Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


2507; la lente del amor

Recuerdo que era mi cumpleaños número 15. Qué problemas estábamos viviendo en casa, y para empeorarlo todo, no estábamos en casa sino de vacaciones para un evento importante. Cuando la familia se dividió para volver a la ciudad ese día, no fue bonito; no hubo aviso, no hubo despedida, no hubo festejo, no hubo nada. Tocó quedarse con papá… qué sentido de desolación y soledad lo invadía todo cuando era así y encima de todo no encontrábamos restaurante para cenar; todo estaba muy lleno. Cuando llegamos a uno, recuerdo bien cómo bajando del auto con mis hermanas y corriendo a recibir una mesa, yo oré algo. Después tomamos asiento. “Si me amas, si tú sí lo haces, por favor,” pero no sabía qué más decir. ¿Cómo le pides a alguien que te muestre que te ama si has empezado a olvidar lo que la palabra significa y lo que es creer en Él? Tal vez nunca has conocido ni lo uno ni lo otro.

Papá tardó en llegar a la mesa, como siempre. Mis hermanas… realmente no recuerdo lo que hacían pues en ese tiempo todavía estaba muy chica como para haber llevado un récord de observación de mis alrededores, y todo era peor con el dolor adentro… y el ruido. Había luces, no recuerdo qué pedí de cenar, pero muy pronto noté las TVs con música y videos. ¿Recuerdas la conexión que he contado que tuve con la música?

Si me amas, ¿puedes dejarme escuchar algo de Justin Bieber? Así voy a saber que no la estoy pasando sola, justo hoy.

Tengo un récord bastante presente de lo que han sido mis cumpleaños a lo largo de la vida. Decir que son agridulces es poco, aunque muchos aquí deben compartir eso conmigo, sin duda alguna, entonces está bien hablar de esto. De cómo el dolor ha llegado a puntos tan altos en los años recientes que festejarlo se llegó a convertir en una carga o molestia en mi corazón.

Una señal, eso suelen buscar los niños ¿no? Señales que les muestren que la vida todavía puede ser un sueño, porque a ellos no les interesa si tiene sentido o no. La comida llegó, y comenzamos a cenar. Nada de Justin en una sola de las pantallas, aunque todas mostraban lo mismo… mucho menos el sonido aunque hubiera sido sin video. Cerca del final de la cena me levanté de la mesa y me dirigí a los sanitarios para lo que hoy reconozco como mis primeras huidas de la juventud; casi en cualquier lugar hay tocadores, entonces son un buen lugar para esconderse. Este estaba todo adornado. Fue cuando entré por la puerta que lo escuché:

justo había empezado el video musical de Baby. Había tardado tanto que yo quise ya no hacer caso. Después me quedé viéndolo en el pasillo intentando entender si Él, a quien había orado horas antes, me amaba o no. Hice así porque la canción había tardado horas en llegar, ya estábamos a poco de dejar el lugar. Las circunstancias específicas de ese día habían empezado a golpear más ahora que la cena terminaba porque con esas, sin que nadie las hubiera remediado, se terminaba la jornada. De todo esto es de donde aprendí años más tarde que los adultos en nuestras vidas no pueden ser contados para dar sentido, no todo el tiempo, y no podemos pretender cargarles nuestro dolor porque ellos también están viviendo aquí por primera vez; tampoco saben cómo hacer las cosas. Pero Aquél que tiene su trono allá arriba…

Así pasaron los años.

Por supuesto que el evento no lo he olvidado, con todo y que he corrido de aquí para allá y subido y bajado.

En 16 días cumplo 29 años. El otro día mi mamá dio gracias a Dios porque he hecho comentarios de todo lo que quiero preparar, parecido al pasado. Supongo que así se notó cómo el día dejó de agradarme, en que realmente no me interesaba si hacía una cosa o la otra, o nada.

Hace como un año pasó lo del corazón de bolsa Ziploc, que ya conté en otra publicación. Una de las cosas que suceden en medio del dolor, la más importante, es la pérdida de fe. Yo he perdido la fe al grado de que cuando veo un programa en el que el protagonista se pregunta si puede volver a soñar acaso, después de verlo sufrir de esas maneras que pocos conocen, ese sufrimiento que deja tu existencia a medias y así la mantiene y no hay escape, termino yo temiendo por él, porque no verá sus esperanzas cumplidas. Cuando llega la escena en la que así pasa, ya lo sabía yo y no sufro tanto por él. Total, así es la vida.

He tenido que aprender.

He tenido que aprender a tener fe, aunque parezca vacía de lógica y razón. Fe en el Autor y Consumador de la misma, claramente, porque sin fe es imposible agradar a Dios.

Y todo aquel que le busca, tiene que creer que le hay.

Luego vienen tiempos en los que nos dice que si no podemos creerle así, entonces le creamos por sus obras… pero ese es otro tema.

Ayer, salimos a dar la vuelta allá lejos de casa a donde poco podemos ir a causa del tiempo y la lejanía. Satélite. Así se llama la ciudad vecina, está a unos minutos en auto. Antes nos la vivíamos por allá porque tenía el único centro comercial, ahora, dos décadas después, ya hay muchos más cerca de casa. Ahí en Satélite queda una de las librerías donde hace tiempo recibieron mis libros y cuando salimos del centro comercial, mamá se decidió por ir a verlos. O más bien llevarme.

Unos metros antes del retorno que nos dejaría ahí, yo empecé a pedir dentro de mí que por favor mejor bajara ella, o mi hermana mayor. Francamente poco puedo ya con ese tema, y lo desalentador que todo ello es en general. No quería ver si ya los habían empacado en la bodega a causa del tiempo porque hay cosas que me están haciendo polvo, como si un pie gigante me pisara cada vez y yo ya estuviera hecha partículas tan diminutas que ya no se ven. Que el viento puede volar en cualquier instante. Destrozada.

“Mejor que vean ellas el destrozo, no yo, solamente esta vez,” pero antes de que pudiera decir algo, mamá tomó el retorno y comenzó a darme instrucciones.

“Si no los ves, preguntas, y si no están en exhibición tendré que volver a mandar un correo para ver lo que sigue,” ella, siempre bien alentadora, jajaja. Pues no me dio ni tiempo de pensar cuando estaba por estacionarse salvo, bueno, me hará polvo ver si ya los embodegaron, pero está bien,

I’ll be destroyed, but if I’m destroyed then that’s what I’ll be. I cannot change things.

Y así bajé del auto.

No los encontré donde hace un año y lamenté tener que preguntar. No quería ni mirar a la señorita cuando me dijera que lo tendría que pedir a almacén o algo porque sabía que mi expresión al escuchar la noticia delataría que tenía algo que ver con los libros más allá del mero deseo de comprar de un cliente de la librería. Iba a saber que eran míos al ver mi rostro arrugarse y despedirse para irse destrozado a sufrir al carro con su familia.

“Claudia?” Me preguntó el nombre una vez más.

“Mayra. Mayra Yanina Valencia.”

“Ah, correcto,” y seguía anotando en su teclado, “ah, es cierto, espéreme aquí,”

Pero yo la seguí.

A medio camino del segundo piso la detuve y ella me entregó el ejemplar. Solamente los situaron en la sección correcta. Literatura juvenil.

“Tenemos los demás,” me dijo la señorita ahora, como si los ubicara pero no supiera mucho, “este que es el que sigue, y el siguiente,” me señaló Vivos y Valientes en respectivo orden.

“El último,” le dije yo al verla señalar Valientes, y ella asintió. “Muchas gracias señorita,” le dije, mi atención desviada porque ahí delante apareció una fila de ejemplares del Señor de los Anillos, diversas ediciones. Tenía mi libro en las manos todavía cuando tomé uno de los de LOTR para verlo. Luego vi que tenían uno de los míos abierto, seguramente para el cliente curioso, y después mi atención fue llamada a enfocarse:

¿Ya viste los de quien están rodeando los tuyos?

Y es que uno en serio a veces ve y no ve.

Tolkien.

¿No te gusta?

Ahí bajé mi libro y el suyo, y los acomodé en el estante a manera de que estuvieran como antes de que yo llegara.

Tengo días con una suerte de promesa que me dice que Dios quiere mostrarme algunas cosas nuevas que yo estoy segura de que jamás conoceré, a causa de las circunstancias y desde la mañana, antes de salir, había tenido una impresión inexplicable que para hoy sigo intentando entender. Lo que implica ser amado. Lo que realmente significa. Especialmente si tienes poca fuerza, baja suerte, y todo lo demás. El Señor me trajo a la memoria un pasaje de Apocalipsis que le ha dado a mi casa varias veces este último año:

“Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.”
‭‭Apocalipsis‬ ‭3‬:‭8‬ ‭

Y supe que tenía que leer lo siguiente en cuanto este me fue recordado porque algo dentro cambió en un instante. ¿Una puerta abierta a dónde, realmente? De ahí avanzó el día. No dejé la librería sin anotar el instante en mi corazón, porque que no vea mis libros venderse es desalentador pero verlos puestos al lado de un literato que en mi opinión era admirable, cambió mi perspectiva; como cuando te quieren dar un mensaje. Tal vez a otras jóvenes les llevan flores, o a cenar… tal vez a mí en esta ocasión me permitieron ver esto en la librería. Mis libros, al lado de los de alguien a quien admiro como una eterna promesa de vida, de que no es el fin, de que hay esperanza. Y para mi lleva años siendo el fin del mundo, el fin de todo, por eso estoy tan cansada. Por eso tengo tanto miedo.

Solamente alguien que te ama encuentra la manera de comunicarse contigo.

Solamente alguien que te ama, quiere luchar por ti, por defenderte y salvarte.

El niño del programa no vio sus esperanzas cumplidas como creía que era la única manera posible, pero al final maneja rumbo al atardecer en el horizonte con todo lo que su sueño había implicado y más. Estaba incompleto, como yo me siento la mayor parte del tiempo, pero al final ya no.

En mi tercer libro, cuando se presenta la lente nueva, la que tendría que ayudar a que Hanna pueda continuar, ella dice “Cómo lo deseo.”

Yo no sabía ni entendía lo que estaba deseando ese día, hoy lo hago un poco:

Que se me presente aquello que lo va a arreglar todo. El que me ama, que porque me ama lo habrá de solucionar todo y luchar y luchar hasta que yo lo vea.

Tal vez ayer esas fueron mis flores al son de… ¿quieres ver?

Y tal vez aquél día, el que la canción hubiera sonado aunque fuera tarde, fue mi respuesta.

Un día más, en Esperanza y en Amor,

Te amo Señor Jesús.

Yeshua.

-SFTS


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