Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Ser conocido

Todo en la existencia es inestable.

Todo, todo.

Poner la esperanza en supuestos que consideramos aceptables, agradables, buenos para una buena vida, tiene ese terrible aguijón:

Que esos son tan inestables como todo lo demás.

Eso he estado intentando entender en estos últimos días. Eso, porque yo todavía guardaba ideas de fines aceptables si pasaba tal o cual cosa y resulta que nada de eso es lo verdaderamente importante. No porque sea eso o nada, o Dios o nada, sino por el orden de prioridades que corresponde al Bien en la tierra de los vivientes. Nuestra existencia aquí. Hay un orden para caminar y si lo olvidamos podemos caer en espirales muy desalentadoras, porque olvidamos que lo importante no es todo lo que imaginamos por bueno que parezca sino la esperanza que ha hecho una promesa firme y fiel… de toda una vida. Una vida llena de días, que están presentes todo el tiempo si miramos con buenos ojos y sin soltar la mano que nos sostiene.

Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.

Hebreos 13:8

Hay Uno, y solamente Uno, que no es inestable. En realidad, es lo opuesto a la inestabilidad. La Roca eterna, el Anciano de días, el Padre de las luces en el cual no hay cambio ni sombra de variación… el que estaba muerto y ahora vive, que abre puertas que nadie puede cerrar y cierra puertas que nadie puede abrir, el Cordero inmolado que vive por los siglos de los siglos y merece toda la alabanza, toda la gloria, toda la honra, y todo el poder. Amén.

Él habla, ¿sabías? Yo me lo tengo que recordar todos los días, y buscar refugiarme en lo hablado por Su boca, después de encontrarlo.

¿Por qué? Porque solamente así sé que puedo andar en lo estable, refugiada en la Roca que es más alta que yo. (Aunque a ratos se me sacuda todo adentro y mi mamá me reprenda diciéndome que navego en dos aguas, jajaja. En esos instantes todavía me pesca el miedo de desear mil resultados que no puedo ver jamás como si mi fin se acercara pronto y todo fuera ahora o nunca, opuesto a la promesa de toda una vida llena de planes de bien, una que se ve como un amanecer.)

Si conjunto los puntos, entonces me queda una cosa que entender y a la que aferrarme:

Que Cristo es estable y habla.

Por lo tanto, todo lo que habla es estable. No es sorpresa entonces que abra puertas que nadie puede cerrar y cierre otras que nadie puede abrir.

De ahí, es importantísimo entonces acercarnos a oír lo que habla, para estar en Su voluntad y como resultado en lo inconmovible. Así es como lo seguimos realmente y así es como podemos ver amanecer y saber que un día el día será perfecto.

 Luego volvimos y salimos al desierto, camino del Mar Rojo, como Jehová me había dicho; y rodeamos el monte de Seir por mucho tiempo. Y Jehová me habló, diciendo: Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte.

Deuteronomio 2:2

Este versículo me llegó hoy por correo, de esos e-mails que sientes que tienes que abrir.

¿Saben algo curioso sobre este tal monte Seir? Está situado en una región que puede haber marcado el límite entre Egipto y Canaán en algún momento de la historia antigua. Egipto, la tierra donde los israelitas a los que Dios habla en ese verso, estaban esclavizados en un sistema opresivo que mataba hombres y niños y cargaba con el más inmisericorde trabajo sin descanso, dando migajas de comida que mantenían al pueblo esclavizado apaciguado a ratos, clamando en todos los demás. Y Canaán, considerable como la tierra prometida.

En mejores palabras, este monte Seir que durante mucho tiempo habían rodeado los israelitas, descansaba en lo que podría considerarse la tierra entre el recuerdo de la esclavitud y la promesa del Bien venidero.

Jehová llama a su pueblo a salir de ahí e irse al norte. Hay un pueblo que se asentó ahí, por cierto, los edomitas; descendientes de Esaú, hermano de Jacob que fue llamado Israel después, padre de la nación en el desierto guiada por la mano de Dios en esos versos de la biblia. Los edomitas no se movieron de ahí porque esa fue su heredad de parte de Dios, mas a los israelitas les dijo:

Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho. No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir. Compraréis de ellos por dinero los alimentos, y comeréis; y también compraréis de ellos el agua, y beberéis; pues Jehová tu Dios te ha bendecido en toda obra de tus manos; él sabe que andas por este gran desierto; estos cuarenta años Jehová tu Dios ha estado contigo, y nada te ha faltado. 

Deuteronomio 2:4-7

Y moviéndose Israel, pasó hacia tierra de Moab, donde Jehová les dijo:

 Y nos alejamos del territorio de nuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitaban en Seir, por el camino del Arabá desde Elat y Ezión-geber; y volvimos, y tomamos el camino del desierto de Moab.

9 Y Jehová me dijo: No molestes a Moab, ni te empeñes con ellos en guerra, porque no te daré posesión de su tierra; porque yo he dado a Ar por heredad a los hijos de Lot. 

Deuteronomio 2:8,9

Así, continuaron caminando. Los israelitas habían pasado treinta y ocho años en el desierto a ese punto. Todos sus hombres de guerra habían muerto, esos a los que Jehová había jurado acabar por su falta de fe y obediencia.

Ahí, Jehová les dijo:

16 Y aconteció que después que murieron todos los hombres de guerra de entre el pueblo, 17 Jehová me habló, diciendo: 18 Tú pasarás hoy el territorio de Moab, a Ar. 19 Y cuando te acerques a los hijos de Amón, no los molestes, ni contiendas con ellos; porque no te daré posesión de la tierra de los hijos de Amón, pues a los hijos de Lot la he dado por heredad. […] 24 Levantaos, salid, y pasad el arroyo de Arnón; he aquí he entregado en tu mano a Sehón rey de Hesbón, amorreo, y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella, y entra en guerra con él. 25 Hoy comenzaré a poner tu temor y tu espanto sobre los pueblos debajo de todo el cielo, los cuales oirán tu fama, y temblarán y se angustiarán delante de ti.

Deuteronomio 2:16-19,24,25

El pueblo de Dios tuvo que tener fe ahí, para luchar contra el ejército que les salió al encuentro indispuesto a dejarlos pasar. Así cayó Sehón, y esas fueron las primeras tierras ocupadas por los israelitas, bajo la palabra que Jehová había hablado, y respaldado.

26 Y envié mensajeros desde el desierto de Cademot a Sehón rey de Hesbón con palabras de paz, diciendo: 27 Pasaré por tu tierra por el camino; por el camino iré, sin apartarme ni a diestra ni a siniestra. 28 La comida me venderás por dinero, y comeré; el agua también me darás por dinero, y beberé; solamente pasaré a pie, 29 como lo hicieron conmigo los hijos de Esaú que habitaban en Seir, y los moabitas que habitaban en Ar; hasta que cruce el Jordán a la tierra que nos da Jehová nuestro Dios. 30 Mas Sehón rey de Hesbón no quiso que pasásemos por el territorio suyo; porque Jehová tu Dios había endurecido su espíritu, y obstinado su corazón para entregarlo en tu mano, como hasta hoy. 31 Y me dijo Jehová: He aquí yo he comenzado a entregar delante de ti a Sehón y a su tierra; comienza a tomar posesión de ella para que la heredes. 32 Y nos salió Sehón al encuentro, él y todo su pueblo, para pelear en Jahaza. 33 Mas Jehová nuestro Dios lo entregó delante de nosotros; y lo derrotamos a él y a sus hijos, y a todo su pueblo.

Deuteronomio 2:26-33

Así, es como el pueblo de Israel empezó a a entrar a las tierras que Dios, su Dios y nuestro ahora, les había indicado y a evitar las que Él mismo les avisaba que no eran heredad para ellos, y hasta a rehusar tomar despojos de aquellas de donde les instruía a no tomar cosa contaminada.

Al norte del monte Seir, estaba, entonces, el inicio de la ocupación que para ellos era derecho, promesa, y bien. Bien. Bien inquebrantable, salvo por la misma mano del Padre.

De navegar durante años entre los límites de la esclavitud y la tiniebla del pasado y la tierra de la promesa, ese día Jehová los llamó a subir. A dejar aquello para ir al norte a conquistar; habían pasado suficiente tiempo allá abajo.

Solamente Él sabe cuándo llama y cuando nos deja dar vueltas, pero cuando llame, espero que tengas la fe para moverte al norte. Espero tenerla yo también para estar en Sus tiempos.

Siguiéndolo al paso… hay un tesoro que realmente lo es, y solamente este:

Ser conocido por Él, para estar en lo que nadie puede sacudir sino solamente Él. Ahí estamos seguros aquí, allá, arriba, abajo; en el desierto, y también en la tierra de la promesa.

-SFTS


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