Llevo todo el año guardando algunas cosas que fui aprendiendo y no veo mejor oportunidad para compartirlas que el cierre del año gregoriano.
Este ha sido un año difícil como pocos, pero lleno de Luz al mismo tiempo. Aquí presente dejo otro hilo de tres partes, todas están en vivo desde hoy, contienen opiniones y visiones muy personales, que están bienvenidos a no compartir; son mías y no para contienda, finalmente son lo que he visto y vivido todo este tiempo y mío es también el fruto que el Señor me ha permitido verles… o Suyo, más bien, me es imposible no creerlo así porque veo Su mano todo a mi alrededor aún cuando nadie más quiso pararse por mi casa en la brecha. Él sí lo hizo y lo sigue haciendo, ser El que nos esfuerza y nos sostiene de la mano derecha.
Sin mayor preámbulo, vamos a enero…
Antes de enero no conocía lo que era ser parte. Eso no debería ser sorpresa, lo he intentado dejar ver en todo lo que he escrito. Eso que tanto me dolió creciendo fue el haber perdido el norte, al capitán de la barca y a la tripulación; exactamente el perder la pertenencia a patria alguna. Es una vaciedad horrorosa que ya no recuerdo bien, pero en enero de este año todo cambió con un libro.
Es un libro agradable, por cierto, no soy afecta a leer ficción bíblica, pero este fue como un enviado para mi caminata con el Señor. Se llama “Pearl in the Sand” de Tessa Afshar. Cuenta la historia de Rahab vista tras la lente de Tessa, y Rahab es esa perla que vive tantas miserias, como la pérdida de la protección de su padre, que termina como termina… y después se le presenta el Señor como este Dios desconocido que está probando ser capaz de proteger a su pueblo, y no solamente protegerlo, sino que hacerlo victorioso por encima de los demás (el de Rahab incluido), cuando Rahab había solamente conocido dioses que consumían con fuego y ritos para nunca responder a clamor alguno. Claro que su atención quedaría para siempre eclipsada por la magnificencia de este Dios tan vivo que era innegable su obra. Imposible de ignorar.
La primera vez que escucha de Él, es a través de uno de sus clientes, diciéndole acerca de los salvajes israelitas habitantes del desierto, olvidados en la sequedad de esas tierras, “Son una bola de dones nadie,” es casi casi lo que el hombre le dice, aterrado porque sospecha que vienen por su ciudad en poco, “criados en el desierto, pero han vencido hasta a los pueblos más débiles entre nosotros.”
Por eso Rahab se asusta, “¿Cómo?”
“Su Dios se los prometió.”
“¿Su Dios? ¿Y cuál es?”
“Ellos le llaman el Señor.”
Algo así recuerdo la conversación ficticia, aunque estaba en inglés. Rahab pregunta pormenores de este Dios y de ahí jamás lo olvida. Todos sabemos que en la Biblia la historia termina con Rahab convirtiéndose en pueblo del Señor y yo pensaría que eso le devolvió hasta esa perdida paternidad, y toda su protección.
No sé por qué haber leído eso ese mes me hizo girar un día, en el sillón, y alcanzar a verme recostada sobre pecho de alguien vestido con una túnica blanca resplandeciente y mi libro en mis manos. Como si alguien lo hubiese estado leyendo conmigo o como si alguien me hubiese estado sosteniendo mientras leía. Ese jueves todo cambió. Tuve un tiempo de mi vida en el que leí muchísimo, mucho de ahí aprendí esa prosa característica de la literatura Young Adult que es a la que más pegaría mis libros, pero sin la distopia. Un día tuve que dejar de hacerlo porque mi alma rota se estaba apegando demasiado a aquello que estaba leyendo, y en aras de sobrevivir, el Señor me instó a suspender. Hubo libros que tuve que sacar años después, y listas de compras que nunca más pude suplir a causa de la economía, pero hoy sé que principalmente a causa de que mi Padre no quería que vertiera más dolor a mi ya cansado corazón; el cerebro no sabe que estamos leyendo, y es peligroso romperse con cada página leída, como con el resto del arte. La unciones del artista nos caen encima y en un descuido pueden consumirnos ¿y qué si no son de Luz? Pasaron tantos años que cuando pude comprar estos pocos libros tan específicos este año no tardé en entender la importancia de estos, y la puerta abierta delante de mí para leerlos. Ese jueves me invadió tal sensación que supongo que fue algo parecido a cuando te liberan, aun otra vez, de cautiverios cuya salida es imposible para nosotros de encontrar. De un segundo a otro esa sensación sin norte, sin capitán, sin papá, de estar flotando en la inmensidad de todo, vacío y haciéndote polvo, desapareció. Desapareció en pecho de ese que alcancé a vislumbrar a mi lado. Percibiéndome tan rota como Rahab, ahí estaba Él, abrazándome sin importarle todo mi dolor… toda la enfermedad, toda la suciedad, incluso. Esa es la primera vez en la que verdaderamente me he sentido bienvenida en un lugar, en toda mi vida. Toda. No tener papá físico puede hacer eso, dejarte sin valía a ojos de todos los demás… y así crecí. Así, en esa historia, crece también Rahab, por eso tan importante lo ese día entendido, de un instante a otro.
Por supuesto que todo lo demás desapareció ese jueves, al fin había encontrado a mi Norte entre las capas de la realidad, ahí sentado a mi lado como tanto oré creciendo, en esas noches cuando me dormía deshaciéndome de dolor y llanto.
Febrero.
Algo pasó de ese día en adelante. Algo extraño. Empecé a recordar instantes del pasado pero en cada uno veía a esa misma silueta ahí sentada a mi lado. Oyendo música, intentando respirar para calmar a mi corazón agitado, tomando mi mano en las noches demasiado oscuras… y la sensación de pertenencia y seguridad fue haciéndose cada vez más firme tras cada uno. Esa certeza de que no he estado sola nunca, en medio del dolor, y no lo estoy hoy tampoco, en medio de la enseñanza y la espera. Y menos como doña nadie del desierto; al contrario, muy parte de Su pueblo y ello es muestra de eso. Nunca en mi vida me había sentido así. Segura. Parte de.
La primer semana de febrero pasó algo más. Mi último libro lo publiqué al filo de año nuevo, unas horas antes del término del 2022, e inicio del 2023. Para ese punto, los otros tenían cuatro meses publicados y la respuesta de mi alrededor había sido todo menos acogedora. Hablando de no sentirse bienvenido nunca… no, aquí en la tierra realmente no. He ahí la importancia de alcanzar a vislumbrar a mi Papito entre las capas de la realidad, porque es visible ahí, y presente aquí. En febrero, se hacían siete meses de haber publicado mis primeros libros, dos del tercero, y la respuesta alrededor había sido la misma… el silencio que responde cuando anuncias algo que te hace feliz, haciendo su intento de borrar tu felicidad. Tengo que confesar que las tinieblas estaban haciendo su parte también; no saben cuántas veces he pensado en mejor dejarlo todo morir; pero no puedo. Aunque todos lo hagan, aunque todos desechen sus primeras obras para dar paso a mejores, cambiando y moviendo, yo no puedo. No puedo por mil razones y una, pero la entenderán al final de este hilo porque atañe a este mes y el anterior, en febrero yo apenas comenzaba a debatirme entre dejarlo todo o no.
Borra tus cuentas personales, escuché ese día muy al inicio del mes.
“Pero voy a desaparecer.”
Bórralo todo.
“¿Pero entonces lo de los libros estuvo mal? Nunca puedo hacer nada y esto me lo dejaste… ¿te entendí mal? No quiero desaparecer.”
Borra tus redes sociales.
“Yo no te los pedí. Si lo borro todo, ¿cómo se van a vender? No van a llegar a nadie. ¿Me vas a hacer verlos morir también? Va a doler mucho verlos morir, ¿para eso me los diste?”
¿Todo fue una burla?
Silencio como respuesta.
Hasta que recibí este versículo, con algunos más:
14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
15 Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto, 16 y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. 17 Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. 19 Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho.
Génesis 21:15-19
Me ha costado creer que la obra que el Señor hizo con los libros que me dio es real, Suya y que no la va a dejar. Que no me va a dejar. Bueno, no lo hará con y sin los libros… pero hoy sé que mi escritura a la verdad es Suya, para servirlo y agradarlo a Él.
¿Por qué atravesé esto?
Porque el siete de febrero obedecí y lo borré todo. Todas las cuentas por donde podía llegar a la gente que me había conocido, por donde ellos podían llegar a mí, y lo hacían con sus silencios cada vez, las borré. Desde finales del 2022 empecé a sospechar que solamente eso quedaba para terminar de desaparecer y cuando el Señor me lo pidió… he estado tan asustada… pero así lo hice, y ya no enojada.
“Si es esto lo que sigue, lo hago. Si es lo que deseas de mí, aquí está.” Y piqué el botón en cada una. De ahí, inició el mes de espera, ese en el que tienes que soportar el no volver a reactivar ni una hasta que las plataformas a la verdad te borren de todos lados. Así lo hice, y así dejé ir a todos los que conocí en el pasado. A todos, con el dolor que cargaba mi corazón al son del recuerdo de cada uno.
A finales de ese mes, mi mamá nos regaló unos anillos de oro. Mis dos hermanas y yo tenemos el mismo, pero no es una promesa entre nosotras, sino una que viene de más alto. De Papá, nuestro único Papá, a través de mamá, con nosotras.
¿Sabían que no tuve abuelos? No sé si ya lo he contado aquí, pero es necesario para el tema de los anillos. De cuatro que me tocaban por derecho, al lado de mis hermanas, tuve dos. Los maternos, que no pudieron amarnos. Ha costado perdonarlos por eso y ya ni viven. Esa noche antes de que llegaran nuestros anillos soñé con ella, con mi abuelita. Murió en 2016 y aunque ese mes que pasó en coma yo lo pasé con ella sosteniendo su mano y cantándole sobre el Señor, cuando dejó la tierra de los vivientes no volví a verla o hablar con ella ni en sueños. Su juventud e infancia… su vida entera fue tan desgarradora como la mía, por eso el Señor siempre me ha instado a perdonarla, porque Él sabe cuánto le dolió la vida aquí en la tierra a ella también:
A ella su papá no la dejó abandonada por no amarla, no, mi bisabuelito murió a manos del llamado a acabar con él por ser cristiano, allá en Guerrero. Nunca sabré si la mano que levantó el arma era realmente la que a voces se cuenta en la familia, cosa que nadie de los involucrados podría arreglar y cosa en la que a mí no me puede tocar más que hacer que encontrarle la luz, pero… sí sé lo que le debe haber dolido. El asunto es que pasó su vida vivida a medias a causa del dolor y la falta de perdón. Ese coma del que muchos conocedores de dios se atrevieron a decir que su espíritu ya no estaba ahí, o su alma, yo, que lo viví a su lado, con otros pocos más, sé que tuvo un fin muy específico:
Hacerla volver a casa.
Hacerla volver porque si moría así, no vería a su verdadero Padre, el que sí la había sostenido toda su vida, nunca más. Y por lo tanto tampoco a su papá por el que tanto había sufrido toda su vida, mi bisabuelito.
Y así fue hecho, mi mamá atestigua del cambio en rostro de su mamá, y ella fue la única de sus hijos que lo alcanzó a ver, unas horas antes de morir.
Bueno, yo la volví a ver esa noche antes de que nos dieran los anillos.
En el sueño, entré a un restaurante tipo Vips mexicano de antaño. Había gente. Estiro mi cuello como hace uno cuando busca a quien va a encontrar al restaurante y camino a la mesa donde ella nos espera. Por segunda vez en mi vida no temí sentarme a su lado, y entonces lo hago… lo más pegada que puedo. Sé que mi mamá y mis hermanas vienen en camino, pero cuando giro a verla ella me sonríe estando solamente yo. No me tocó ver eso creciendo, pero en el sueño nada importa. Después, levanta su mano de donde la tenía y me muestra:
Ahí, en su mano derecha, o izquierda, ya no recuerdo bien, un anillo que en el sueño supe que era como el que yo recibiría. Idéntico, por cierto, hoy que ya tengo el mío. Al verlo, mi abuelita me vuelve a sonreír y ahí el sueño acaba, pero no el mensaje, pues entreabriendo los ojos llorosos, alcancé a oír, Restaurador de Portillos, y ahí desperté.
“Adiós, Pa.”
Eso es lo primero que Hanna habla en mi tercer libro. Casi le cuesta la vida llegar a ese punto y eso es lo primero que hace, despedirse al fin del recuerdo roto de su papá. Eso lo recordé tras abrir los ojos y lo entendí inmediatamente. La paternidad es un portillo en la muralla de la ciudad que era mi familia. Un portillo es esa como grieta por donde las murallas pueden ser traspasadas con facilidad, aquello que las pone en riesgo de la inminente caída. Ciertamente ese portillo fue la nuestra, por todos los frentes. Y en mi propio papá, el terrenal al que le quité ese título… no yo, sino Dios, con él fue lo mismo y nunca quiso verlo.
Yo no sabía que ese arco de Hanna ha sido de un corte profético para mí, y mi casa, hasta que el Señor mismo me lo fue mostrando. Y en medio de la profecía, el dejar que el Señor finalmente restaurara esos portillos en mí y en los míos a ver si acaso después logra al fin levantar esta ciudad caída. Eso, es lo que esos anillos significan… los que llegaron ese día. Mi abuelita tenía uno, y nosotras, y por lo tanto la certeza de un Padre que ha cerrado todas las grietas. Un Padre tan presente como que si muevo mis deditos al anillo en mi índice, ahí lo siento. Así. Qué continuación a la visión de enero, pienso. Con un deseo constante de dejarme claro que Él está, Él sí está con todo y los que no quisieron… que ni uno de ellos importa sino solamente Él… y que Él lo hará todo.
¿Sabían que la idea que el mundo tiene de amor realmente no lo es?
A mí me ha costado entenderlo. Esto, esto de los anillos, este ver el pasado en perspectiva, y haberle ido encontrando la luz a los instantes más oscuros, era muestra de eso. Ahí, en presencia de Dios, he empezado a conocer el amor realmente.
Marzo.
Tuve un sueño en el que me venía a visitar una mujer con su esposo, unos a quienes nunca he conocido en la vida real. Pero son ministros de mi Dios que respeto y algunos aquí sabrán que poco de eso hago realmente, mucho a causa de lo que he visto. Hablaron conmigo un largo rato y yo entendí algunas cosas, todas las cuales por oscuras solamente podrían ser borradas por mi Padre Celestial, y a causa de Su amor, así lo serían. Después se tienen que ir pero yo quedo con una hoja que aparece en mi mano con miles de líneas escritas. No es una simple hoja, es un pergamino.
Cuando subo al elevador hay una silla y un escritorio y me siento ahí. Normalmente la pluma escribe sobre el papel, ¿correcto? Pero mi pluma borraba todo lo escrito del papel, dejándolo casi como nuevo.
Esa semana mis cuentas de acceso al mundo exterior se borraron. Yo al menos, perdí toda manera de saber de aquellos de mi pasado, y todos ellos perdieron toda manera de acercarse a mí así como así. En ese tiempo no lo entendía, pero hoy sé que eso fue el primer paso para que todo eso escrito de mí en ese pergamino, escrito por las tinieblas en forma de maldición que salió de los mismos pechos de todos esos de los que fui quitada, comenzara a ser borrado. El simple respirar y aborrecer a alguien es maldecirlo, por si no lo sabían. Por eso Juan dice en una de sus cartas que si odias a tu hermano eres culpable de homicidio. Bueno, ha habido misericordia para todos los que dejé atrás aún hoy, porque al quitarme el Señor, podrían dejar de caer en eso mismo. La ha habido como conmigo la hay también, para que no caiga yo en eso mismo. Ahí empezó un camino de comenzar a des-escribir lo hasta ahí anotado en el pergamino, justo como en mi sueño.
Pertenencia, Restauración de Portillos…
Abril.
Presencia.
Todavía he tenido episodios de mucha desolación y oscuridad este año, para pena mía. En una semana de esas, una en la que todo quiso volver sin piedad, alcancé a escuchar algo muy gracioso… que me enseñó algo muy importante.
Me sentía terrible. Ahora los episodios son diferentes que antes, son como si me pusieran una nube de interferencia encima y no pudiera pensar, hablar, sentir… entender, creer, nada. Después de aceptar desaparecer y verte hacerlo, supongo que era natural que algo así pasara. Estuve días así, confundida y algo entre lo enojado y lo triste y angustiado.
Pero para mi sorpresa, sin clamor alguno, respuesta vino en mi ayuda:
Busca qué es un Capibara.
Jajaja, lo busqué. Y lo que entendí después me hace reír hasta hoy.
El capibara es un animalito que si habita cerca del agua es casi inalcanzable para sus depredadores. Tiene muchas más características que lo hacen interesante, pero esa fue la que llamó mi atención porque después de leerla, escuché algo más, Tú eres como un capibara, y eso fue lo que me hizo reír.
Presa fácil alejada del agua, lo contrario si no me muevo de ahí. Y qué bueno que Cristo es también el Agua de Vida, entonces. Si no huyo de Él cada que no entiendo algo, cada que los montes y los valles se sacuden, cada que los vientos y la lluvia y los truenos vienen… cada que me aterran las circunstancias… entonces dejo de ser presa fácil para el maligno. Soy fuerte, en Él.
Y eso jamás lo habría creído posible hasta hoy.
El ser fuerte… después de haber conocido lo que es ser menos que polvo.
Pero en ese aviso, se avecinaba algo que nunca imaginé.
Lo esperé durante años… lo temí otros tantos… y creía que por no haber llegado cuando lo temía, por no haberlo visto como me aterraba, por haber comenzado a sanar… había sido librada.
No lo fui, y sí que dolió…
*a continuación partes dos y tres ->*
-SFTS


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