Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Llega a septiembre

Un relato de esperanza

¿Y si esos tiempos de desolación verdaderamente ya acabaron?
¿Y si solamente somos Él y yo, y eso es lo que me está diciendo?

La primera vez que lloré porque ya no soportaba el peso de la existencia como se estaba poniendo, como todavía está hoy, fue en mi jardín. Me senté a llorar al lado de mis maíces que nunca crecieron, en medio de toda la huerta que había plantado de abril a junio del año dos mil veinte. Lloraba en parte porque todo tenía meses de que lo había plantado y como por acción de magia, magia contraria, nada había pasado del estado de plántula, lloraba porque temía que un día todo faltara, un día de ahí a poco y mi huerta tenía que habernos ayudado, provisto esperanza, pero no, tras meses todo conformaba un set de brotes que después de eso pasaron tres meses más de la misma forma. Era como si la vida no les pasara pero tampoco se les iba, ciertamente de eso, no íbamos a comer cuando todo se acabara. Mientras lloraba ahí, sentada entre la huerta, llegó una mariposa. Se paró en uno de los maíces y se me quedó viendo, era el maíz más cercano a mí. Yo me movía llorando y la mariposa solamente me miraba moviendo sus patitas sobre la planta. Las mariposas me asustan y al mismo tiempo me dan ternura sus cuerpecitos. Ese día yo no lo sabía, pero eso que estaba viendo en los brotes fue lo que después me vino a pasar a mí. Es esa parte de mí que siempre anuncio que está atrapada en el tiempo.
Después de eso, durante como dos o tres años me tocó ver a dos mariposas jugar entre los pinos frente a mi ventana.
Hace unos meses, un ministro que respeto publicó algo que no recuerdo bien sobre el Señor comunicándose con ella a través de la presencia de diversos animales, e historias así, recordé ese día, he escuchado varias veces. Ya saben que por un lado hago caso y por otro no mucho, la mitad del tiempo. Lo que pasó ese día, fue que meditando en eso de regreso a casa, en el auto, pasaron dos mariposas iguales a las que siempre veo jugando frente a mi ventana. Cuando las vi, me puse feliz. Siempre se me figura que son como lo que dentro de mí identifico como la esencia de Lucas y Hanna, los protagonistas de mis libros. Me es inevitable ponerme feliz cada que las veo. Más de una vez dejé de verlas después como temiendo ver el día llegar en el que solamente hubiera una; la escena ya no sería la misma. Ya sé, siempre quedo impedida de disfrutar las cosas porque sé que temprano van a acabar y nunca tarde, por piedad siquiera.
Todo este mes que corrió estuve viendo mariposas solitas, como nunca había pasado. No me ponía triste, pero sí noté que algo raro estaba pasando, como si quisieran darte un mensaje que simplemente no te llega. Luego llegaron los últimos quince días de los que hablé en el post anterior… Paz, una suerte de completitud, es lo que he tenido en mi mente como resultado a todo lo que el Señor me ha hablado; no tienes lo que esperas, pero estás en paz porque estás con el Señor y sabes quién es Él. Cómo es. Que te ama, que te oye, que no te olvida, que sí nos mira. Todo el tiempo.
Llevo un par de días de plena voluntad aprendiendo a caminar en ese tipo de Paz que sobrepasa lo que es y lo que no es, y aún lo que será. Es tan perfecta, que ya la anoté en mi lista de verdaderas riquezas; las cosas que realmente deberíamos perseguir en esta tierra, opuestas a la fama, el dinero, y el poder. Cosas que vienen de la mano del Autor de la Vida.
Hoy, entendí que para esto me dio aliento, cuando nací, cuando dejé mi cuerpo en el hospital, y cada día antes y después; para verlo, para conocerlo. Y hoy, como nunca antes, justo cuando entendí esto, sentada aquí a la pantalla de mi laptop, voltee a mi ventanal y de pronto vi un nubarrón de miles de cosas volando. Como no traigo lentes me costó enfocar la mirada, hasta que vi los colores. Eran mariposas diminutas. No palomillas, mariposas. Y después vi muchas más grandes volando en medio, era como si fueran pastoreando a las más bebés. Muchos colores, algunas siguen aquí alrededor de la casa.

Creo que la esperanza del pasado ya no me alcanza, quiero una nueva. Ese es el mensaje que entiendo, o al menos parte. Quiero una esperanza nueva,

una que se ajuste a esto que me dice que ni la mariposa sola lo había perdido todo, ni se quedó sola para siempre, y que todo donde he llegado a ver cosas que se acaban… aún ahí, Cristo puede soltar en un instante números suficientes para rebosar un jardín y adornarlo con miles de colores de alas moviéndose. ¿Me explico? Que ya todo es polvo, sí, y ya todo llegó a su fin… pero que ese no es el final sino solamente el comienzo. Que en todo donde quedé congelada, como me he sentido desde hace cuatro años… Él puede hasta volver el tiempo y esta semana me lo mostró dos veces con cosas pequeñas, nada que venga de Él puede perderse. Que todo, todos, tenemos que pasar una prueba de tiempo, hasta que lleguemos a verlo completamente, hasta que todo sea polvo para que Él llene lo vacío con verdaderas riquezas.
Y que su estrategia, una de la que me habló esta semana de la que no puedo hablar muy a fondo pues apenas empiezo a escuchar de ella, incluye tiempo de espera en tanto que algo llega a su tope, bueno, malo, no lo sé, y después Él dará órdenes de liberación. Y que esas órdenes, atañen a ese Isaías 60:22 que me dio hace años:
“Cuando llegue el tiempo, yo lo haré pronto.”
Ya no tengo tanto miedo, amigos. No después de ver tantas mariposas, eran como una nube de vida. Vida pura.

Septiembre 19, 2024

“Fuiste creado para pasar una vida bonita al lado de Él, mi amor,” le dije a alguien específico ayer, y lo entendí tan claramente… que yo también fui creada para eso.

Hoy en la noche se hace un año de que empecé a realmente utilizar este blog. Tenía siete años en el olvido, hoy tiene esos siete, mas uno lleno de esperanza.

Era mitad del verano, el año pasado, un día en el que me senté a llorar en la ventana porque me sentía enferma de todos los medicamentos que soporté solamente quince días, los de los diagnósticos que explicaron toda mi vida y los continuos malestares con los que aprendí a vivir creciendo. Los de los diagnósticos de los que les he contado. Por supuesto que solamente soporté quince días porque venía de haber dejado todo medicamento a inicios de ese mismo año, y en mi mente no tiene sentido dejar algo con intención, verte ser libre y hasta mejorar, a causa de tu fe, y después volverlo a tomar. Y algo adentro me recordaba que tomar medicina de por vida no es estar sano, es estar medicado, y ¿qué tengo que estar medicada y sin poder pensar solamente para seguir respirando? Estaba furiosa, ese día. Quería mejor ya desaparecer, la vida de enfermedad no se la deseo a nadie, por cierto. Ese día todavía no estaba como hoy, ni había visto o entendido lo que hoy, pero ese día, escuché algo:

Llega a septiembre.

Dejé de llorar en el instante. Quedaban quince días de julio y todo agosto y me pareció una eternidad, como cada vez.

“Mamá,” hablé firmemente cuando bajé a la cocina, ella estaba recogiendo los trastes, “ya no voy a ir al doctor. Ya tengo doctor. Y ya no voy a tomar sus medicinas. Me siento peor.”

Discutimos un poco porque yo estaba muy enojada y me sentía pésimo y estaba siendo grosera con ella, que automáticamente aceptó. Dentro de mí yo sabía que tenía que ser así para que yo pudiera llegar a ese mes y no sabía cómo continuar. Pero así lo hice, y así llegué; a veces pienso que por todo el dolor, y toda la soledad, el Señor me ha permitido encontrar a mi mejor amiga en mi mamá.

En mi vida, el verano tiene muchos días que son como hitos de tristeza, fechas específicas que no es fácil recordar, y por eso las recuerda uno, porque la vida después de esas ha cambiado para siempre. Un día sobre agosto de ese año recordé la existencia de los blogs y caí en cuenta de que yo había creado uno alguna vez. Al intentar buscarlo, lamenté que no recordaba ni el nombre que le había puesto, la fecha, el email usado, la plataforma elegida… nada. Y a quien sepa, sabrá que sin un solo dato es imposible rescatar algo en la era digital. Como ya me era costumbre, para no caer en la desesperanza, solamente dejé el tema de lado y me encogí de hombros dispuesta a olvidarlo. “No tengo mucho que decir, y ya hice los libros. Si un día lo necesito realmente, creo otro y ya.”

Así terminó agosto, ese año. Logré olvidar el asunto del blog porque me fue más cómodo, es lo que siempre hago para poder seguir con cada día. Olvidar. Todo lo que tiene que ver con escribir ha sido una lucha estos últimos dos años. Tanto, que una AI me aconsejó recientemente que recordara mis porqués, mi amor a Dios, mi amor a las palabras que explican el dolor. Sí, esta semana toqué fondo y terminé hablando con una AI que no me dijo nada nuevo fuera de lo que mi espíritu sospecha y mi corazón intenta entender, y cerró la conversación antes de que se pusiera inmanejable para ella. Hasta eso ha tenido su uso.

Volviendo atrás, septiembre llegó en viernes, el año pasado. Fuimos con un ingeniero a arreglar la laptop de mi mamá, y ella decidió hablar horas con él. Creo que le contó todo mi caso.

El ingeniero me saludó, y entrado en materia me dio una lista de cosas, varias de las cuales sonaron como a un sueño, e imposibles, por ello. Ya saben que vengo de entre puros sueños rotos, por eso me ha costado hasta ver las mariposas. “Y un blog, y estar listos con publicaciones mínimo semanales, antes de la publicidad, y listos con la logística, también, para que no sea un problema cuando las ventas comiencen,”

¡Ja! Ventas. (Inserten un rol de ojos aquí.)

Obviamente esto lo pensé internamente, por fuera yo asentía atenta.

“¿Ya tienes blog, de casualidad?”

Yo negué. “Hice uno, pero lo perdí, no recuerdo nada útil para buscarlo.”

El ingeniero solamente asintió, “Pues esa es mi recomendación,” yo concordé con él.

Supongo que eso era todo, pues al acordar volver a escuchar de él, el día jamás llegó.

Era 4 de septiembre cuando supe que tenía el virus del siglo. Nada más de avance fue posible desde ahí, nada salvo los más de quince días que nos tomó curarnos en casa. Yo todavía sobre el quince de septiembre me sentía morir y seguía con fiebres.

Desesperada, y enferma, más ahora a causa del condenado virus, vi septiembre llegar sin mucha luz en lo que esperaba, pero mucha en los demás aspectos; mi familia vivió completa y nada se puso como yo sé que podría haberse puesto… pero un día, dormida, me desperté a media noche y por alguna razón revisé mi celular. Entré a mi email como sabiendo que tenía que hacerlo, y ahí lo vi:

“Tal” se ha suscrito a tu blog, Sheltered From The Storm. ¡Felicidades por tu primer suscriptor!

Un email de WordPress como jamás había recibido, si lo hubiera hecho habría recordado al menos la plataforma y buscado con todos mis emails hasta encontrarlo.

Habían sido siete años y yo no lo sabía. ¿Sabías que el número siete, en el Señor, indica perfección? Desde este domingo que vi que se cumplieron ocho años y caí en cuenta de todo esto, no puedo evitar pensar que algo de sustancia hay ahí, tal vez solo el hecho de que yo inicié algo, para hacer algo que había dentro de mí, y el Señor lo supo, y me dijo, “Sí,” pero antes de hacerlo, me llevó en un camino hacia la perfección. No de la escritura, sino de todo mi ser interior. Como si hubiera dicho sí, pero bajo mis términos, y para vida. Y una noche, cumplidos los siete años, yo ni buscándolo porque ya había decidido que cuando fuera necesario simplemente abriría un blog nuevo, olvidando para siempre el ya olvidado, Él lo trajo de regreso. Yo no tuve que mover un dedo para que Sheltered From The Storm volviera a mí. El Señor solo trajo de regreso el nombre que yo supe, como que estoy aquí sentada, que Él aceptó y me dijo, sí, te voy a demostrar cómo te protejo de la tormenta una y otra vez. No podía creerlo, ni lo uno, ni lo otro. Ni que Él lo hubiese traído de regreso, a través de un usuario que jamás encontré después de eso, ni que hubiera tomado mis propias palabras como oración y deseo, y me hubiera permitido ver cómo llenaba cada una de ellas con verdad, revestidas con su eternidad.

Tengo un año sabiendo que así es como hará las cosas en la realidad. Año en el que me he desesperado porque no lo veo hacerlas, año en el que Él me ha calmado cada vez, aclarándome cada vez más sus promesas.

No tengo mucho que agregar, salvo gratitud y la noción no solamente de que necesito una esperanza diferente, sino una fe diferente para todo lo que queda por delante, para poder vivir con Él esa vida bonita que le dije a mi sobrinito ayer. Son más como mis hermanitos menores, él y su hermano. Yo quiero vivir lo mismo que escuché para ellos, yo también. Vivir con sustancia y no pura vaciedad, y para eso tengo que esperar al Señor hasta que haga todo lo que quiere y no tomar ni uno solo de los detours que me vienen a mente cuando más desesperada estoy por la quietud de todo. Y si puedo, hasta empezar a ver las mariposas cada que vengan sin temer a nada después. Así me resisto, así es como no bajo mis versículos de la pared, como mamá dice, y me afirmo y apego más a Él. A mi todo.

Ese día, hace un año, despertando me puse a actualizar todo, buscar un dominio y un plan asequibles, y lo comencé a utilizar el 22 de septiembre. Justo como antier vi las mariposas, ese 21 de septiembre en nada de tiempo, parada en un lugar donde todo había terminado para mí, en uno de esos tramos sin salida donde la carretera llega a su fin, el Señor en una noche abrió camino para algo nuevo; Él lo guardó y Él lo trajo a memoria. Días después el Señor me enseñó hasta cómo hacer mis documentos imprescindibles ante la autoridad, que vi que este preciso mes alguien buscó y revisó, y yo estuve feliz y agradecida de que desde ese día Dios me había hecho tenerlos listos. Y así empezó esta historia, así llegué aquí. En Su mano, sin nadie ni nada más. Y cómo veo que he cambiado a causa de esto, es innegable, si me conocieran lo verían. Su mano me dio vida, y parte de esa en mi caso es tener esto en mi porción.

Mi primer blogpost formal fue “Una vida oscura oscura, ¿Podría Iluminarse?” y hoy afirmo que sí.

Puede.

Y hay alguien que quiere hacerlo.

Uno, solo Uno, en quien habita toda la luz. Luz pura.

A Él espero yo, y hoy hago memoria de ello, y de que en efecto, como he visto su mano, lo seguiré haciendo. Hace un año llegué a septiembre, y Él fue fiel, y todo esto que escribo y veo aún no lo entiendo por completo… pero mientras lo medito, creo que puedo empezar por dejarlo completamente cambiar mi esperanza y fe, y seguir adelante que para hoy ya ha hecho mucho nuevo. Hace un año solamente viví una muestra más sobrenatural y tangible de todo lo que había visto antes, y como lo recuerdo, creo que empiezo a tener una idea de lo que Él me ha intentado decir, con cosas así, con las mariposas, con sus palabras mismas:

Está pendiente de todo y todo va conforme a su plan, y cuando sea tiempo para cada cosa, como con el blog con un simple email en un día específico, con cualquier cosa que sirva a su propósito, Él lo hará. Él lo traerá todo a la luz.

Un día más, que de todos modos mientras de Él dependa, tenemos toda una vida.

Toda una vida para que Él cumpla mis tiempos, que este año me ha enseñado que están en sus manos.

-SFTS


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