“Es innegable que soy un fracaso.”
Eso lo pensé el domingo antes de dormir. Me parece bien haberlo dicho en fuerte, a mi mamá, porque al fin acepté una vez más lo que era necesario; como cuando era la niña llorando en medio de los escombros que describí en mi primer libro, Desterrados. El Señor estuvo todo el fin de semana recordándome acerca de los que tienen poca fuerza pero también una puerta abierta delante, en Apocalipsis. Me dormí entendiendo que Él nos va a salvar, vez tras vez, su fuerza, encima de nuestra debilidad. ¿Y esa puerta? Por todo donde hemos sido echados por tierra, pisoteados, podemos acudir a Él y Él escucha. Jehová es la porción de mi copa y de mi herencia, tú sustentas mi suerte. La cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado. Bendeciré a Jehová que me aconseja, y aun por las noches enseña a mi consciencia. Porque está delante de mí, porque está a mi diestra, no seré conmovido. (del Salmo 16)
Tengo algo que decir, lo estoy buscando, pero no lo encuentro bien. ¿Me acompañas a hacerle sentido?
Justo ahorita me acordé de Habacuc. Están pasando cosas alrededor que no conozco del todo, y mi mente lleva días analizándolo todo; todo lo que no entiende pero sabe que está ahí.
Habacuc es un personaje de la Biblia, uno de los profetas menores. Menor no sé por qué lo llaman, pero bueno. Le tocó vivir los tiempos en los que lo hablado por el Señor para el pueblo comenzaría a hacerse una realidad mientras todo el pueblo se burlaba. Tenía miedo porque lo que pasara con su pueblo, pasaría con él también, y entonces buscó a Dios.
“Solo en la justicia hay vida, el pecado siempre trae la muerte.”
the Daily Bible, 1984, Harvest House Publishers
En resumen, eso es lo que el Señor le responde, como F. LaGard Smith escribe en el estudio de la Biblia que cité arriba. He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. (Hab.2:4) Y después el Señor le da las razones y consecuencias para lo que Habacuc ha visto que se empezaba a cernir sobre el pueblo (el verso lo pondré hasta abajo, es extracto de Habacuc 2 para que el que quiera lo vea ahí):
Despojo, codicia de ganancias injustas, edificación de lo propio con artimañas de oscuridad (derramamiento de sangre o iniquidad en general), hacer caer a otros para aprovecharse de su debilidad, robo, idolatría, estas son las cosas que el pueblo ha hecho. Y estas son las que yo he visto a mi alrededor, aquí, donde siento que se cierne algo tormentoso que no puedo explicar o describir. No tengo miedo porque el Señor me ha enseñado que dentro de su mano es donde pertenecemos yo y mi casa… pero sí tengo respeto con la impresión que me ha sido dada, esa que pide callar delante de Él y orar como Habacuc hizo:
En tu ira, acuérdate de tu misericordia…
Si cuando oía esas canciones me hubiesen dicho que todo terminaría como hoy lo veo, no habría podido creerles. Pero hoy lo hago, hoy, ahí rendida en el suelo le pregunto al Padre una y otra vez si esto es todo… “de la talla de la mejoría viene la siguiente tormenta,” lo escribí en Vivos, mi segundo libro, y sí, algo de razón tenía… pero ahora sé que de la talla de la tormenta viene también el poder de la mano extendida de Quien nos sostiene. Que si Él no nos habla vida, ni siquiera el mejor médico, o la ausencia de tormentas, nos podrían hacer vivir. Que si Él no presta el aliento que hasta hoy ha hecho, nadie, ni nosotros mismos, podría alargar nuestra propia vida o la de los demás medio centímetro.
¿Qué es la tormenta? SFTS
Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido. […] Horadaste con sus propios dardos […] que como tempestad acometieron para dispersarme, cuyo regocijo era como para devorar al pobre encubiertamente. […] Si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas...
Aunque la higuera no florezca,
ni en las vides haya frutos,
aunque falte el producto del olivo,
y los labrados no den mantenimiento,
y las ovejas sean quitadas de la majada,
y no haya vacas en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en Jehová,
y me alegraré en el Dios de mi salvación.
Jehová el Señor es mi fortaleza,
el cual hace mis pies como de ciervas,
y en mis alturas me hace andar.
extracto de Habacuc 3
No se sabe mucho de él, pero por cómo habla, seguramente le tocó ver mucho de lo tocante al cautiverio de Judá, a manos de Babilonia. Al menos esta versión de la Biblia que siempre aconsejo leer por cómo se estructuró, con mucha investigación y trabajo, así lo permite sospechar. Esto lo respondió Habacuc en cuanto el Señor le aclaró por qué estaba haciendo todo lo que estaba haciendo, mucho de lo cual sus contemporáneos del pueblo no consideraban que fuera de parte de Dios. Para ellos, con sus falsos profetas, todo estaba por solucionarse, Dios se avecinaba para salvarlos. (Esto es confirmable leyendo Jeremías, que parece haber estado en la escena casi al mismo tiempo y quien sí vivió la ida al cautiverio de Judá.)
No es agradable, el encontrarte en la tormenta. No es agradable saberte sin rescate, sin el Señor, ver mal y dolor… pero esa es la porción que nos toca si no clamamos a Él, el dador de Vida. El autor, de la vida. Y para clamar a Él, tenemos que dejar de ser soberbios y aceptar que estamos en el error, que nuestras fuerzas no sirven; que por grandiosas que podamos haberlas considerado mas bien están llenas de corrupción, iniquidad y oscuridad, y asirnos de sus fuerzas. De esa tormenta Él rescata, como todos los que lo conocemos podemos testificar, como Habacuc escribe, saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido, pero existe otra, que es menos agradable todavía.
Otra tormenta.

Yo tenía trece años cuando la famosa pregunta me llegó y no supe cómo responderla:
“Si Dios es tan bueno, ¿Por qué deja que pasen cosas tan malas? ¿Por qué no destruye a los malos?”
Mi papá tenía nada de haberse ido de la casa, dejándonos solas definitivamente, y yo estaba prendida a lo que me quedaba de fe infantil, de la más pura, de un delgado hilo. Miré al profesor, y después a la banca. Yo tampoco lo sé, pensé en ese instante. Ese podría bien ser el umbral que para los años siguientes me había bienvenido a la habitación del Dios malo, que se burla, al que sabía que jamás podría dejar porque lejos me mataría pero cerca me estaba asfixiando. El tóxico del que hablé en uno de mis primeros posts. Después de eso, me recuerdo tan claramente un día en camino a la escuela, con mi mamá, ambas hablando de la inmunidad diplomática que mucha gente parecía tener en lo espiritual y material, haciendo daño a otros sin que nadie ni nada los detuviera, venciera, o al menos salvara a los involucrados. Era asquerosa, la sensación en mi pecho, de enojo, impotencia y desasosiego al ver cómo nada tenía remedio cuando esa gente hacía lo que quería y de cualquier manera no había misericordia. “Tuve miedo y ni por tantita misericordia la tormenta se detuvo,” eso también lo escribo en mi segundo libro, Vivos. Esa era yo en mayor o menor medida hasta el 28 de octubre del 2021.
Todo cambió con un sueño. Los meses anteriores a ese habían comenzado a venderse las propiedades de mis abuelitos, las que bajo el trabajo de mi mamá y la mano del Señor, de mi Papito hermoso, habían prevalecido para cuando los malos– los muy justos- quise decir, llegaron a posar sus manos sobre ellas. Ya había pasado ese día cuando me tocó leer de alguno de sus hijos un “El amor gana al final” y de otro un “Luchemos por las tierras de la abuela,” y mi corazón francamente estaba destrozado. Destrozado como lo estaría cuando todos triunfan sobre ti y su respuesta siempre radica en ello, no en triunfar, sino en triunfar sobre ti. Son desagradables como pocas cosas, los pormenores de ese tiempo, mucho porque mi casa estaba en medio de una batalla que tenía un antes de nosotros desastroso y un después muy importunado. Uno del que ellos tienen la narrativa perfecta, de cualquier modo, y como siempre tienen la razón… bueno, que la tengan no cancela el hecho de que ni uno estuvo presente, adentro, soportando los golpes con uno, habiendo sido necesaria su presencia incontables veces. Si no estuviste no deberías hablar, ¿no? Pero he ahí la inmunidad diplomática. En fin, ya ellos eran felices porque habían ganado, dios les había respondido. ¡Ja! siento que eso ya lo conté aquí tal cual lo acabo de poner. Bueno, vendido lo que hasta el momento parece que lo fue todo, aunque había más, vino ese sueño:
Yo no sabía que ya estaban viendo cómo vender la segunda de como tres heredades. Estaba en esa, de hecho, en mi sueño. En la fábrica. Toda la familia estaba ahí. Di algunas vueltas, y los fui encontrando a todos. Algo pasa en el sueño, que siento conmoción y de pronto empiezo como a discutir sobre alguna idea que escucho que me parece terriblemente errada y corta de sentido. Es ahí, cuando desaparece la fábrica de mi alrededor y quedo en una de las jardineras afuera, con uno de mis primos. “Lo que va a hacer mi papá es lo correcto, está bien,” es someramente lo que me está diciendo, defendiendo a su papá. Yo solamente me encojo de hombros. “Como sea,” es lo que quiero decirle, pero por alguna razón, él me interrumpe, y me dice, “supongo que no nos volveremos a ver.” Y es ahí cuando yo empiezo a llorar, “sí, es la última vez que ves mi rostro,” le contesto, y veo todo hacerse brillante a mi alrededor. Estoy lo suficientemente consciente como para notar que hablé como Moisés se despide de Ramsés en Éxodo y después giro al cielo y digo lo siguiente, que fue lo que me despertó, porque aunque había estado consciente, no había entendido del todo lo que había sido motivo de la discusión que me había hecho salir:
“Pero de todas maneras van a vender,” dije, y ahí abrí los ojos, pero el mensaje no me había sido enviado completo hasta que, limpiándome las lágrimas sin haber bien ni despertado, escuché, “Eres mi especial tesoro.”
Creo que ya conté en qué parte de la Biblia sale ese enunciado, o lo más cercano. Enunciado que yo jamás había escuchado antes de esa madrugada:
“Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.” Malaquías 3:17
Voy a poner el pasaje completo porque es necesario:
13 Vuestras palabras contra mí han sido violentas, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? 14 Habéis dicho: Por demás es servir a Dios. ¿Qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos afligidos en presencia de Jehová de los ejércitos? 15 Decimos, pues, ahora: Bienaventurados son los soberbios, y los que hacen impiedad no solo son prosperados, sino que tentaron a Dios y escaparon.
16 Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. 17 Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. 18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.
Y entonces, recordé la inmunidad diplomática de la que siempre me quejaba con mamá. No encontrábamos esperanza ni porque la teníamos ahí delante, llamándonos a mirarlo y dejarlo entrar. Estoy cerca de que se cumplan 3 años conmigo queriendo entender un elemento clave del carácter de Cristo que pocos conocemos al inicio, cuando solamente sabemos de Él de oídas; razón por la cual hacemos y somos todo lo que hacemos y somos que nos hace desagradables Él aún si decimos conocerlo. Francamente no recuerdo si ya lo comenté, pero hoy lo hago con mayor seguridad, porque lo he ido descubriendo en el lugar donde me tiene. La pregunta no es ¿por qué hay mal? sino lo que Él hace, con el mal. Porque sí hace, y sí lo aborrece. Todo donde hay despojo, codicia de ganancias injustas, edificación con artimañas de oscuridad, hacer caer a otros para aprovecharse de su debilidad, robo, idolatría, Él eventualmente mete las manos. A veces lo tenemos por tardanza a causa de su longanimidad, no hace nada hasta que es demasiado tarde a fin de no apagar el pabilo que humea y romper la caña cascada, porque es Bueno. Aún al malo da oportunidad de buscarlo y volver a casa, vez tras vez, pero un día cierra la puerta del arca. Los malos que clamamos, somos convertidos, somos rescatados, me gustaría agregar aquí.
Y cuando mete las manos, es aterrador. Una vida donde verdaderamente Él no está, es aterradora. No es ni motivo de alegrarse todo ahí donde Él habla y es hecho, no muchas veces, porque su justicia se contrapone a la nuestra todo el tiempo, y como Él sí sabe cómo hacer las cosas, su paso por la tierra es doloroso. Es atemorizante, también. Y eso, es lo que creo que se me ha impreso en los días anteriores. Que he visto los escenarios avanzar en la dirección que temía, pero que creía que los involucrados tendrían el suficiente sentido para querer evitar. No lo han hecho, y francamente no veo Bien acercándose de ese lado de la barda donde estoy sentada, como Habacuc. No son cosas que tengan remedio, siquiera, porque he visto al Señor entretejerlo todo cuidadosamente y sé que está firme en lo que va hacer, me lo dijo hace como dos sábados. Y me ha permitido ver cómo empezó y cuándo; la vendimia sin duda acabó el día en el que me dijo que lo haría, porque de ahí en adelante más no se ha movido, el espanto por lo visto ha sido notorio, cambiando una y otra vez de estrategias para zafarse por parte de los que me ha tocado observar, muy a mi pesar, la confusión que habita ahí parece enemigo certero, y cosa que parecía un juego o malicia hace unos años, hoy la veo empezar a hacerse real. Tan real que veo cómo ha afectado ese designio a mi propia porción, cosa que no puedo explicar pero de la que guardo pocas dudas ahora. Y claro, si lo que me toca es esperar como Habacuc, pues aquí estoy, el asunto es que… temo que ese día, cuando para algunos el amor ganó, no haya sido el final. Y temo que esto que veo hoy, sea solamente el comienzo.
El comienzo que romperá mi corazón, si lo pienso… la razón por la que llevo años leyendo lo que el Señor me da, y guardándolo sin querer abrazarlo mucho, creerlo, aún, porque cuando lo haga…me congelaré del miedo. Y probablemente sí albergue mucho lamento.
Todos los sueños, todos los pleitos unilaterales, el no haber podido hablar, la carencia hasta de defensa terrenal… el cautiverio, ese mismo del que a veces me son traídos a memoria versos para orar, pedir, por que mi casa sea librada, vuelta a lo alto… y la promesa intrínseca de que así será… y la certeza de que se perderá lo que para perderse ya está dispuesto.
No, Dios no hace lo que el ser humano quisiera, cuando lo queremos, tocante a la justicia, porque cuando deja su trono para pisar el lagar, el día de su venganza, cada que este llega, que trae consigo también el año de sus redimidos, asusta. La vida deja de ser un juego justo ahí.
Por favor, ten misericordia, no solamente te pido que nos mires de lo alto y cambies todo lo que te he pedido, sino solamente por esta vez… sálvanos, cuando sea tiempo confirma la obra de nuestras manos, que podamos verte aun aquí,
mientras avivas tu obra en medio de los tiempos, Señor, por favor…
tus hijos te esperamos.
Hoy podría responderle al profesor, y es la noción de ver esa respuesta comenzar a asentarse en mi tierra lo que ha comenzado a pesar sobre mi espíritu. He esperado años, y puedo ver a mi Rey, pero no todo son buenas noticias… no para todos los involucrados. Sí, mi alma se lamenta.
Al menos doy gracias por no haber tenido fuerzas, porque me abrió la puerta.
-SFTS

Ayes contra los injustos en Habacuc:
- El que es dado al vino es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las gentes, y juntó para sí todos los pueblos. 6 ¿No han de levantar todos estos refrán sobre él, y sarcasmos contra él? Dirán: ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Hasta cuándo había de acumular sobre sí prenda tras prenda? 7 ¿No se levantarán de repente tus deudores, y se despertarán los que te harán temblar, y serás despojo para ellos? 8 Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas.
- ¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! 10 Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. 11 Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá.
- ¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad! 13 ¿No es esto de Jehová de los ejércitos? Los pueblos, pues, trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en vano. 14 Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.
- ¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas tu hiel, y le embriagas para mirar su desnudez! 16 Te has llenado de deshonra más que de honra; bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha de Jehová vendrá hasta ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria. 17 Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras te quebrantará, a causa de la sangre de los hombres, y del robo de la tierra, de las ciudades y de todos los que en ellas habitaban.
- ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo?, ¿la estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? 19 ¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él.
20 Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra.
Habacuc 2:5-9


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