Darle lo mejor que tienes a alguien más.
¿Alguna vez lo has intentado? ¿Sabes lo que es?
A mí me ha costado entenderlo creciendo.
Uno pensaría que lo más importante sería darle todo a alguien más para que pueda estar bien, triunfar. Y triunfar es triunfar aquí en la tierra. Triunfar aquí en la tierra es estar lo mejor posible materialmente hablando, tener la mejor posición socialmente hablando, y por supuesto ser atractivo, atractiva. Eso te hace ser un individuo de calidad.
Este margen es tan pequeño, que es realmente poca la gente que puede llegar a formar parte, todos los demás quedamos atrás corriendo hasta perder el aliento por llegar a un lugar que se aleja de nosotros entre más corramos.
A mis 28 años aprendí a amar la paz. Paz.
Claro que después de una vida de demasiado desasosiego no hay muchas opciones, o pierdes los cabales completamente y te dejas llevar para olvidarlo todo, adormecerlo todo y sobrevivir, o aprendes a apreciar aquello que jamás imaginaste. Al parecer yo elegí la segunda. Para mi sorpresa, esa elección ha significado vida para mí y no solamente supervivencia.
Por eso siempre hablo de lo mismo. Porque he visto de primera mano que es el único lugar donde verdaderamente hay respuestas. He aprendido que esas mismas tardan, pero una vez aquí, no hay nada mejor.
Cristo es lo mejor que puedo dar a los demás, entonces. El dinero desaparece, comprar como loca sirve de distracción pero el dolor siempre regresa, todo lo material y lo que hacemos para obtenerlo es un barril sin fondo en el que nos podríamos ahogar porque siempre habrá algo más que haga falta, la literatura que elegía creciendo me tragaba viva en el dolor mezclado de lo que todos esos autores sangraban en las páginas y mi propia fuga de vida. Los adultos rodeándome, los amigos, primos, y toda esa gente que serviría de red para contenerme no podían hacerlo realmente, un ser humano no tiene la capacidad de salvar a otro por más que lo desee; yo lo sabría, ha habido decenas de personas que he querido salvar, muchas veces hasta pensando en que si salvarlos me mataba yo moría feliz. Qué egocéntrica.
Juicio, Justicia, Paz, Reposo, Seguridad.
Desierto, Campo Fértil, Bosque, Moradas de paz.
Un Varón que es refugio contra el turbión al centro de todo.
Mi vida entera. Por todos los lugares donde yo no puedo salvar ahora oro que vaya Él, porque sé que puede y sé que si va, ahí a donde llegue tiene que haber vida… si es que lo reciben.
Por esto siempre hablo de lo mismo, por esto todo conmigo siempre vuelve a Él… porque no podría volver a verlo y saber que no grité a donde me oyeran que Él podía con sus historias también como pudo con la mía. Que Él es verdadero pan, que solamente Él es el agua que sacia… Él toma a todos los que no caben, a los forasteros, y les da una casa. No hay desnudez que lo asuste, Él, la cubre toda con sus vestidos preciosos.
Esto, es lo único que tengo para dar que sé que sirve, por esto intento recordarlo a quien escuche cada cierto número de días.
Mi vida ha cambiado mucho de unos meses para acá, ya nunca estoy tan asustada como los años anteriores, tan angustiada… y puedo decir que aún cuando mi cuerpo soporta embates de salud, aún estos son mucho menos mortíferos ahora… cosas que antes me habrían hecho llorar amargamente hoy me hacen reír. Las circunstancias realmente no han cambiado, pero la luz lo ha hecho, y mis ojos abiertos sí que lo empezaron a ver. Bueno… en realidad sí han cambiado algo, de maneras tan sutiles que podría olvidar fácilmente como casi lo hago, la carrera de la fe debe ser esto exactamente, ver todo moverse sutilmente hasta que un día vea acabados tiempos de los cuales nunca creí que vería el fin. Ciertamente en estas semanas he llegado a ser testigo de cosas que acabaron para siempre en mis circunstancias y las de mi casa. Todo es cuestión de tiempo, si realmente queremos salir del hoyo y tomar la mano del Único que puede salvarnos, es decir.
22 Entonces el Señor dijo a Moisés: 23 «Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: “Así bendecirán a los israelitas. Les dirán:
24 El Señor te bendiga y te guarde;
25 El Señor haga resplandecer Su rostro sobre ti,
Y tenga de ti misericordia;26 El Señor alce sobre ti Su rostro,
Y te dé paz”.27 Así invocarán Mi nombre sobre los israelitas, y Yo los bendeciré».
Números 6:22-27
Todos en la vida pasamos un desierto, ¿sabes? Nadie puede saber el del de al lado, pero es definitivo que todos los pasamos, un instante que podría hacer parecer que perderemos la vida en él. Un instante que puede durar años. Uno donde nada crece, no hay agua de fácil acceso, la comida es escasa, dolorosa, y las caminatas parecen no terminar, espiritualmente hablando. Muchas veces las circunstancias son las que lo hacen así, porque se ven iguales de cierta manera. ¿Cómo está Cristo en medio del desierto?
Isaias 32 dice que el juicio habita en el desierto. En éxodo lo hizo como nube que protegía del calor en el día y como columna de fuego en la noche. Cuando la nube se movía, el pueblo debía hacerlo también. Hay un dato que muy poca gente comenta acerca del trayecto de los israelitas en el desierto y es que llegar a la tierra prometida les tomó alrededor de dos años, y El Señor le indicó a Moisés que enviaran espías en ese punto a investigar la tierra. Y en ese punto, fue donde todo se salió de control para siempre. Cuando llegaron los espías de vuelta al pueblo, contaron terror y medio, que si los habitantes de la tierra eran gigantes, que si sería imposible vencerlos, que todo mal, que no podrían. El Señor les había prometido estar con ellos, y entregarles la tierra, que no la tomarían solos, y solamente tres personas en su concilio lo recordaban: Moises, Josué y Caleb. Estos últimos eran jóvenes de veintialgo ahí.
El pueblo no quiso creer, no quiso ni obedecer por simple hacer caso aunque no creyeran del todo, y entonces el Señor respetó sus deseos, y los mandó de vuelta al desierto. Ahí iniciaron los 38 años siguientes donde toda esa generación feneció por no haber creído, hasta ese punto y no antes. Ya habían hecho mil cosas y ni una había alejado al Señor, pero Él mismo no iba a obligarlos a creerle. Y aún ahí, Él volvió con ellos al desierto, nunca dejándolos con todo y que ya no pudieron ver la tierra prometida. Ahí, el juicio se cumplió para esa generación:
Creer o no creer, elegir o no elegir. En el desierto, Cristo nos llama constantemente para ir a Él y encontrar vida, para conocerlo y no perdernos, Cristo, es el que nos bautiza con el Espíritu Santo. En Isaias 32 dice que cuando el Espíritu de lo Alto se derrama sobre nosotros, ahí el desierto empieza a convertirse en campo fértil, lo opuesto a ser regresados al desierto debe ser esto.
Llegar a ver el campo fértil, implica llegar a ver la Justicia. La Justicia del Señor. Los hijos de los que no habían querido creer sí llegaron. De esto van las pocas cosas que he empezado a ver cambiar en mis circunstancias, justamente de esto, que uno no se imagina cómo podría ser la Justicia del Señor, que es Cristo mismo obrando con toda la majestad y como Soberano de los reyes de la tierra. En mi caso, en el de mi casa, ha sido de inicio empezar a vernos librados de lugares donde éramos oprimidos, del alcance de personas que querían establecer toda clase de yugos tenebrosos sobre nosotros. Estamos más solos que hace años, pero vivos… más solos del mundo, pero tan cercanos a Él.. seguros bajo mano del que nos salvó. Ha habido mañanas en las que hemos sabido que estamos recibiendo luz verde para trabajar en cosas nuevas, y el simple hecho de ver instantes rotos ser traídos de nuevo a la realidad para ser reescritos ahora sin dolor es realmente algo que guardar como deleite en nuestros corazones. Mi casa estaba rotísima desde antes de que mi papá se fuera hace más de ya quince años, y poco a poco Cristo la ha ido convirtiendo en un hogar. Un verdadero hogar porque Él está.
Y aquí es donde entra la paz.
Hasta que el campo fértil sea estimado por bosque. El efecto de la Justicia, es paz. Y su labor, reposo y seguridad. Este es entonces el bosque. Esta es la porción para los que creen en Él: moradas de paz, habitaciones seguras y recreos de reposo.
Esto es lo que amo ahora, porque lo empiezo a ver asentarse a mi alrededor. Sí me ha tomado toda la vida, pero si lo que me queda de vida está perfilado para ver esa porción, yo no tengo objeción al respecto sino todo lo contrario.
14 Porque los palacios quedarán desiertos, la multitud de la ciudad cesará; las torres y fortalezas se volverán cuevas para siempre, donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada; 15 hasta que sobre nosotros sea derramado el Espíritu de lo alto, y el desierto se convierta en campo fértil, y el campo fértil sea estimado por bosque. 16 Y habitará el juicio en el desierto, y en el campo fértil morará la justicia. 17 Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. 18 Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo. 19 Y cuando caiga granizo, caerá en los montes; y la ciudad será del todo abatida. 20 Dichosos vosotros los que sembráis junto a todas las aguas, y dejáis libres al buey y al asno.
Isaías 32:14-20
Ciertamente no moriré, sino que viviré y contaré las obras de Jehová; esta es una, cómo se ve caminar con Él.
-SFTS


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