Muchas veces imaginaba cómo sería si llegabas a la habitación en carne y hueso. Con el paso de los años la reacción que tendría fue cambiando, así como yo.
Hoy te veía jugando con los chiquitos de la casa, poniendo tu mano sobre ellos, riendo y ellos brincando alrededor tuyo. Tal vez nos llamarías para sanar todo eso que ha faltado con los años, tal vez para sembrar verdadero amor en medio de todos.
¿Antes?
Antes era diferente.
Muy al principio, me sentía lo suficientemente valiente y ególatra como para esperarte enojada y reclamarte sobre el universo entero; el mío sobre todo.
Después, lo suficientemente especial como para expresar resentimiento en contra tuya, y llorar. Tal vez así detendrías todo el mal.
Después lo suficientemente cansada como para añorar que me miraras con simpatía.
Cuando los años pasaron y crecí un poco más, cuando de cierta manera hiciste todo eso que yo deseaba aún así, oyendo cada queja, enjugando cada lágrima y mirando con dolor cada herida, muchas infringidas por mi mano misma… empecé a imaginar que correría a abrazarte.
Después comencé a desear solamente caer a tus pies, cuando empecé a notar avergonzada cuánto me amas… y lo confundida que estaba. Aun comencé a pedir, si acaso era posible, el solamente verte a una distancia decente; como para no ensuciarte con mi presencia, si solamente podía mirar hacia tu palacio desde el monte más lejano…
Saludándote de lejos en una sala y sabiendo que me amas escuché hace poco. Sí, el simple estar en la misma habitación sería el más grande regalo, pienso que me iría de espaldas.
Pero hoy… me supe tan amada que me imaginé esperando. Llegas a un lugar, y los saludas a todos, todos lo que necesitan tu inmediata atención para eso, llorar, reclamar, buscarse ser comprendidos, y claro que todo lo darías. Todo lo diste. Pero por alguna razón este lugar es el mejor, creo, el mejor que he conocido en toda mi vida:
El saber que llegaste, y sentarme a esperar enamorada, completamente amada. Te seguiría con la mirada, viéndote resanar a mis hermanos, y lloraría maravillada al verte enaltecido, glorioso llamándonos a todos a tu Luz.
Después, me acomodaría emocionada, porque te veo cerca y ahí, en ese instante, te vería detenerte, y girar.
Yo esperaría, porque sé que en algún momento habrías de mirarme, que jamás te irías del lugar sin hacerlo. Y ahí, girando, te imagino. Tal vez eso es lo que es empezar a tener identidad en ti, no lo sé.
De ti no estoy olvidada.
De tu presencia no estoy dejada.
Esperaría para siempre, porque me amaste. Me miraste, y me amaste.
Qué belleza me has mostrado, pero, ¿quién lo hubiera imaginado? Que por primera vez en mi vida, ahí en tu mirada, me sentí hermosa yo también.
Que el simple hecho de haberme favorecido con tu mirada, ha hermoseado todo a mi alrededor.
Y así sentiría tu mirada:
Como esa ola hacia la que corrí en aquel sueño, impetuosa, de la que sabía que no podía escapar y al final no lo deseé, esa hacia la que terminé corriendo envuelta en colores.
Y cuando caminaras hacia mí, ahí sería como la ola cuando me recibe en el sueño pero mejor, ahí flotaría, ahí quedaría sumergida… arriba y abajo sin mucho esfuerzo, completamente protegida.
¿Cómo será la visión mañana? No lo sé, pero sí que seguirás siendo mi vida.
-SFTS


Leave a comment