Hay veces en las que pareciera que las tinieblas toman el control de la mesa durante un microsegundo y te toman por sorpresa; no te esperabas que fuera tan sencillo volverte a ver frente a esas.
Hay veces en las que algo cuidadosamente entretejido se deshace en un instante y sin aviso y no sabes qué hacer; no sabes nada salvo lo frágil que todo es todavía.
Hay veces en las que intentando ser fuerte, terminas sobre la tierra creyéndote aún más débil que antes y pierdes la dirección de cómo pensar; tal vez esta vez sí sea tu final.
Hubo una vez recientemente cuando las volví a sentir; la confusión y vaciedad y la oscuridad y no sabía qué hacer para apagarlas, nada tenía sentido de pronto…
¿Alguna vez has caído de muy alto?
Duele más.
Duele más, porque estabas más lejos de la tierra y eso hizo el impacto peor que en el pasado.
¿Cómo o qué hay que recordar en esos instantes?
¿Cómo escapas del hoyo cenagoso?
¿Cómo te levantas?
Yeshua, Yeshua, Yeshua.
Recientemente hubo un trend en el que todos utilizaban un sonido social en el que jugaban con ese nombre y mi corazón me dolió; yo no podría, al parecer es vida para mí.
Aliento.
Esperanza.
Luz.
Un instante en medio de la confusión fue lo que le tomó levantarme ese día…
No sabía qué hacer, qué pensar, qué sentir ni qué hablar, cómo salvarme, cómo pegarme a Él y sostenerme… y de pronto brotó eso; Su nombre. El Nombre que venció a la muerte y delante del cual toda tiniebla se hizo Luz.
Yeshua, lo dije una vez… y sentí mis ojos despertar después de días.
Yeshua, Yeshua, lo dije dos. Y pude levantar la mirada recordándolo todo.
Yeshua, Yeshua, Yeshua, tres veces… y mi corazón volvió a latir tembloroso.
Toda la tarde estuve oyéndolo hablar, ¿podrías imaginarlo?
Caminamos, nos compró algo y seguimos caminando… luego volvimos a casa.
Se me había olvidado el gozo que es estar en Su presencia; que hay un lugar a donde pertenezco y que es tan real como todo lo que de ahí ha venido hasta este ámbito físico.
Me llamó a cenar porque me estaba tardando en guardar mis cosas,
“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores,” escuché sirviéndome los alimentos, como toda la tarde me estuvo recordando y hablando.
Cenamos.
No importan los golpes, sino Su mano.
No importa qué palabras de las tinieblas quieran regresar oportunistas, o aún si durante un segundo crees que esas son todo lo que hay, y no hay más… importa lo que Él habla… y sus silencios hasta que clamas.
Yeshua, Yeshua, Yeshua… ese es mi clamor; ese que canté en las noches más oscuras, y en el día cuando todo terminó. Ese oía allá donde no duele nada, y a ese continué clamando cuando me regresó.
Yeshua, Yeshua, Yeshua:
Mi línea de vida, y todo mi amor.
Todo está muy difícil… y no la estoy pasando bien, a veces yo también pienso que la plata ya se te pasó en el crisol.
Yeshua, Yeshua, Yeshua;
Hoy respiro por Tu nombre… enséñame a vivir, por favor.
-SFTS


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