Conozco la sensación como a la palma de mi mano, lo hice, y es de esas cosas que no fácilmente se olvidan, el ahogarse en el mar tempestuoso de la existencia y el desasosiego. No es fácil olvidarlo, pero es más sencillo cuando recuerdo los brazos que no solamente no esperaron a que quedara inconsciente para saltar por mí, sino que forcejearon fuertes en medio del rescate hasta tenerme segura, aun si forcejearon contra mí. Todo se ha hecho más sencillo ahora que puedo voltear ahí cada vez:
¿Cómo fueron las tierras donde empecé a sanar?
Hoy lo recordé. El sentimiento que tuve ese verano. No lo había hecho desde hace casi dos años. Hay un pan de arroz que mi mamá hizo cuando empecé a buscar alimentos poco reactivos para mi cuerpo. Era blanco por dentro, firme, pero se doraba por fuera. Cada que salía la hogaza del horno, desde mi mamá, hasta los más pequeños nos congregábamos alrededor a comer un pedazo. Había habido un día sobre abril de ese año en el que desperté y de pronto pude ver la luz del sol como nunca en mi vida. Es indescriptible, ese día, porque fue como si hubiera sido removido algo de sobre mí que me había impedido respirar… toda mi vida. Después de ese, empecé a creer que si ese había sido posible, entonces todo había cambiado para siempre.
Para cuando el verano se asentó, con todo y lo que todavía le faltaba a mi familia… a mí, y lo que aun no ha llegado a hoy día, eso se había acrecentado bastante. Es la primera vez que recuerdo una época de mi vida con una sensación de tranquilidad, estabilidad, calor, y alegría, aún. Ya no había gente alrededor, ya no había escuela, ya no había trabajo, ya no había papá terrenal que iba y venía como le placía, ya no había familia oprimiendo desde adentro sino solo desde afuera, ya no podía comer una infinidad de alimentos porque había pagado la caseta para entrar a la carretera de la búsqueda de la sanidad física; estaba caminando, buscando, esperando… todo en el silencio inherente al dejar morir todo para sobrevivir. Pero ya no estaba en esas tierras de desolación sino caminando. Por las mañanas partía un mango, y lo ponía sobre algo de esa hogaza que mamá hacía y lo cubría con aceite de oliva. Hoy veo a mi sobrino con esos primeros dos ingredientes en su plato, comiendo concentrado y hambriento y me siento feliz. Esos ingredientes son como un destello de esperanza para mí, al parecer. Hay tiempos que recuerdo con náuseas, otros con terror, otros con ruido y dolor y otros con muchísimo enojo; pero ni uno a partir de esos días. Hacia la segunda mitad de ese verano hace dos años, le pude leer a mi mamá y hermanas mis libros, antes aún de que llegaran del registro de autor; todavía ni siquiera sabía que en verdad habría de publicarlos a pocos días de eso. Hacia afuera, desde antes de llevarlos a registrar, temía perderlos; no me habría sido sorpresa si lo hacía, me quejaba constantemente, pero adentro no temía nada en ese tiempo. Mientras leíamos, salía una pequeña hogaza cada tarde. Las vi llorar, reír, atosigarme con preguntas y reproches a las confusiones o tragos difíciles, lloraba yo también en muy específicas partes. Creo que se enamoraron de algunos personajes como yo, y sufrieron con otros. Yo no lo sabía, pero ya estaba sanando. Cada risa era muestra de eso, cada bocado del único pan que conocí durante meses, cada lágrima al fin llorada, también, junto con cada momento que solté al caer cada una como cuando te despides del mensaje en la botella y después ves al agua llevarlo lejos.
Estas semanas han sido muy reveladoras. Me sucedieron algunas cosas que abrieron mis ojos y terminé por bajar las armas en temas en los que estaba segura de que jamás podría; porque fui capaz de ver que realmente sin el Señor no podría vivir, aún si tuviera todo lo demás. No es lo mismo decir y sentir algo, que verlo real y al alcance ahí delante de tus ojos. Tal vez pude tenerlo en la palma de la mano y me enojé al tener que declinarlo por no perder a mi Señor, a mi Papito… y después me vi a mí y lo vi a Él. Su amor no es broma.
Hay una pregunta rondando las redes que dice así:
Si encontraras en una habitación a toda la gente que has conocido en tu vida, ¿a quién buscarías irremediablemente?
Siempre pensaba en la misma persona, antes, debido a una de las dos raíces de esperanzas que no vi cumplidas. Cómo me rompía hacerlo porque quería arreglar años de desolación frente a alguien que no podía ni siquiera arreglar los suyos; alguien que de cualquier manera nunca supo, y si lo hizo, su silencio fue mi respuesta, también. Y las palabras de protección de mi Dios. Este jueves, me llegó otra vez esa pregunta. Llegó y pensé en lo mismo, tan cansada, porque esa respuesta me lleva a escenarios irreparables, y a esperanzas vacías. Cuando bloqueé el teléfono dispuesta a irme a dormir, alcance a oír algo nuevo. Ha sido difícil volver a un equilibrio estas semanas, muy difícil. Pero de todas maneras Él ha cumplido mi anhelo en tanto que cuando no puedo correr yo a Él, Él sale por mí.
Yo también soy persona, y me has conocido.
¿Entonces estarías en esa habitación? ¡Por supuesto! ¡A ti, a ti te buscaría!
No existe nada sobre la faz de la tierra como en verdad encontrar esos brazos fuertes a los que correr cada vez para ser guardado del mundo alrededor; al parecer Él me encontró a mí y entonces pude entender en ese segundo que para pura duda, dolor o enojo buscaría a cualquier otra persona. Para puro amor, lo buscaría a Él y mi vida quedaría hecha. No hay mejores brazos en los que sanar, ni mejores tierras en las que esperar. De eso estoy segura ahora, si acaso solamente de eso.
Ha habido ofrecimientos, ahora que pienso con más claridad… dije que no a todos y eché por tierra los lazos que quisieron apresarme aún así, provenientes de esos. Así fue como estas dos semanas decidí dejar los temas que todavía guardaba con duda, o enojo, esos tocantes a los anhelos y esperanzas que todavía tenía para mi vida y futuro. Porque llegados los ofrecimientos pude ser capaz de ver que ni así, con todo mi esfuerzo y ayuda de las tinieblas, ni así podía lograr lo que tanto busco. No hay remedio, y hay mucho riesgo de perderse todo en donde no gobierna Él… entonces le solté todo al fin al son de:
Estoy lista. Ya no más.
Ahora solamente queda Él y Él y Él, pero el asunto es que… con todo lo que he recordado de los años más recientes tengo suficiente para estar segura de que veré un buen fin, y seguramente entonces esa buena vejez que me prometió hace unas semanas.
Tal vez esto no es sorpresa, lo que para mí lo es, es que, tras años de espera y de preguntarle muchos, si acaso estaba, ¿en dónde? Hoy lo veo llegando, yendo y viniendo en mi vida sin olvidarme un solo día; entonces sé que está y que continuaré viéndolo cada vez más.
Lo veo, lo veo, no como Esperanza, no como Bien Venidero, aunque es ambos, lo veo claro como el que Es y está y apagó el dolor, remendó cada herida y ha expuesto cada tiniebla mía para que se consuma frente a su Luz. Así empezaron estas tierras, pero hoy que sigo aquí sé que Él está mas claro que todos los que no pudieron, más que todos los que no quisieron.
Hoy no solamente respiro, sino que como lo esperé dudosa ese día, puedo hacerlo con un pecho ligero.
-SFTS


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