Nota: Esta entrada toca temas delicados, favor de no leer si no se leerá completa.
“No moriré, sino que viviré,
Y contaré las obras de JAH.”
Salmos 118:17
No es sencillo recordar la oscuridad que conformaba mis preguntas y anhelos cada noche mientras crecía. El año 2017 fue un año de mucho llanto y no fue hasta el mes de diciembre cuando empecé a notar que algo dentro dolía horrores, sí, todavía, pero de pronto no me sentía muriendo tan desgarradoramente como meses atrás… había olvidado mi oración de enero pero ahí me fue recordada y supe que había sido escuchada aunque no estaba ni cerca de recibir la respuesta completa. Perder la vida no es algo que deberíamos desear, y me hace polvo el pensar en toda la gente alrededor del mundo que, como yo, lo desea incesante y fervientemente.
Cómo desearía decirles esto:
Es un error y hoy lo sé.
Esa, es la oscuridad hablando.
Esa, es la oscuridad dictando su deseo por si acaso la oímos y lo apagamos todo. No tenemos que escucharla, ni darle lo que desea.
Las tinieblas no pierden nada si lo hacemos, pero nosotros lo perdemos todo… no los demás, no, tú, y yo.
Tú y yo.
Los días vienen pesados todavía, a veces más seguido de lo que desearía, pero aún ahí… y entonces entra en la escena la memoria de mi tierra de los sueños.
Como lo confesé arriba, para aquellos años, yo tenía tiempo no deseando vivir. Deseando, mas bien, todo lo contrario.
Amaba a Dios en mi poco entender, hoy lo sé, porque lo único que me detenía era que si levantaba la mano en contra de mí misma, no solamente me perdía yo… que era mi deseo, sino que lo perdía a Él. Y por alguna razón esa idea me aterraba. Me rompía más que todas mis palabras habladas juntas en un instante.
Bien lo hacía, hoy sé que Él es mi corazón entero; no podría dejarlo ir.
Pero de cualquier manera jugueteaba con la idea de no estar. La idea de estar, no tenerme que ir de aquí así y perderlo a Él, pero sin estar. No es sorpresa que he pasado mi vida entera viviendo en una realidad alterna, desconectándome de la tierra cada que puedo… a veces aún cuando no lo deseaba, y perdiéndome aún de lo que hoy sé que no deseaba perderme.
Estar o no estar, esa es la pregunta. ¿No?
Algo dentro de mí gritaba que esperara un poco más, aún si ese poco era mucho… que esperara un poco más.
No quería escucharla, la voz, pero fue en ese tiempo cuando los sueños iniciaron.
Qué sueños.
Todavía ruego que regresen de tanto en tanto… pero no tienen que hacerlo más, no así, porque de cierta manera esos fueron trasladados a la realidad y hoy lo veo.
De algunos despertaba desesperada y adolorida; desesperada porque me intrigaba lo que veía y cómo deseaba que mi vida fuese tan interesante como ahí, adolorida porque aún ahí había cierto tipo de dificultad que sumada a la mía… supongo que cada noche a veces era como una golpiza. De otros, despertaba enamorada… De los últimos, esperanzada, de alguna manera.
Poco a poco los sueños fueron evolucionando y yo me quedaba a verlos porque me llamaban. Qué aventuras. Qué sentimientos. Qué colores… qué lugares.
Hoy pienso que así empezó por responder mi Creador a todas mis súplicas. Calmando a la niña con historias y sueños. Cuánto amor:
Yo no deseaba estar, pero no podía perderlo a Él, y entonces Él extendió su mano y en ella, algo por lo que me pudiera quedar. Algo suyo que serviría aún si yo no entendía, o veía, mucho más.
Viví años así, unos años más. Pero en el proceso, esos sueños fueron siendo sembrados dentro de mí, uno a uno, y yo los veía en tanto que el Dador de vida iniciaba su obra prometida, la de no dejarme morir sino devolverme el aliento para poder vivir. Yo no me imaginaba que terminado su procedimiento me sería inevitable vivir por Él, ahora, pero en efecto, Su obra me dio esa razón para vivir que tanto buscaba, así como la esperanza de un Hogar. Él. Mi Hogar Eterno, aquí en la tierra y más allá de los sueños. Y hasta mi último aliento, cuando Él y solamente Él, me llame a casa al final de mis días.
Poco a poco, empezó a venir a mí, y yo no lo sabía.
Hoy lo veo.
Hoy lo veo, y cómo deseo que tú que lees esto, si no lo has hecho, también puedas hacerlo:
Hay esperanza.
Hay luz.
Ha tomado años, pero si crees, tus ojos un día verán, no tienes que morir, hay alguien que pagó un precio altísimo porque te ama, y sí, si lo miras, Él puede cambiarlo todo.
Y cómo vale la pena mirarlo.
-SFTS
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