Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


No es duda, es otra cosa.

Estoy cansada, Papá.

Supongo que existe una cantidad específica de días que tenemos que sobrevivir; no luchar, no hablar, no defendernos… sobrevivir. Pasar el día.

Estoy cansada, Papá. Tenía un par de párrafos para anotar aquí para explicarme, aunque sea a mí misma, todo lo que hay todavía; dentro de mí, en el pasado… todo. Y los olvidé por completo, no puedo recordarlos.

En el condenado pasado porque hay quienes nada más no quieren dejarlo morir.

¿Alguna vez has pensado en cómo sería dejar algo morir? Es antinatural, lo sé. Cuando mi papá se fue de la casa, ahí aprendí que como él lo había insinuado; que yo no era nada, mi valor menos que cero, así era. La orfandad se exuda por los poros de la piel, ¿por qué lo digo? Porque es la única explicación que tengo para el hecho de que después de él, como en fila y por turnos, decenas de personas decidieron decir lo mismo. Cercanos, tan cercanos como tíos y primos, pero también lejanos como ministros de congregaciones, sus hijos, compañeros de clase en las diversas instituciones… hasta quienes menos uno hubiera imaginado. Y digo quienes menos hubiera uno imaginado no por sorpresa al hacerlo sino porque algunas hasta han sido personas que han sido objeto de los mismos tratos. Es común, he aprendido también, que las personas que peor se sienten, que peor están, suelan buscar alguien que vean peor que ellos para descargar ahí su frustración, y para pesar mío, ahí también me ha tocado estar, entre sus dos cejas hasta que termino llorando escondida porque por más que me haga la fuerte, ya no soporto sus golpes.

No siempre los golpes se reciben igual, eso también lo he aprendido ahora. Ahora duelen menos, no porque sean menores, sino porque tengo a dónde correr con las heridas. Sí, aunque a veces siento que por toda la fe de la tierra ya no queda mucho de mí realmente. Por eso estoy cansada.

Tiene como tres o cuatro días que pude nombrar esa cosa extraña que me ha hecho correr rota por todos lados buscando algo de lo que aferrarme que haga, al menos, a todos retraerse lejos de mí y dejarme en paz, si no logro hacerles ver que soy mejor y siempre lo he sido. Obviamente no lo soy, eso lo sé. Para términos de competencia, siempre lo diré como lo aprendí:

Tú ganas.

Todo mundo gana, y eso lo prefiero.

Pero aunque todo mundo gana, los golpes no se detienen. Me he tenido que ir completamente de los lugares para que algunos lo hagan y de esto no me quejo, al menos es algo.

Y es aquí, donde lo descubrí:

La orfandad debe exudarse por los poros y por eso todo mundo sabe, desde que te ve, cómo tratarte. Si ni tu propio papá te quiso, ¿qué puedes esperar de cualquier otra persona? Y mi respuesta ha sido luchar a como pueda por justificar mi existencia.

Vaya tarea, ¿imaginas?

¿Gritarle silenciosamente al mundo entero que tú también quieres vivir, no pensar en que tu única opción es lo opuesto, que por favor te dejen?

Que también tienes algo de valor, que por favor te miren, te ayuden, te consideren, te amen… ¿o por lo menos que no levanten su espada, por una vez en la vida? Y todo para hacerte ver su deseo; que deberías desaparecer.

Lo penoso es que he llegado a los 29 años sin haber logrado que alguien me escuchara. Fuera de casa, eso es. Fuera, porque dentro todos viven lo mismo que yo de una u otra manera.

Estoy. Tan. Cansada.

Que por eso oro así, como allá arriba. Le ha tomado todo a Dios mostrarse a mí como Papá, y protegerme como tal. Lo ha hecho de tal manera que ciertamente los golpes han cesado, si no porque todo mundo bajara las armas, porque Él simplemente me quitó de las tierras caídas y corrompidas donde muchos de ellos se encontraban. Supongo, que un día exudaré el ser su hija por los poros, y ya no veré al pueblo de lengua que no puedo entender cerca, siempre esperando verme caer.

Tal vez les alegraría si digo que no tienen que esperarlo, que del suelo no me he levantado en años. Tal vez en toda mi vida.

(Omitan el hecho de que Él me ha cargado todo ese tiempo)

Omítanlo, aunque a la verdad lo ha hecho, y déjenme ese secreto a mí; que eso poquito de mí que ha ido quedando con los años, Él lo carga en sus manos y con eso tengo para saber mi existencia entera justificada aún si muero. Y vaya que si muero, Él me ha hecho fructificar aquí en la tierra de mi sufrimiento de tal manera que se quedan partes imposibles de desaparecer. Páginas y páginas escritas por mi propia mano, regalo suyo. Ahora sí que, aunque quisieran, nadie de ellos ganó. Y aunque yo tampoco, sé quién sí lo hizo.

Para este punto tú también, ¿no?

Ya no soy polvo, y ya no tengo que justificar mi existencia; Él lo hace por mí. Todos los días.

Eso sí he llegado a ver en mis años. Tal vez ese pasado dentro de poco también deje de tocar a la puerta, débil del espanto.

¿Por qué? Porque lo que he visto a causa de ellos se ha convertido en algo de lo que siempre digo que no le desearía a nadie conocer, pero aún así ellos no se detienen. Y de injusticias no puedes construir un reino que le agrade al Soberano de los reyes de la tierra. ¿Entonces?

Ah, sí, una cosa olvidaba:

Ese de quien hablo, mi Papito hermoso, el Soberano de los reyes de la tierra, también se llama a sí mismo el que examina mente y corazón y paga a cada uno conforme a sus obras. Prefiero ser ese polvo que Él tiene que levantar, que la otra opción. Con todo y que esté agotada.

Esa, es la Justicia real. Que sí hay Dios, y sí ve, y sí oye cuando su nombre es blasfemado de continuo todo el día; entre los que dicen que Él les respondió sin haber Él a la verdad hablado, entre los que dicen que lo conocen cuando no tienen ni la menor idea, entre los que dicen que lo siguen sin siquiera estar en el Camino correcto, entre los que lo sirven y los que no, porque realmente ni lo escuchan ni lo honran. Y mientras hay esperanza mientras no muramos, el camino de la incredulidad y la impiedad es tan cómodo y deleitoso, que la jaula puede, en efecto, cerrársenos en la cara cuando menos nos demos cuenta.

Ya no tengo tanto miedo, en realidad.

Sobreviviendo desde esta esquina de la tierra; si alguien aquí me ve vivir un día, sepa, sepa, que es a causa de Él.

Si me ven no hacerme polvo, aunque era lo único posible y lo único que me quedaba después de todo esto, sepan que fue por Cristo, que justificó mi existencia completa.

-SFTS


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2 responses to “No es duda, es otra cosa.”

  1. […] para tomarle lo que ven que tiene y otros para sentirse muy justos y como que alcanzan el cielo… yo muchas veces me he encontrado tan en el suelo que temo nunca más levantarme, pero eso se desvanece cuando recuerdo que Él me mira, y me extiende su mano… si no me […]

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  2. […] Sobreviviendo desde esta esquina de la tierra, sí, pero no. Viviendo, desde esta esquina de la tierra, si un día me ven completamente plena y adornada, sepan, sepan, que es por Cristo. Ciertamente Él lo redime todo. […]

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