobre los que le temen, para salvarlos, y darles vida en tiempo de hambre. Vi también cómo allá ya no hay cargas, y no duele nada, y ni siquiera te acuerdas de cualquier otra cosa de aquí, por importante que creamos que haya sido… allá solamente está Él. Y vi también, que yo no era digna para haber estado ahí, cuando me regresó y recuperé el aliento terrenal… y que aún así Él me dejó verlo, para que te lo cuente aquí como mucha otra gente lo ha intentado; el anunciar que el cielo es real y que Dios está.
Así como el infierno lo hace, y no habiendo sido creado para los hombres sino para la tercera parte de los ángeles del cielo que cayeron al lado del diablo, muchos son los que serán enviados allá con esos, si no cargan las vestiduras de justicia, para las que solamente hay un Camino. ¿Y cómo lo sé? Porque meses antes de haber visitado el cielo, otra cosa pasó que ya conté también: un demonio me tomó del hombro y van tres octubres en los que mi hombro me vuelve a doler tal cual fuera el de Frodo Bolsón. Y ese día, después el Señor me lo explicó a través de un libro de Francine Rivers, para el cual ella investigó muchísimo y entrevistó personas que como yo, han vivido lo mismo. Aquí te lo dejo: The Masterpiece, Francine Rivers “La obra maestra”.
¿Y qué si el infierno, así como el cielo, existen?
Pues que todos iremos a uno u otro, pero eso no es lo que quieres escuchar… ni lo que yo quiero decir.
Lo que quiero decir, me será sencillo si te cuento otro evento de la Biblia. Por cierto, no estoy utilizando las citas bíblicas para no abarcar mucho espacio, pero si las quieres ya sabes que puedes dejarme un comentario o hasta llenar la caja de contacto en Acerca de M.Y. Valencia Parroquín que está hasta abajo de la página y yo te mando cada una, será un gusto.
En el tiempo de los reyes, existió un rey llamado Acab. Su esposa se llamó Jezabel. Impío, aprendí esta semana, la impiedad, significa estar algo casi como estar opuesto a Dios y celebrarlo, porque puedes, y quieres; una irreverencia y falta de temor magnánimas que te llevan a hacer lo que se te pega la gana, todo el tiempo, sin importarte nada ni nadie más. (Ja, escribiéndolo aquí suena a como describo al mundo allá arriba.) Bueno, pues este rey y su esposa eran por demás impíos. Todo su reinado, cada línea, coma y acento de sus obras, estuvo rebosante hasta el derrame de impiedad, y para efectos de este post hoy, una de sus tantas obras opuestas a la justicia, me es de utilidad:
La concerniente a la viña de Nabot.
Nabot era un hombre justo, y no haré el recuento muy largo, un día, para desgracia suya Acab pasó por sus tierras y así como así las deseó. Yendo a comprárselas, Nabot no quiso venderlas. Yo sabría algo de eso, una cosa es tener tierras, y más conservar las que tus padres dejaron, y otra tener el risible dinero de ellas… no es lo mismo. Para pena suya, Nabot lo sabía, también… y entonces Acab se fue cabizbajo a llorar con su amada Jezabel. Ay, esas mujeres que andan por la vida haciendo a los hombres tropezar. No hay peor enemigo para un hombre que una sensual Jezabel que sepa dónde poner sus manos y cómo hablar para hacerlo perderse para siempre, y de eso, también está llena la Biblia.
Pues así llegó Acab con Jezabel y ella le descubrió que venía triztito, y entonces le preguntó la razón. Ahí ya tienes a Acab contando esto y lo otro y cómo no pudo hacerse de las tierras, las únicas, de otro hombre… Acab, pudiendo tener todas las demás, que de hecho ya tenía simplemente por ser rey… y su esposa, en lugar de hablarle sentido, puso su ardilla a girar. No es difícil que el diablo te diga qué hacer y cómo, por cierto, si eso implica firmar tu muerte futura mientras te llevas a otros entre las patas, para él mejor. Y esa es tu marca, lo que decidas hacer.
Jezabel cargaba el 666 tatuadísimo en su frente, brazo y corazón, y no a modo de QR o chip como todo mundo teme. ¿Cómo lo sé? Porque en su impiedad, le prometió a su esposo que ella le conseguiría la viña de su deseo; la viña de Nabot.
Y así lo hizo, mediante un giro de eventos manipulativo y en exceso malvado, la mujer logra que lo ejecuten, ¿y botín para qué lo quiero? Si la viña ahora puede ser de mi esposo.
Poco después de eso, si recuerdo correctamente, y si no lo releemos juntos un día, un profeta viene a avisarle a Acab que Dios lo remueve del trono, y no solamente eso, sino que por su mano morirá, también. Y de Jezabel ni se diga, le promete que la comerán perros.
Acab sí muere como estipulado, pero después pasa muchísimo tiempo, y se suma muchísima más impiedad en ese tiempo a través de sus descendientes inmediatos y Jezabel.
Pero cuando te sigues leyendo, un día ves que ungen a un nuevo rey, fuera de los hijos de Acab. Jehú, es su nombre. Y en su ungimiento, le es depositada la autoridad para acabar completamente con la casa de Acab. Eso Jehú lo hace, y aquí vamos a donde quería llegar:
Jehú no solamente acaba con toda la casa de Acab, ni sube a un Recabita a su carroza para mostrarle el celo que tiene por el Señor, llevándolo a ver cómo acaba de una sola vez con todos los seguidores de Baal, no sino que hace otra cosa más, visita a Jezabel el día en el que ella muere. La Biblia cuenta cómo la ciudad está en un revuelo sangriento a causa del ungimiento y las autoridades delegadas cuando Jehú llega a donde ella está, y ella lo ve venir. La mujer, sabiendo sus artes, corre a maquillarse y prepararse, y desde lejos lo saluda, asomándose de su ventana para que él la viera de esa manera que ya-sabes-cómo. Pero, probando que no todos los hombres son iguales, por milésima vez, Jehú ni siquiera entra a la casa donde está, sino que ella lo tiene que saludar ahí, de lejitos, y ella, utiliza las palabras incorrectas, pues lo amenaza. Ya Jehú había matado a Joram, hijo de Acab y Jezabel, que reinaba en lugar de su papá, y después pedido que lo echaran en la viña de Nabot. Habían pasado años, tal vez unos catorce o quince, y ya nadie se acordaba de eso… salvo Jehú, al parecer. Y Dios, supongo, porque así lo dice Jehú al recordarle a todos que Él así lo había hablado hacía tantos años:
Así lo testifica Jehú en 2 de Reyes 9:26, “Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová.”
Y así fue hecho.
¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías? Jehú también le habría parecido odioso a mi papá terrenal. Y al mundo en general.
Sí, saber tres gramos de Dios y su justicia te hace odioso al mundo, Ma. ¿No querían matar al Señor Jesús por eso? ¿Llamándolo blasfemo? Y Él solamente les estaba recordando hijos reales de quien eran, porque Padre no compartían Él y los fariseos.
¿No sabes cuando te podrías morir? Dios te va a pedir cuentas de todo lo que me estás diciendo, mañana, no hoy.
¿Le fue bien a Zimri que mató a su señor?
Las palabras de mi papá anoche, por primera vez en la vida lo noto, se parecen a las de Jezabel… pues Zimri a quien Jezabel menciona en su amenaza antes de morir, vio mal, murió, sí, pero no por haber levantado la mano contra el rey en turno, sino por haber hecho pecar al pueblo como todos los demás.
Jehú ni se inmuta, todo lo hablado ya lo había establecido, y entonces solamente llama, “¿Quién está conmigo?” y unos eunucos se asoman a verlo, “échenla por la ventana.”
Y los eunucos la avientan. Cuánto odio, en efecto, supondría yo si fuera del mundo.
Pero prefiero ser hermana de Nabot, porque cuando Jehú entra y pide que la entierren, aunque sea, pues de todas maneras había sido hija de reyes, el Rey de Reyes y Señor de Señores ya había establecido SU palabra, y no encuentran su cuerpo, pues perros ya se la habían, en efecto, comido.
Y aquí, aquí entra Él. El Rey que hoy puedo mirar en su hermosura.
¡Él vengó a Nabot y a sus hijos!
Pasaron años, y el ser humano sin duda alguna olvida, sí, pero Él no… y para mí, para Nabot, para todos los odiosos que creemos en Él con corazones verdaderos… esto es Vida pura. Vida real, no solamente respirar. Respirando puedes estar muerto. Y muriendo… Él vive.
Muriendo, Jesucristo vive.
Él es el Dios viviente, creador del universo, y el Cordero Inmolado que da vida al mundo.
Solamente Él habla, y es hecho.
¿Y qué tal? Una vez que vino y cumplió, y una vez que habló, “Hecho está,” todo aquí cambió para nosotros, porque ahora ya no solamente es nuestro salvador, sino que Apocalipsis lo dice, porque fue el sacrificio perfecto, porque no hay sombra de pecado en Él y su muerte valió para darnos vida a todos, y porque en justicia se entregó a la injusticia para sacarnos a todos del hoyo, Él, Él, y solamente Él, puede abrir los sellos… que son juicios en la tierra, una, y otra y otra vez.
¿Y qué son esos juicios?
En la Biblia, desde Jeremías 17 hasta Apocalipsis 2, Él dice, “Yo soy el que examina mente y corazón y pago a cada uno conforme a sus obras.” Él paga, y esa paga, es aquí en la tierra, porque desde Jeremías lo viene anunciando, también, en toda la biblia, que Él es el que hace misericordia, justicia y juicio en la tierra, porque esas cosas quiere.
Eso son los juicios, la paga que ganamos aquí por nuestras obras.
No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna
Gálatas 6:7-8
El que despoja, será despojado.
El que mata, será muerto.
El que se burla, Dios se ríe de sus enemigos.
El que hace impiedad, impiedad lo ahoga.
Y el que se deja pastorear por la muerte, allá es llevado también.
Y hay paga, aún si suena como odio.
Que cuando el Rey nos encuentre, nos vea esas vestiduras hermosas que Él ciñe por amor y gracia, a través de nuestra fe.
Yo, por mi parte, canto, “Santo, Santo, Santo, es el Dios Todopoderoso, quien fue, quien es, y quien vendrá.”

Ya no me siento tan cansada…
no, si Él me pone en pie y me enseña a afirmar mis rodillas.
-SFTS


Leave a comment