Sheltered from the storm

“Desde el extremo de la tierra clamaré a ti; cuando mi corazón desmayare. Lévame a la roca que es más alta que yo, porque tú has sido mi refugio y torre fuerte delante del enemigo." — Salmo 61:2-3

Sitio oficial de M. Y. Valencia Parroquín


Echar las redes…

“Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.

Lucas 5:4-5

Hay algo que tengo que hacer.

Hoy me quedé dormida un rato más de lo normal, había despertado antes y sin llorar pero frustrada volví a cerrar los ojos. ¿Frustrada por qué? Esta semana se cumple un ultimátum que llevo meses esperando, y siendo que desde hace meses sospecho el desenlace de todo… de pronto no quería ser yo la que indagara al respecto para oír lo que sigue. Como cuando sabes que te tendrán que picar con la aguja pero de pronto no quieres ser tú el que la entierre.

Eso, ha ocasionado que avance con lentitud hacia eso que tengo que hacer, como si no quisiera hacerlo. Y entonces, despierta ahora, me quedé pensando un momento al respecto. ¿Por qué no quiero hacerlo?

“Pues es que ya lo hice y vi los terribles resultados de eso también en el pasado,” no tardó nada en responder mi mente.

Con respecto al tema llevo ya dos semanas debatiendo mis dudas, y ese mismo tiempo recibiendo los hechos de las dos veces cuando los discípulos de Jesucristo pasaron la noche entera buscando qué pescar solamente para no encontrar nada. En la primera llega el Señor a la mañana y les da la indicación de bogar mar adentro y echar las redes. Supongo que lo miran atónitos porque le responden que llevan toda la noche intentando pescar y nada sale. Tal vez hasta sentían lo que yo arriba. Pero ellos obedecieron después y yo llevo un rato llegando a la conclusión de que lo que tengo es… miedo. Miedo a ver lo mismo de toda la que ha sido mi noche.

Miedo.

Como siempre.

Y después, la epifanía.

“Tú eres mi premio, hacer las cosas contigo… estar contigo.”

¿Han amado tanto a alguien que le dirían eso creyéndolo de corazón? Parece que yo ahora lo hago, pero he llegado a un punto del que no he pasado jamás… a partir de este espera lo altamente desconocido y sí, tal vez me da miedo brincar por todo lo visto en el pasado. Porque si le pregunto a la experiencia… no habría mucho de dónde sostenerme. ¡Qué bueno que no es a la experiencia a quien amo!

La cuestión es que algo gravita a mi alrededor de unos días para acá y no sé cómo tomarlo:

Que tal vez… por una sola vez… si he estado en la noche Él no me engañaría al llamarme hacia donde ya el alba alumbra. ¿Será difícil? Seguro, y no debo olvidarlo, pero de lo conocido que lamento a lo desconocido que temo no sé realmente nada a ciencia cierta… pero sí de Él, y mucho. Los suficiente para querer toda una vida a Su lado. De eso poco me alcanza para mil sueños, y de ahí la fe, ¿no? es el Él en quien espero, es a Él a quien espero. Y Él es bueno.

Entonces… ¿si es Él en la barca llamándome a bogar mar adentro y volverlo a intentar? Tal vez la única diferencia es esa, entre el amanecer y la madrugada. No que está, sino que está indicando, señoreando, llamando… porque aún hoy todo esto es suyo y no mío. Y yo, suya también.

No puedo dar los pasos mirando el mar, esperando los peces, lamentando mis redes; pero puedo darlos mirándolo a Él.

Si pasé lo que lamento mirándolo a Él, tal vez puedo recibir lo que percibo, eso tan nuevo, mirándolo a Él también y seguirlo ahí.

Si viví el pasado mirándolo a Él, tal vez puedo olvidarlo a Sus pies, y caminar sin mover mis ojos de los suyos, hacer lo que busca por Su palabra.

Y he aquí el e-mail que me fue enviado esta mañana con un solo versículo, uno que ha mandado a mi casa de tanto en tanto durante el paso de los años:

“No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.

Isaías 43:18-19

Y entonces no temo, tal vez lo único que pido… “Solamente quiero un poco de pescado como tus discípulos. Y si puedo comerlo contigo…”

Y hago lo que tengo que hacer.

Lo hago porque Él da vida a los huesos secos, después de todo, y lo que venga sé que no saldrá de Su mano… nada lo hace aún si yo pienso que tarda.

Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.”

Juan 21:1-14

-SFTS


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