Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


2023 (2/3)

Mayo.

Unos pocos ejemplares de mis libros pude llegar a ver entregarse en una librería de mi ciudad. Ahí terminó mi historia como la había conocido. No los vi venderse, no vi nada de lo que creía, pero el 22 de mayo del 2023 llegó a su tiempo.

Hay un beneficio del que te sean hechas saber cosas antes de verlas pasar… y muchos otros aspectos también deben serlo porque vienen de mano del Creador, pero son muy difíciles de entender. Ese primero, ese día me permitió estar lo más lista posible ante lo que se avecinaba para el anochecer.

El día empezó normal, mi salud se había tambaleado desde las dos semanas anteriores gracias a una prueba definitiva de alimentos que había hecho… que había definido con certeza uno al menos, que no solamente me cae mal, sino que me hace muchísimo daño. No lograba sentirme al cien, pero sabía que eventualmente volvería a mejorar. Cuestión de tiempo, con todo y que ya llevaba quince días.

Era lunes, día de aseo. Pues me sentía completamente indispuesta pero total, lo pasé por alto.

Recogí lo que pude, subí a mi cuarto, monté la aspiradora y limpié, una cosa, la otra… llegó el mercado y me adelanté a bajar para que los demás pudieran continuar en lo que estaban… recibí, limpié y ahí lo empecé a sentir:

Era como la famosa fuga de vida de la que he hablado. No sé de dónde viene, no sé lo que quiere, lo que mi cuerpo busca, no sé dónde duele, nada duele, solamente todo se está yendo de mí. Subí y mi mamá me vio tan pálida que me mandó a recostarme. Así lo hice pero no pasaron ni cinco minutos cuando empecé a sentir que ni acostarme estaba ayudando. Todo seguía vaciándose.

Con trabajos me senté… mi mamá corrió por manzanas para un jugo que casi no pude beber pero ella me ayudó y qué urgencia de subir a mi habitación…

Apenas llegué cuando en serio me empecé a vaciar. Ahí empezó el dolor. Me costó meses olvidar los síntomas de ese día, porque no fueron normales. En la enfermedad conocí episodios parecidos durante años, pero ni uno como este con todo y que habían sido todos esos terribles, terribles. No me pude parar para cuando los médicos llegaron, con trabajos me pudieron inyectar algo que detuviera la literal fuga de vida, y entre falta de consciencia y de fuerzas y lucidez que no duraba ni tres segundos continuos me recuerdo llegando al cuarto de mi mamá. Mi hermana mayor me hizo dos trenzas. La mediana se estaba deshaciendo del miedo.

El paramédico le dictaba instrucciones a mi mamá y yo mandé a llamar a mi papá biológico para que viniera a asistir a mi mamá, porque nadie podía acompañarla al hospital, casi siempre he sido yo la que la acompaña a todos lados.

Estaba acostada en su cama oyendo al paramédico avisarle al doctor que la ambulancia había llegado cuando lo supe, así como supe que la fuga de vida iniciada horas atrás era peor que todas las antes conocidas juntas, supe que no iba a regresar a mi casa.

Ya no me casé, fue mi primer pensamiento como respuesta, pero inmediatamente mi corazón, mi espíritu y mi alma entraron en la misma página, si Tú me recibes… ni eso importa. Lo dejo todo ir. Te quiero a ti.

“Nina, ya llegó la ambulancia,” me enderezó mi hermana mayor mientras la mediana se quedaba en mi cuarto descompuesta del terror.

En tus manos entrego mi espíritu, algo dentro de mi clamó cuando bajé de la cama y vi, como en segundo plano, a mi hermana sosteniéndome, y al doctor Gabriel del otro lado… mi mamá caminó con el paramédico mientras otro entraba por la puerta.

El doctor Gabriel frotó mi espalda mientras esperaba en una silla por la camilla.

Mamá llegó, mi hermana me despidió en la camilla… “Sanidad en el Nombre de Jesús” me dijo, y se atrevió a tomar mi pierna antes de que cerraran las puertas. Ella sabía que algo no iba bien, estoy segura también. A lo lejos vi el auto de uno de esos familiares que ya no vemos pararse al ver la ambulancia… y pocos segundos continuar su camino… y entonces la ambulancia encendió.

Yeshua…

Yeshua…

Yeshua…

Hoy entiendo por qué el doctor Gabriel no dejó que me quedara dormida y me puso alcohol y me hizo hablarle de mis libros todo el camino.

Yeshua,

Yeshua,

Yeshua,

No sabía que mi mamá adelante sentada había ido cantando lo mismo que yo atrás.

Cuando llegamos, no encontraron lo que llevaba… y no hablaré de la pesadilla vivida en ese hospital, porque he ahí otro lugar donde no fui bienvenida… pero no iba a que me acogieran ahí, de cualquier manera. Lo que sea que hayan encontrado, no lo hallaron a tiempo. Y lo que insistían que era, por cómo me vieron, no lo fue… pero igual no llegaron a tiempo.

Creo que eran las ocho pm. Mi mamá había salido un momento y mi papá entró un instante… yo oía como las maquinas empezaban a dar pitidos que nadie atendía y como todo adentro se iba apagando, así lo marcó una de ellas cuyos sonidos subían y bajaban al son de mi corazón… pero después de un instante comenzaron a bajar y bajar y bajar y la máquina se alocó pero nadie entró aún así.

Pedí a mi mamá porque la quería ahí, y en cuanto vino, me llevó al baño.

Un par de días antes me había preguntado si era necesario luchar por mi propia vida… o la de Hanna, la protagonista en mis libros. Todo alrededor me indicaba que no.

Cuando llegué al sanitario, me senté repitiendo algo que no había notado que tenía horas diciéndome:

“Todo va a estar bien,”

“Ya no digas eso,” me rebatió mi mamá y al mirarla…

“Me lo estoy diciendo a mí, Ma,” le expliqué y entonces todo mi alrededor desapareció.

Primero fue lento, sentí sus manos sostener mi cabeza y decirme algo… y después todo fue oscuridad.

Me he desmayado antes, y no fue nada como esto.

Yeshu-ua, Yeshu-ua,

alcancé a oír donde fuera que hubiera estado, aunque tengo mis sospechas y certezas. Todo era blanco, y no tenía cuerpo. Tampoco había suelo, supongo, o no cerca de mí porque estaba flotando. Nada dolía. Por primera vez en mi vida nada dolía pero tampoco recordaba nada de antes, lo que era, había sido… no había nada salvo ese instante. Mi alrededor era resplandeciente y tenía mi mirada fija en un filo dorado. Tal vez era la decoración de un trono… en una habitación a la que he vuelto otras veces en el año después de eso.

Dos cosas supe en ese instante, antes de lo que le sucedió:

Alguien más alto que yo me estaba mirando, y,

Ese más alto que yo, me estaba escuchando.

Ese sonido dulce que oía cantando Su nombre era el que había dejado mis pulmones débilmente desde la ambulancia hasta la camilla en urgencias.

Y me estaba dejando verlo, verlo oírme… porque qué ayuda necesitaba yo en ese punto de mi vida… para seguir con Él.

Y esa fue Su ayuda.

Ese 22 de mayo de 2023 tal vez fue una cita planeada desde mis primeros clamores y dudas acerca de Su amor y Presencia.

Algo me movió después de donde todo era dulce y… así es como sé que esto no fue un desmayo normal:

Me vi entrando a mi cuerpo de regreso, cosa que antes nunca. Todo era oscuro pero siempre dentro de mí… nunca desde afuera. Ese día, a mi regreso vi los túneles de mis ojos, todo negro alrededor y lo que mis ojos seguramente veían entreabiertos se veía lejano lejano, y cuando llegué el dolor regresó.

En el desmayo sabía que mi papá me llevaba en brazos y mi mamá corría, pero ese día no sabía dónde estaba ni reconocía a nadie de los que se erguían sobre mí… ¡me cambiaron de habitación! gritaba algo dentro, y un camillero se acercó a mi mirada, tocando mi rostro.

“No cierres los ojos,” me dijo, mirándome fijamente, “no cierres tus ojos, no dejes de mirarme a mí.”

Con fuerza ese camillero me sacó de donde había estado, a cuentas de mi mamá, al menos unos minutos sin ayuda. Ella supo que había dejado mi cuerpo y todavía le cuesta explicarlo… en palabras suyas, “No te sentía,” me dijo uno de los días posteriores, “No te podía sentir más aquí en la tierra.”

Bueno, de regreso en mi camilla de urgencias, reconectada a sus máquinas y cosas, lo supe. Había tenido un momento con mamá, y otro con el papá que no se quedó… y después mi verdadero Padre quiso uno conmigo.

No es poca cosa, ¿saben? Que Él nos deje verlo. Ciertamente esa Yanina no volvió a su casa jamás… regresó otra.

Otra que ha tenido mucho que pensar y entender y recordar en los meses posteriores. Otra que vio, a su regreso, una escena extraña tras sus párpados que va para los libros:

A las tinieblas sabiendo que su día había al fin llegado, una sonrisa llena de avaricia y victoria mientras me veían apagarme… y una cara estupefacta cuando en efecto el Dador de Vida me la quitó y me llevó con Él, y después me devolvió.

Sí, lo que Él quiere no es solamente que muramos… sino que tengamos Vida después. Vida abundante.

Por supuesto, porque hecha Su obra, hubo más:

Resurrección, Vida nueva y Luz.

¿Cómo no haría lo mismo con nosotros?

Junio, Julio y Agosto.

Humíllense delante de su Dios, resistan al diablo y el huirá de ustedes.

Este verano aprendí que no completamente entendemos ese verso de la Biblia, como muchos otros. Humillarse y resistir no solamente se ven como intentar no caer en ese pecado que te aqueja, no, sino que va mucho más allá.

Todo lo que tiene que ver con rebelión contra Dios, soberbia, contienda contra Él, y altivez, es suficiente para separarnos de Él, y hacernos enemigos suyos. El arrepentimiento es esa humillación en la que decidimos ponernos bajo Su mano y dejar de pelear. Eso no es solamente dejar de tomar alcohol, o de fumar o de hablar malas palabras… como muchos creen.

No. Hay cosas que Él habla sobre todos nosotros, ¿lo sabías? Hoy, ayer y para siempre. Cosas vivas, finalmente Él es un Dios vivo. Y es Santo. Y lo que habla es hecho, y es al Único que deberíamos temer, porque puede tomar nuestra vida, y echarnos en el infierno y es el Único que puede hacer esto. Esa potestad no la tiene el diablo sino Él.

Llegar a conocer lo que habla, buscarlo, y que nos lo haga saber toma toda la vida, por eso debemos humillarnos delante de Él y reconocerlo como Señor primero que nada… porque antes de eso es imposible que quiera mostrarse. Pero nos portamos como si no hablara nada, lo que nos hace automáticamente entrar en contienda con Él y fuera de Su voluntad. Y luego nos atrevemos a orarle para que nos cumpla anhelos conforme a nosotros y nuestros engañosos corazones. Y no lo llegamos a ver, por pura misericordia de parte suya, en realidad, porque, ¿Por qué se mostraría en nuestra soberbia? Él abate a los soberbios. Y tenemos cierta idea sembrada… una que hoy sé que viene de las tinieblas mismas:

Que tenemos que resolver nosotros todo donde Él no resuelve… como si Él esperara de nosotros algo más que nuestro amor y confianza solamente. Nuestra Fe. Nuestra esperanza en Él. Es que hay que ser prudentes… hacer nuestra parte, pero en algún punto de la traducción eso se convierte en nosotros haciendo lo que queremos para nuestro propio provecho, cada uno por su lado… siendo sabios en nuestra propia opinión sin mirarlo a Él. Eso, no es Su voluntad. No dejarlo de mirar, y seguirlo, dejándolo todo atrás para escucharlo… eso sí.

Es que no hay tiempo, nadie aquí en la tierra tiene Su tiempo. Él se toma demasiado tiempo para todo, finalmente. En algún momento tenemos que intervenir donde se ha mostrado falto, porque no hemos recibido lo que necesitamos. Así se descubre todavía nuestra altivez, porque nosotros sabemos más y mejor… y así contendemos contra Él, sí, porque no vimos lo que esperábamos.

Yo me morí sin verlo, jajaja.

*a continuación parte tercera y final->*

-SFTS


Discover more from Sheltered from the storm

Subscribe to get the latest posts sent to your email.



Leave a comment