Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


La rama, abrir los ojos, y resistir. (1/3)

Why do You hold my head and care for me enough to let me kneel at your feet?

I understand now that I was waiting for you to extend Your hand in favor just so I could get up and finally leave; unburden even Your hands.

How heavy I find myself at every turn, heavy to carry, heavy to hold, heavy to protect, a burden for Your care.

Just like the prodigal.

I know it now: just like him I would’ve had to come back more broken than before and so… You didn’t extend your hand to give me what I wanted. I never got to leave.

Yes, but here I kneel now, with your arms around me as if You loved me and weren’t burdened by my weight. Could it be that You didn’t want me to go?

Yes. You love me. You said it three times that day we both know and thousands before, at every turn when I wasn’t even able to hear, much less listen.

Teach me how to stay, then.

For all the pain and suffering You gave me life, Your heart and Your eternal love… so teach me how to stay.

I give You the anger I had stored up made up by everything I ever wanted, everything that never happened and everything I never understood beyond my broken view; I give it up into Your hands, for You have never let me go when You could have, no, You didn’t just stay, but You’ve made sure I didn’t leave Your side.

Maybe You don’t give where words desire but where our hearts, souls and spirits ask in silence…

and trust without us even noticing.

I’m not reliable to choose what is right, but those places where I didn’t dare speak You answered still… You know my heart, that’s why I’m safe here in Your hands right?

Why I can trust You to never leave me empty handed or forsaken?

I cherish Your smile, I choose Your heart…

Sadness and fear you’ve managed, but this anger… it comes out when I least expect it to, yes I see it now:

I wanted to leave.

I was waiting to leave, I was waiting for You to give me my part just to walk towards the door afterwards and never look back.

But Your way of loving has me mesmerized; I got to be the prodigal inside Your walls.

You cared, my burden nothing in Your hands.

No, I never want to leave Your side, no, never, so please… teach me how to stay.

No more anger and doubt, take them all;

teach me in Your house, I cling to Your hands.

-SFTS, 2023
  1. La rama

El árbol de peras en mi jardín ya está naranja. Pasaron como cuatro años en los que no se ponía anaranjado en el otoño y yo los sentía como una pérdida. Por ahí del invierno temprano se ponía rosita y después perdía todas las hojas, pero el naranja se lo saltaba categóricamente.

Antes de esos años pasó algo que me rompió y hasta hoy lo entiendo.

Hoy, que vuelvo a ver el árbol naranja a tiempo y que aprendí que delante de Dios hay que ser honestos porque Él sí lo sabe todo, y por eso mucho de lo que hacemos, deseamos y pedimos que no tiene nada que ver con Él ni lo desea Él, Él no lo otorga ni se mueve en eso… y mejor se encarga de enseñarnos primero, para no perdernos. Supongo que le es más importante que vivamos a medias en cuanto al mundo respecta, a que nos arriesguemos a perdernos para siempre. A perderlo para siempre.

Era muy temprano en mis veintes. Todavía no escribía ni el manuscrito de mi primer libro cuando pasó eso que ahora sé que entintó mi dinámica con Él… de esas cosas que cuando las ves años más tarde con un poco de madurez, puedes entender lo que pasó y por qué mucho es hoy de la manera de la que es.

Nunca he sido persona de gentes… nunca salvo en mis imaginaciones y fantasías. Tal vez así es como he afrontado todo lo que pasó mientras crecía, porque tampoco fui escogida en los aspectos verdaderamente esenciales de la vida. No es sencillo saberte no elegido, no querido, no amado…

y menos lo es saberte despreciado, abandonado y pisoteado. Y olvidado después. Se hacen heridas profundas que pueden llegar a ser incurables si no se someten a las manos del Profesional que puede sanar.

El árbol de peras que creció conmigo, en mi casa, se abrió terriblemente ese año, de la copa. Una rama al filo del verano se llenó de tanta fruta que comenzó a colapsar hacia el suelo. Era una rama de las principales, lo que hacía al árbol ver como con una parte hincándose hacia la tierra de tal manera que se quebraría; un tipo de herida como las que intento describir arriba. Así lo dije una mañana, mientras lo veía desde mi ventana y me dolió tanto; al romperse la rama, el árbol quedaría con un hoyo. Un hoyo que abarcaría todo el lado izquierdo de la copa, haciéndolo ver vacío y deforme.

“Se va a romper y no vas a detenerlo, ¿verdad? No lo vas a arreglar.” oré ese día, con una sensación de enojo y profunda tristeza en mi pecho. No quería orar, en silencio mi alma quería gritarle Al que lo sostiene todo, yo incluida, “¡Sálvalo! Por amor de ti, ¡sálvalo! ¡No me hagas verlo romperse! ¿Así vas a acabar conmigo también? ¡No! ¡Sé bueno y sálvalo, va a quedar con un hoyo irreparable, nunca se va a recuperar!”

No se va a levantar de esto.

Supongo que me sentí así porque tuve empatía con la rama. Me sentía igual de cargada por mi alrededor… o tal vez peor. Y el ver la rama así, ¿qué me dejaba de esperanza a mí? Si esa también era creación suya y una de mucho más valor, un apacible árbol que siempre ha dado fruto a su tiempo… no como yo. Y entonces así lo hilé:

Si se rompía, entonces yo lo haría también y no me quedaría nada, nada más.

Dios no me respondió.

En mi espíritu se imprimió que no importaba si se rompía y que lo vería mejorar, pero en mi alma se tatuó una profunda contienda contra el Señor.

No salvó la rama y como cuando la lava se hace roca al enfriarse, algo dentro de mí lo hizo también porque como con la rama, no salvó ni una de mis situaciones. Yo quería ser escogida, pero siempre terminé siendo hecha a un lado, o teniéndome que ir.

Quería ser amada, pero los hijos eran otros…

Todo esto lo he hablado ya, lo que no quería… eso mismo me pasó. Todo lo que temía:

Quedarme sola, crecer, incluso, sabiendo que gran parte de la juventud se me fue… la he llegado a considerar perdida, en los malos ratos. Terriblemente perdida.

Ser tan alejada de todo que te sabes desapareciendo en el olvido… el olvido de todo y todos. Se siente horrible. Y el Señor no lo detuvo.

Eso me hizo enojar. Mucho. Y entonces, lo que yo no vi, es que mi alma decidió algo en ese instante, porque eso tenía que significar algo sobre lo que Él pensaba de mí; si no me quería cerca de nadie, en verdad tenía yo un grave problema delante suyo… solamente por eso me habría elegido tener en tal soledad; estaba cuidando a los demás de mí, de mis problemas, de mi oscuridad, de lo pesada que resulté, de todo aquello por lo cual los que se habían ido lo habían hecho… y qué bien que lo hiciera, ahí la oscuridad no los tocaría a ellos también. Sí, podia entenderlo.

Y así, entiendo lo que mi alma decidió:

Como no podía ir con el que lo sostiene todo y demandarle que lo cambiara, entonces me ajusté: “Está bien. Lo acepto. Estoy muy rota, no valgo lo suficiente como para que alguien se quede… como para que alguien me escoja, como para que me pongas en un lugar tuyo donde pueda al fin estar bien… como para que quieras cambiarlo todo; menos dejarme estar donde Tú estás, lo sé… eso solamente otros. Solamente dame algo, poco, una migaja para sobrevivir… y después te prometo irme. No tengo quien más me ayude, dame algo y prometo no cargarte más; me ajusto a estar sola, si nadie quiere tolerarme… si soy demasiada carga, bien, no les hagas daño conmigo ahí… me ajusto, ni yo puedo conmigo… acepto estar sin todo lo que te llevaste y sin todo lo que me pediste después, pero por favor, haz algo a lo que pueda aferrarme y te dejo en paz. Déjame tener algo. Te prometo dejarte en paz si me das algo de tu mano… si dices que sí en algo; aunque sea poco, yo me ajusto.”

“Por favor, dame mi parte.” Y me voy. He ahí la decisión, y yo no lo supe. Con que mi alma lo guardara secreto fue suficiente, fue Él de hecho, el que hace unos días me despertó y me lo hizo saber: “No te he dado nada porque en el momento en el que lo haga te vas a ir como el hijo pródigo.” Eso fue lo que escuché y qué verdad resultó su aviso, he encontrado pruebas de aquello a donde volteo. Sí, siempre quise irme, finalmente es de lo que mejor tengo aprendido. Irme aun de Él porque a hoy día Él es luz pura y yo…

Ese día decidí irme por no cargarlo, porque que visión tan rota tenía de Él. No por dejarlo sino porque cargar a alguien destinado a romperse, que no le haya interesado buscar que no lo hiciera, tenía que significar que era alguien que le valía muy poco, justo como con los demás… o peor, porque Él es la autoridad máxima. Y a esa le valí tan poco que no le interesó salvarme de quebrarme hasta el polvo. Si era así, entonces tampoco quería estar con Él para siempre… si tan solo me daba algo de ayuda…

y no lo molestaría más.

Los años pasaron, pero sin saberlo así dejé que esa ligadura se estableciera firme, secreta y silenciosa. Así me movía delante de todos, si eso que pedí llegaba, me iría de la casa al fin; no volvería a lidiar con nadie más… y buscaría la manera de lidiar conmigo misma.

¿Dónde? Ni idea.

¿Sola? Pues obviamente.

¿Para vivir qué? Solamente Dios sabe.

Si mi mamá me soportaba un tiempo, solamente un tiempo más… y que mis hermanas me fueran olvidando. Me dolía pensar en mis sobrinos que tanto amo, pero aún eso… les sería mejor crecer sin conocerme, sus vidas serían más sencillas.

Llevo años lista para irme… años.

No lo decía, no lo hablaba… no lo pedía… tanto.

La rama se rompió por el peso, y no la del árbol.

Pocos meses después de ver el árbol con el hoyo, un día me llegó de mi mamá un video acerca del trigo y la cizaña. ¿Sabían que aunque pueden crecer en el mismo campo, sí hay manera de diferenciarlos y separarlos?

Se tiene que esperar al tiempo de cosecha, por principio de cuentas.

Después, es cuestión de observar:

El trigo se dobla por el peso de la semilla que carga, la cizaña, vacía, que no carga nada, se mantiene erguida. En ese video la vi hasta orgullosa de ser esa la que permanecía bien paradita con el trigo al lado todo doblado.

Se va a romper como yo, recordé ese día la rama de peras.

Y para mi bien, el mismo agricultor lo explicó en su video, mi mamá no tenía la menor idea de lo que me había mandado:

Es el peso del fruto o semilla lo que dobla el trigo y denota que es cosechable, útil, y que no hay que deshacerse de él. Con la cizaña es otra la historia.

Bien. Fruto. Si se rompe es porque tiene fruto.

¿Pero qué fruto puedo estar dando yo?

¿Ministerio? ¿Discípulos tras todo el dolor? ¿Enseñanza? No me tolera ni un alma… ¿Fama, dinero futuros como premio? No.

El arrepentimiento es un fruto, ¿sabían?

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Lucas 3:8

Dejar de caminar como hacemos para cambiar totalmente por el Señor, es arrepentirse, y ese, como seres humanos, es realmente todo el fruto que necesitamos para tener Vida. La pera da frutos dignos a un árbol de peras, y no seamos como la higuera que el Señor mandó a secarse por no haber dado frutos dignos de una higuera; y los hombres damos frutos de arrepentimiento o nada, porque por ahí empieza todo.

Yo estoy mal, y Dios bien.

Yo no sé, pero Él sí.

Yo no soy, Él es.

Por eso me enojé, porque siempre he entendido eso, pero no lo demás… no fácilmente. Pensando en Su altura yo sufría porque no hacía nada por salvarme, por mirarme, por apagar el dolor… eso asumí todas las veces porque para mí era importante todo lo que perdí, cada lugar en el que no me pude quedar, cada uno donde no pude ser recibida. Su no respuesta me hacía suponer que ni Él querría lidiar conmigo… cuando lo que estaba haciendo era lo opuesto.

Todo esto lo he hablado ya, lo que no quería… eso mismo me pasó. Todo lo que temía,” pero aquí es como me ha permitido empezar a ver, que Él lo pasó todo conmigo. Él sí me escogió, me amó y me guardó para Él.

Cómo me ha costado verlo, y mucho más entenderlo.

Ser santo es ser separado… y Él separa a sus hijos, los santifica así. Los llama más arriba, fuera de lo que es común a lo que es de Él, su reino.

Por eso dejó la rama romperse… por eso no hizo nada para que no me hiciera polvo, me quería volver a cimentar pero ahora en Él.

Así, es como ha ido abriendo mis ojos a lo que es lo verdadero… y todo lo que me ha querido separar de Él todavía.

Y a todo su amor también, porque Él mismo no ha dejado que nada nos separe, ni siquiera la rama quebrada.

-SFTS

PD:

Subo la parte dos a la brevedad, pero si lees esto y te es de agrado, te invito a suscribirte a la newsletter.

Un abrazo.


Discover more from Sheltered from the storm

Subscribe to get the latest posts sent to your email.



Leave a comment