Nota: si eres como yo y has conocido o estás en tiempos donde tu corazón duele, te invito a quedarte hoy especialmente. No te puedo ofrecer todo lo que el mundo dice que puede ayudarnos para apagar el dolor, ni siquiera puedo entretenerte, pero sí puedo decirte que un vistazo intencional a lo que quiero decir, de quien quiero hablar, puede cambiarte todo de un segundo a otro… y no hay nada como mirar Su rostro.
Aquí vamos:
Un día la guerra tiene que terminar.
Para eso vino Cristo, ¿sabes?
Para levantar lo caído, restaurar lo roto… dar aliento al que lo perdió. Y todo esto no es cuando dejemos la tierra, contrario a lo que todos piensan. No, esa porción es para hoy, para esta vida aquí.
La realidad es que solamente aquí en la tierra, en esta carrera de la fe, vamos a poder conocer todo ese Bien que el Padre quiere hacernos. Solamente aquí tenemos para conocerlo de esta manera tan vulnerable y especial; volver con Él al cielo al morir es solamente el premio final de una vida entera vivida aquí a su lado llenos de todas esas delicias a Su diestra que el Salmo 16 menciona. Si El Cordero Inmolado extiende su tabernáculo sobre los que están en tribulación, eso es ahora. Y si nos guía a aguas es para este tiempo, aquí lo necesitamos para encontrar toda esa vida. Ese es el punto de toda la historia que vemos en la Biblia:
Él queriendo habitar entre nosotros.
Él, el Dios viviente, queriendo ser nuestro Dios y que seamos su pueblo.
Él, deseando ser estimado por nosotros altamente, con todo el amor que le daríamos a un Padre; el Único Bueno y Perfecto.
¿Quieres saber un secreto?
Cuando mueres, no recuerdas nada de aquí abajo en primer plano. No sé con el paso del tiempo, o si hay tiempo allá, si eso cambia… no sé muchas cosas, pero sí sé que todas esas promesas que desde hace siglos nos han dicho como cristianos que son para el final de los tiempos… muchas que han hasta nombrado “discursos apocalípticos” no han sido entendidas ni enseñadas como debían. Por eso tenemos al Señor por tardanza, tras generaciones y generaciones que lo han esperado y por eso la vida se nos va diluyendo en el mover del mundo.
No viene a reinar, Él ya reina. Y lo hace en esta tierra; por eso se pasea por los diferentes lugares de tanto en tanto y todo tiembla a su paso. Hace hijos y pisa el lagar de la ira en tiempo presente. Y por eso como hijos tenemos cientos de promesas a las que aferrarnos, promesas suyas. Que viene a nuestras vidas, que nos levanta de entre los muertos hoy, que nos saca de tinieblas a luz y de cautiverio a libertad… que puede apagar el dolor. En esta vida. Aquí. No todo tiene que ser llanto para siempre.
No en el lejano futuro, sino hoy. Él habita con nosotros en medio de la tribulación, y si morimos, aún ahí Él está. No morimos para estar con Él. Vivimos para Él Y cuando muramos, a Él volvemos. Y Él está con nosotros si así llamamos, si así lo pedimos, si así le buscamos.
Se queda como el único Buen Padre, si así lo honramos.
Y nos enseña a no temer, a no llamar aterrador o malo a lo mismo que los demás hacen, si solamente a Él santificamos y tememos.
Un día la guerra termina, y ese día es aquí. Estamos llamados a verlo aquí, a habitar con Él aquí; por eso el tabernáculo como en Apocalipsis. No sé mucho del futuro o del pasado pero sí esto, que mientras esperamos el lejano futuro con esperanza podemos recibirlo a Él hoy y conocerlo verdaderamente hoy; cómo habla a diario, cómo abraza y protege, cómo nos ama, no en el gran esquema de todo sino aquí en lo íntimo, corazón a corazón. Su corazón pegado al nuestro tal cual muestra la anatomía de un abrazo.
Su voz es dulce, por ejemplo. Y sus gestos muy llenos de un amor como ninguno que he conocido jamás. Su corrección es perfecta, y los caminos en los que guía a los que lo buscan muy llenos de vida y verdad y luz.
El dolor puede apagarse aquí, y verlo apagarlo aquí es lo que quiere. Que lo veamos hacer maravillas y que lo conozcamos, que seamos testigos de su salvación y su juicio y seamos llenos de su conocimiento.
La escasez de todo tipo puede apagarse aquí, si es en su mano en la que nos dejamos caer. La cosa es que hay demasiado en nosotros que tienen que enderezar sus manos, para que lo veamos. Por ejemplo, algo muy vano sobre mí:
Yo antes anhelaba una cantidad específica de dinero para armar el armario de mis sueños; planeaba, soñaba, hacía listas que iba perfeccionando poco a poco, buscaba, y todo otra vez que giraba en torno a llegar a verme como según yo tenía que hacer para compensar todo lo que no me tocó ser. Nunca lo tuve. Nunca llegué ahí. Llevo años comprando una o dos prendas al año y tal vez cinco en los mejores años, nunca lo suficiente a ojos humanos; y sin embargo hace poco me di cuenta de qué tanto me gusta el armario que tengo ahora, con todo y que nunca recibí el dinero que creía necesitar ni compré jamás todo lo que en mis listas tenía que haber conseguido, ni llegué a encontrar esa independencia económica con la que todo joven sueña. Hubo tanto que Él me tuvo que enseñar primero, como que partía de una plataforma muy rota queriendo compensar lo que no era con cómo tenía que verme, especialmente porque por muchos motivos nunca lograría verme bien a mis ojos. Tenía, tenía, que verme aceptable al menos. Y no conseguí nunca todo lo que había enlistado, pero el que era mi anhelo de cierta manera ahí está; tengo un armario muy bonito. No es exagerado, no son decenas y decenas de prendas, y tampoco es como me imaginaba pero de alguna manera lo siento mejor. Que es mejor que todas las listas que hice en mi vida que jamás llegué a completar. No es porción mía el decir “quiero hacer esto” y poder hacerlo, hablando de dinero, pero todo lo que necesito lo tengo y de maneras muy sobrenaturales y llenas de misericordia. Las matemáticas de Dios en efecto son algo interesante. Y luego, cuando te empieza a transformar pasan cosas como la siguiente: un día de la nada te permite gastar una cantidad unos puntos más alta que esa que tanto pedías para ti, la que necesitabas para tu sueño, pero en otros. Y cuando baja tu sobrino con su carita llena de luz a enseñarte sus pants que hacen juego con los tuyos, y ves que todos se pusieron lo que les escogiste, se puede notar una cosa:
Valió más ver esto que lo que yo tanto deseaba. Sin duda en cuanto a la economía ha habido mucho en mí que ha tenido que ser enderezado y conforme Él lo ha ido haciendo, las dolorosas batallas del existir aquí han ido cesando. Cuando te empiezas a entender en su mano, lo hacen. No es este un camino para que suframos, sino para verlo a Él actuando. Eso es todo.
No lo vemos, no lo entendemos, no lo encontramos, porque no entendemos su voluntad. Estar con nosotros, esa es su voluntad. Que lo miremos, admiremos, consideremos, sigamos y escuchemos. Que lo amemos tanto como Él nos ama. Y amar es todo un tema delicado, tanto que cuando empiezan a ser abiertos tus ojos te puedes dar cuenta de que no fácilmente puedes decirle que lo amas y que eso sea verdad o llamarte suyo y que realmente así sea. Hay capas y capas de mucho interpuesto entre el amor verdadero y eso que le estamos dando. Nos interesa verlo darnos el mundo entero, mas no amarlo. Y Él es tan bueno que nos lo da todo, empezando por el aliento de vida todos los días, y nosotros aún así no lo vemos. Si tan solo somos honestos, y nos acercamos… toda fuente de dolor puede verse extinta poco a poco.
“Quiero aprender a amarte por quien Tú eres, no por lo que puedes hacer.”
Eso lo oré en 2019. Tenía una idea de lo que mis palabras significarían y temí, pero no podía no orar así. No lo pude evitar en cuanto Él despertó esas palabras en mi corazón. No soy noble, no, pero Él sí y siempre he sabido que lo necesito. Pero necesitar no es amar.
Fue ahí donde tomé la desviación que me llevó a aprender eso, la que oportunamente me despertó un día sintiendo que el mundo era nuevo y sin un tipo de dolor que no ha vuelto a regresar en años.
Pasó mucho de lo que esperaba en ese entonces y no mucho bueno a ojos humanos, ya lo he contado. Eso es normal cuando decidimos, que tenemos que soportar las consecuencias de lo decidido aunque no siempre sean buenas a nuestro entender, especialmente si decidimos por algo que a nuestros ojos era lo bueno. Lo correcto. De la misma manera tenemos que soportarlas si decidimos en tiniebla, por cierto. Y esa podrá traer espejismos de bien e ilusiones cautivantes mas no quita nada de ello el aguijón de muerte que nuestra decisión sembró y la muerte siempre se hace evidente. Las leyes espirituales no puede esquivarlas nadie: He aquí que Él viene en las nubes y su galardón con Él, o he aquí Él pisa el lagar de la ira de Dios.
Volviendo al tema, Él quiere morar aquí con nosotros como lo deseó con su pueblo en el Antiguo Testamento y como lo hizo con ellos mismos en el Nuevo Testamento. Y ahí ellos encontraron vida, en el entrar en su voluntad.
Y es su voluntad el conocerte, y pasar una vida contigo; habitar contigo en el desierto y hacer de ese un campo fértil y después un bosque. Darte corrientes de agua en medio del sequedal.
No tienes que quedarte como te encuentras hoy. Para eso es su venida. Para eso vino, y para eso viene todos los días. Eso es a lo que me refiero. Con sus discípulos eso fue lo que hizo y lo mismo con todos los protagonistas de todas las historias en su Palabra. Que eran unos cuando los encuentra, y otros cuando lo dejaron entrar; todos y cada uno de ellos.
Y aquí es donde cabe lo que respondió a esa oración mía un par de años después de haberla hecho:
“Soy lo que hago. Hago lo que hago por quien Soy y no puedes separar una de la otra.”
Sin embargo, me permitió encontrarlo en el desierto y ahí habló a mi corazón, ahí se asentó para probarme y ver qué habría ahí. Así empecé a conocerlo realmente, porque como con cualquier otra persona es solamente si te acercas, donde puedes comprobar cómo es. En medio de todo lo que pasó que yo no quería, Él hizo mucho más sin que yo lo supiera, mucho más. No me dejó con las manos vacías sino con el corazón latiendo de nuevo. Cambiado de piedra a carne.
Hay una vida sin Él, llena de dolor y sueños rotos y pena, vaciedad, vanidad y muchos pesos de muerte y ligaduras que nos quieren llevar allá, pero que si Él entra verdaderamente y no de nombre o porque creamos que lo hará si hicimos cierta oración o crecimos en hogar cristiano o lo que sea, si dejamos de lado el juego, si Él entra, entonces podemos despertar a eso que Él habló y diseñó y ver todo ser restaurado, ¿y qué tal? Llegar a decir como David dijo, que el Bien y la Misericordia nos siguieron todos los días de nuestras vidas. Y que morimos llenos de días, como muchos más.
Sí, hay paz, sí, la guerra acaba… pero primero lo tenemos que dejar entrar a deshacerlo todo porque nadie es apto de verlo en su majestad si no primero nos deshace. Y eso también duele, pero es un dolor tan diferente…
Y tal vez así fue como yo lo dejé entrar realmente y por primera vez, cuando oré aquello que cambió nuestra relación, que me puso al borde del precipicio a ver si Él me atrapaba… porque hasta ese año yo lo había necesitado y Él había sido fiel; quedándose. Se quedó todos los días mientras lo necesité. Pero ahí, con esas palabras que su Espíritu sembró en mí, le entregué mi corazón entero; como a nadie más haré, nunca más. Con todo lo que me quedaba. Podía haber guardado eso poquito para mí, la poca integridad que me quedaba humanamente hablando… seguirlo necesitando… pero preferí brincar.
Y Él me atrapó en el aire.
Ahora puedo amarlo, y amarlo cada día más.
No perdí nada, y nada me fue quitado:
Estimé todo como basura y a cambio me fue dado Cristo. Vino a mí como nadie puede verlo si no decide brincar atrás de Él, aunque cueste perderlo todo.
¿Y lo mejor?
Que llegó y en sus manos miles de regalos de los cuales todavía no logro abrir todos. Poder hablar aquí es uno, por cierto, pero ha habido miles más antes que me pusieron de pie después de no poder hacerlo en toda una vida. Lo que escribió en su libro para mí puedo vivirlo ahora, y es mil veces mejor que todo lo que yo me imaginaba creciendo… y tengo toda una vida para seguir de su mano.
Así, la guerra ha terminado… la que en verdad mata; porque Él vive y yo vivo en Él. Y con Él y para Él.
Y si todo es difícil como en las semanas anteriores, aún así me sé viva, amada, guardada y segura. Porque el dolor sí acaba, si no lo hiciera no me estarías leyendo ahora. No habría llegado a escribirte esto.
La vida no es como creemos ni como nos dicen que entendamos, solamente el Dador de Vida sabe cómo es. El que estuvo muerto y ahora vive. Y solamente Él puede arreglarlo todo; Él es el amor que puede arreglarlo todo.
Rendí todo mi reino por esto y ahora empiezo a ver su mano cada vez más, puedo verlo en el pasado como eterna promesa cumplida y en el presente, como eterna esperanza para seguir respirando… y sé que mi futuro Él lo tiene en sus manos. Y Él solamente da lo mejor a sus hijos, mi Padre Eterno.
Sí, rendí todo por esto.
Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.
Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
Y es hermosa la heredad que me ha tocado.
Bendeciré a Jehová que me aconseja;
Aun en las noches me enseña mi conciencia.
A Jehová he puesto siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;
Mi carne también reposará confiadamente;
Porque no dejarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que tu santo vea corrupción.
Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre.
Salmo 16:5-11
-SFTS
PD:
Y sobre entender mi propio corazón, cosa que no podía hacer hace unos días… algo sospecho ahora:
No hay para mí bien fuera de Él. Podría tener todo lo que tanto deseé toda mi vida, pero sin Él no me valdría ni para poder seguir respirando, lo que significa que no quiero nada sin Cristo. Pero esta semana entendí que estando a su lado puedo pedir, buscar y llamar y Él siempre va a darme, dejarme encontrarlo y responder porque es bueno. ¿Y lo mejor? Que todo cambia conforme vas sanando, los anhelos y deseos, las percepciones y los pensamientos y eso hace una diferencia grandísima en medio de todo el ruido de la existencia. Por todo el peso, ahora puedo tener fe y esperar en Él y continuar esforzándome con el aliento que me da. Y he ahí la paz.
Yo giro a Él y dejo mi carga y Él me da su paz como respuesta mientras caminamos juntos por esta tierra.
No estoy sola, y estoy segura en Él… lo tengo todo.


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