8 Pero tú, Israel, siervo mío eres; tú, Jacob, a quien yo escogí, descendencia de Abraham mi amigo. 9 Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. 10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Isaias 41:8-10
Ha manifestado sus palabras a Jacob,
Sus estatutos y sus juicios a Israel.
20 No ha hecho así con ninguna otra de las naciones…
Salmo 147:19-20
Otra vez hay una imagen que no he podido quitarme de la mente.
Mas o menos tiene un año apareciendo por aquí y por allá, un día, y luego otro.
Esta me muestra a mí, delante de una fogata. Siempre que aparece me veo mirando la fogata en silencio, pero en paz. No me siento triste ni preocupada y mucho menos como antes. Antes. Aún en esa he ido olvidando lo que era antes, porque no estoy pensando en nada pero estoy bien, si acaso disfrutando del fuego y como si estuviera esperando a alguien que sé que viene en camino.
En todas, no espero mucho cuando lo veo llegar. No lo veo llegar como tal, sino que de pronto alguien vestido de blanco que percibo joven y fuerte simplemente llega y se sienta a mi lado. Cuando yo giro a verlo, en cada imagen he recibido cosas diferentes:
Últimamente llega y sonríe y yo siento mi corazón dar un salto de alegría. Pero la primera vez, el que llegó triste fue Él. “Mi pueblo es llevado por falta de conocimiento,” me dijo esa noche, y aquí en la realidad era 7 de octubre del 2023. Yo no lo entendí. Tardé semanas en entender y todavía lamento no haberlo hecho pronto, para haber llorado con Él a causa de lo que me había intentado compartir. Hoy entiendo que quería compartir su pena conmigo por lo que estaba sucediendo con su pueblo, en efecto, esa misma noche. En Israel. Cómo los ama aún así, por cierto y todo, todo, me lo estaba contando a mí… pero yo no le entendí.
Ni siquiera ahí me dejó, sabiendo lo mala amiga que puedo llegar a ser.
O tal vez es que Él sabe que de eso, no tengo la menor idea… de la amistad. Nunca había tenido un amigo verdadero, finalmente; que me enseñara cómo serlo yo también.
A lo largo del año que ha pasado, ese instante ha vuelto, de tanto en tanto. Una o dos veces más lo he visto volver, con esos mismos pesos en su corazón, y creo que los entiendo como pesos que llevan nombres de gente que ambos conocemos. Que ambos amamos. Mi corazón se comprime ahora, con el de Él.
Ahora sé que no tengo que decir nada, sino solamente entender… y llorar con Él, si es lo que Él está haciendo. ¿Podría ayudarlo a que sonría, tal vez? Pero no lo sé.
Ahora, después de un año, entiendo lo que está haciendo… está haciendo eso que no puede con mucha otra gente que no quieren realmente ser sus amigos sino vanagloriarse de cosas que pretenden llamar como de Él, o simplemente no acercarse, no conocerlo:
Ser como es con aquellos que ama, aquellos que lo aman. Ser mi amigo, como lo fue de los discípulos… porque me considera amiga suya. Toda mi vida he sufrido por las cosas que siempre supe que me avisaba, “Para pena mía esto o lo otro,” las he anunciado en casa desde hace años. “Nos van a dejar, papá no va a estar, no se van a quedar ellos tampoco, no están en lo correcto es mejor irnos de ahí, nunca vas a ser parte, no te quieren cerca realmente, él no te quiere a ti, ellas se van a juntar y te vas a hacer su enemiga común, no van a llegar, nos van a quitar lo poco que nos queda…” y en todas, para pena mía, estuve en lo correcto. “¿Por qué?” es todo lo que pregunté todas las veces, “¿por qué no puede simplemente cambiar todo?”
Pero hace poco algo en mi cerebro cambió la perspectiva; no le cuentas a cualquiera lo que hay en tu corazón… yo no lo haría… y menos si es doloroso. Eso debe querer decir que Él… yo lo he llamado mi amigo, pero nunca considerado… y hasta ahora entendí, en esa fogata donde Él me encuentra cada vez, donde seguramente me ha encontrado toda mi vida, que nada cambia porque nada me lo dice Él para que quiera cambiarlo, sino para compartirme y manifestarme su corazón, que Él lo sabe todo. Tal vez hasta para protegerme, es menos feo saber que el golpe viene y de dónde que simplemente verlo llegar y caer al suelo sin aliento y herido mientras miras a los ojos a alguna de las personas que más amas, ahí, sonriendo, viéndote caer con el arma en la mano. Para manifestarme y que sepa yo también, que no solo lo sabe, sino que lo sufre conmigo como sufre por el resto de sus amados. Hasta hace poco todo había sido sobre Él remendando todas esas heridas como la arriba citada, hechas por todos los que no debían ni siquiera haber tenido que levantar un arma, pero ahora veo todo diferente.
Hace como dos noches, después de un día completo de haberle contado a mi mamá sobre sueños extraños y algo tristes que han incluido a algunas personas del pasado, ella oró dando gracias porque el Señor me ha considerado amiga suya, y me cuenta sobre lo que hace, como lo ha hecho toda mi vida, aunque mucho de ello me ha hecho sufrir porque no lo entendía. Ya no lo hace, por cierto, no desde que empiezo a entenderlo a Él. Ahí fue cuando mi entendimiento comenzó, al escucharla a ella llamarme amiga de Él. Me dormí tan feliz… y esa noche hubo muchos sueños, muy diferentes… pero que por alguna razón temo que sigan hablando de las mismas situaciones que siempre cuento aquí que todavía vivimos en casa, y las mismas personas. Desperté intentando entender con otros ojos a la siguiente mañana, cuando de alguna manera terminé topándome con la confirmación física, evidencia material, de que cosas están pasando que no le agradan al Señor, allá en esas tierras de las que nos alejó hace años ya, donde está uno de los que han aparecido en mis sueños con insistencia este mes. Los sueños, después de esa evidencia, cobraron sentido esta vez. Si tienen que saberlo, estas cosas las descubrí gracias a unos accesos que el Señor me dio en sueños también, que decidí omitir durante días hasta que la insistencia fue demasiada. Al probar las entradas esa mañana, en efecto conseguí acceso ciertas fuentes donde confirmé cosas sobre los que han aparecido en mis sueños durante semanas… cosas muy feas, por cierto, que comienzo a entender que deben ser de esas que el Señor me ha dicho en la visión de la fogata. Ahora me siento triste como Él, me quedo pensativa con esos temas… pero entiendo que no me dice nada para que sufra, sino para que lo mire a Él y vea y sea testigo de todo lo que va a hacer, a causa de todo lo que pesa en su corazón.
No profundizo en los temas ni en los pormenores de lo que me dejó ver, que lleva todo el mes intentando avisarme y esta semana confirmó en la realidad a través de la información que me acercó, porque atañe no solo a mí, sino a la privacidad de alguien que alguna vez fue cercano para mí, y muy amado. Y francamente, sí, toda tristeza que pudiera albergar a ratos, tendría mucho que ver con este tema. Pero lo que quiero decir es que… esa imagen de la fogata y los secretos ha venido a afirmar mi corazón, y mi mente. Y a dar fuerzas a mi espíritu, porque sé que es el lugar donde Él me habla y cuenta todo lo que, por el simple hecho de que yo no puedo hacer nada salvo dolerme con Él, hace que no me quede de otra salvo considerar que Él quiere que sepa, como si de verdad me supiera cercana a Él. Eso sí que lo cambia todo de luz a medias a Luz plena.
No sabía lo que era tener un amigo, pero eso no es noticia…
ahora sé que tengo al más especial, y al mejor de toda la tierra y de todos los reinos, que sabiendo aún lo torpe que soy, aquí se ha quedado todos los días hasta hacerme despertar. Despertar a Él, a sus ojos mirándome, a su mano que a veces cubre mi espalda o acaricia mi cabeza hasta que me quedo dormida, ahí, frente a la fogata, y me cuida hasta que llega la mañana.
Nunca había sido amiga de nadie. Esa, es la sorpresa de hoy. Nadie nunca me había considerado amiga… no realmente. O tal vez sí, y muchas historias en mi acervo no han llegado a su final. De cualquier manera…
Mi amigo, mi Señor, que me lo ha dado todo sin que yo tenga algo que darle de regreso fuera de mi vida… la que tomó entera al habérsela entregado… Él… el más alto de todos, me considera su amiga también.
Ahora en verdad puedo conocerlo como tal.
Sin duda la vida ha cambiado mucho, amigos, porque verán… así como uno quiere darlo todo cuando tiene un amigo, Él hace lo mismo. Anoche me lo recordó, Él no solamente te oye cuando eres su amigo… sino que como con Abraham, baja de su trono y viene a verte, a ti, a los tuyos, y aún a aquellos por los que sufrimos y le contamos cuando estamos tristes o cargados. Aun a ellos va a verlos para ver qué puede hacer; aunque el ser humano no le deje mucho espacio para entrar, cada vez.
Pero si lo dejamos entrar y convertirnos en esos por los que Él llora, en esos amigos por los que Él lo dio todo… no hay nada mejor. Es su amor, el que hace que todo vuelva a vivir y ese corazón con el que nos ama, que sufre con sus amigos cuando no hacemos caso, el que nos espera a despertar para verlo hacer un día, un día, que todo en nuestras vidas tenga sentido.
Ahora lo tiene, todo lo tiene, en mi vida… y todo gracias a esa imagen donde puedo verlo ser aquello que siempre deseé y convertirme a mí en aquello que nunca imaginé que podría llegar a ser.
Ahora tengo un amigo.
Ahora puedo ser su amiga.
-SFTS
PD.
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